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"Los autonautas de la cosmoisla" (operación salida, II)

Viernes, 21 de Marzo de 2008
Tiempo de lectura:
"Donde los dos jóvenes isleños en su diario de ruta como autonautas, al igual que Julio Cortázar y Carol Dunlop en su odisea París-Marsella, se preguntan con preocupación sobre la historia y la naturaleza en peligro de extinción de la cosmoisla de Tenerife". (II) Volvemos al camino, se apaga el intermitente, cambio de marcha y ya nos sumamos de nuevo a la corriente automovilística. El juego estaba dando sus frutos prematuros, como en la literatura que se hace vida gracias al don de cada uno y la vida que se hace literatura gracias a la complicidad de los demás. ¡Sí, en efecto¡ están siguiendo la sombra del viejo peugeot, una operación aritmética sumaría unos cuantos miles de vehículos más, jadeando su ronroneo detrás nuestra, desesperados por alcanzar rápidamente las playas prometidas por la maratón vacacional. Con la velocidad del progreso olvidamos fácilmente el pasado, y así es como la mayoría de los viajeros desconocen sus lugares de paso, la historia en minúsculas de cada universo local queda reducida a planos de ingeniería, al final la carretera se acaba convirtiendo en el propio destino de sus propósitos existenciales, ¿adónde carajo van los demás coches del carril contrario?, y únicamente los cronopios, esos zurdos que no llevan relojes atados a sus muñecas, han demostrado la gran virtud de preguntarse una vez al día por la morada de las nubes. Bajamos el volumen de la radio para intercambiar unos buches de agua que alivien el sofoco, las torres de alta tensión diseminadas en línea recta por UNELCO nos advierten del grave peligro cancerígeno que acecha alrededor, aquí las perspectivas estéticas para el provecho turístico parecen haberse ingeniado en algún laboratorio de expertos en dibujos japoneses tipo mazinger zeta que tanto gustaban a los chiquillos. De repente, como una visión fantasmagórica, vemos a toda velocidad unos cráteres de cobertura inmensa provocados por la extracción de áridos en Güimar, el impacto es bestial y el malpaís parece que se hundirá entre arenas movedizas de oscuro porvenir. En el margen derecho, unos carteles rotulados que nada recuerdan a los manuales de las autoescuelas nos indican la supuesta ubicación de una planta de residuos sólidos, nadie sabe realmente a donde va toda la mierda desechada de sus casas (suban las ventanillas, ¡por favor!), pero los efectos de la erosión que amenaza toda la costa de Arico son un vivo ejemplo del síndrome de avestruz que padecen los políticos de la isla. El tiempo transcurre a cien kilómetros por hora, ya sobrepasamos el tabaibal del Poris, a la izquierda vemos los poquitos auchones de pescadores que resisten contra las tecnomarejadas, atrás quedó la veraniega zona de Abades aún medio alambicada por los militares, y a lo lejos siempre el Teide, siempre el volcán dormido coronando una masa amorfa de pinares desalmados por la amenaza de incendios, allí arriba como una fotografía ideal para coleccionistas de souvenirs y un recuerdo ancestral para los isleños que no olvidan su pertenencia al atlántico. Echamos mano a la neverita refrescante, nada mejor que el tomate para reseñar fugazmente los antiguos monocultivos sureños, tenemos un STOP recurrente en el cruce de Granadilla,¡rum-rum-rum! nadie quiere perderse las olas venideras, al detenernos en fila india vuelven otra vez las prisas angustiosas, todo parece una repetición permanente a las colas del hipermercado. La Montaña roja nos sugiere el mejor destino a nuestra operación salida, para qué seguir buscando una meta de similar belleza pictórica, desechamos con un corte de mangas la recomendación del Consejero de Medio Ambiente para sustituir las acampadas por los hoteles del sur, esto nos huele a complot masónico con los turoperadores extranjeros. Al fin divisamos en el horizonte los extraños seres multicolores que juguetean con las ráfagas de salitre y las velas windsurfistas que desafían a las leyes de la gravedad. ¿Seguimos con su espíritu aventurero hasta el final nuestra trepidante expedición?. (continuará...)
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