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A los poetas celestes (Contra el chauvinismo y la posmodernidad)

Lunes, 03 de Marzo de 2008
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"¿Qué hicisteis vosotros/ gidistas intelectualistas/ rilkistas misterizantes/ falsos brujos existenciales/ amapolas surrealistas encendidas en una tumba/ europeizados cadáveres de la moda/ pálidas lombrices del queso capitalista/ qué hicisteis ante el reinado de la angustia/ frente a este oscuro ser humano/ a esta pateada compostura/ a esta cabeza  sumergida en el estiércol/ a esta esencia de ásperas vidas pisoteadas?" "Los poetas celestes" Pablo Neruda No recuerdo bien la fecha exacta en que los telediarios nombraron el pueblecito de Temuco, en el Chile profundo, para ofrecer una de tantas noticias sobre algún volcán en activo y las consecuencias desastrosas de las emisiones telúricas sobre la población. Fue hace poquísimo, y de inmediato pensé en Pablo Neruda, poeta chileno universal, artífice de ese volumen poético insuperable que fue su "Canto General" a la América con mayúsculas, y que según nos cuenta la leyenda siempre llevaba el Ché en su petate para ocupar sus horas de insomnio guerrillero. También me acordé de Maribel Lacave, mientras subía el volumen   de la televisión, agudizando la vista para quedarme con algunos retazos del paisanaje que habita el territorio mapuche, y pensaba en las vivencias que experimentaría nuestra poetisa canaria, que instaló su residencia en Chile, y a la cual me gustaría conocer algún día, para escuchar de su propia voz los poemas que dedica a la mujer internacional y preguntarla con curiosidad juvenil qué opina sobre la relación cultural entre Canarias y Chile- que ella bien conoce-, dejando sentado literalmente, para acallar las posibles malas lenguas, ese presupuesto universal de que "ninguna cultura es mejor que otra", máxima compartida por todos los amantes del otro Neruda cónsul que extirpó para siempre todo tipo de chauvinismos en el amor a la patria. Estas remembranzas salen al paso de la cita que incluyo más arriba, esa interrogante profunda que hace a los demás poetas de su tiempo el gran autor de los "20 poemas de amor y una canción desesperada" - permítanme decir que uno de los muchos libros que no han necesitado marketing millonario para embaucar a los jóvenes, y lo digo por eso de que nunca he sido partícipe de decir lo que se tiene que leer en Canarias, eso ya es cosa del proselitismo mercantil y los gurús de la literatura, con los que nunca he compartido tan siquiera un barraquito-, siendo el extracto poético sugerido un ejemplar ajuste de cuentas entre el compromiso social que exige la vehemencia de altos vuelos de Pablo Neruda y el escapismo acomodaticio de muchos otros autores (Gide, Rilke y un largo etcétera), que han obrado de espaldas a la realidad del mundo con la única veneración a sus altares en el Parnaso. Tal vez, esta dicotomía literaria con trasfondos políticos, casi parecida en su trascendencia histórica a la querella clásica entre" anciens et modernes", sea para muchos una cuestión superada tras la caída del Muro de Berlín, una fecha escatológica elegida para el advenimiento del actual régimen light de la posmodernidad, que rinde culto al capitalismo como el "mejor de los mundos posibles" y expulsa las ideologías a la papelera de reciclaje del metódico individualismo occidental, siendo las posturas contestatarias tachadas de apocalípticas por los integrados de turno, según los acertados rótulos del semiótico italiano Umberto Eco. Ante el panorama que tenemos frente a nosotros, como debió ocurrir en Temuco por las amenazas de un volcán, no podemos esconder el bulto por más tiempo ante los problemas del presente, relegando la literatura a los derechos del consumo privado, rebajando la política con aspavientos de asco a la propaganda de partidos, no podemos tachar peyorativamente de discurso a las argumentaciones críticas que rebusquen contradicciones en el sistema- donde hay cosas buenas también, pero en la forma de ínfimos oasis particulares-, y sobre todo, no podemos olvidar a los poetas rojos que sufrieron las embestidas del poder, a los Miguel Hernández y a los Domingo López Torres, ya que tras su silencio gravitan los ideales de justicia y libertad, por muchas veces que los quieran sepultar aquellos "gobiernos de difuntos y flores" que dijera el Ojalá de Silvio Rodríguez. Y con todo lo dicho, espero que no se mal interpreten con malas mañas hermenéuticas las bajas consideraciones dadas a los poetas celestes, como por ejemplo la suposición banal de que entonces estarían mal los versos que hablen de cosas cotidianas o de razones trascendentes, de sentimientos y de ilusiones, cuando bien al contrario todos vimos en "El cartero y Pablo Neruda", la obra de Antonio Skármeta llevada al cine, la forma sublime en que la política y la estética pueden ir juntas, sin caer en la demagogia arbitraria de un panfleto, sin caer en el preciosismo gratuito de un soneto y sin estrechar a la poesía dibujada con los colores del país amado en los márgenes ridículos y artificiales de las fronteras geográficas. S.D. Aguere, 1 de Marzo de 2008 · Miembro del Colectivo Artes y Letras, locutor del programa radiofónico"A la sombra del almendro". Autor de los libros " De Guajara a Tafira, travesías del movimiento estudiantil canario", "Ultima postal desde Canarias" y "Poema global de la ciudad turística"- primera parte de la trilogía "Canarias al Sur"-, y responsable de diversas iniciativas editoriales para la promoción de autores canarios.
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