En estos tiempos que corren, donde la educación de nuestros jóvenes está en boca de todos, creo que hay verdaderos ejemplos pedagógicos que merecen la pena ser comentados. Sobre todo por el cariño y la ilusión con que han salido adelante y por los frutos obtenidos durante el camino.
Estamos inmersos en plena campaña electoral y los partidos políticos, además de hablar de terrorismo, crisis financieras y del desmembramiento del país, tienen hueco para hablar de educación. Si de educación, esa perra maltratada por todos, legislatura tras legislatura, sea el gobierno del símbolo que sea.
Después de tantos cambios de planes de estudio, uno no sabe ya muy bien cómo funcionan estas cosas: si puedes pasar de curso con asignaturas suspendidas, si se sigue estudiando latín o Griego, si la asignatura de historia todavía es un compendio de circunstancias políticas que les interesa mostrar al gobierno de turno.
Y por supuesto, nos encontramos con que cada comunidad autónoma tiene sus propias competencias y esto se convierte en un Reino de Taifas en el que cada uno agarra lo que puede: Al final resulta que la Historia de España, que supongo es lo que deberían estudiar los jóvenes en esa materia, es tan diferente de una comunidad a otra como el álgebra de las declinaciones.
Desde hace unos años vivo en el sur de la Isla y curso tras curso he oído hablar de la labor del colegio Alcalde Marcial Franco con el deporte en general y con el balonmano en particular. Un colegio implicado con el deporte escolar en todas sus categorías, con una estructura envidiable y un profesorado ilusionado con lo que hace.
El deporte, como ustedes saben, es una llave maestra en la educación. Ya o solo como una asignatura curricular más, sino como un hábito saludable de vida del que podemos aprender y nutrirnos en un futuro. Contamos entre los valores que propugna con la solidaridad, la cooperación, el esfuerzo, el trabajo en equipo o la disciplina, entre otros. Pero por si les parece poco apuntaré que además la actividad física es una de las armas más poderosas para luchar contra todo tipo de enfermedades modernas que nos asedian: estrés y obesidad, incluidas. Que por cierto son las que más preocupan en estos momentos a médicos y psicólogos infantiles. Es por ello que cualquier forma de gestión, y más la educativa, que incluya un buen trato a la actividad física cuenta con todo mi respaldo y mi respeto.
Apostar por una educación plena colocando a la educación física como una pieza central es un reto valiente en estos tiempos, pero no me cabe duda que los resultados son excelentes. El modelo tradicional británico y el modelo estadounidense de institutos y universidades dan un papel muy relevante al deporte en su formación. En ese sentido, por lo menos, son ejemplos a seguir.
Por ello quería dedicar estas líneas al colegio en cuestión y a su escuela de balonmano anexa, famosa incluso fuera de nuestra isla. Esta escuela cuenta con monitores que son ex alumnos y profesores del colegio, tomando el director del mismo un papel transcendental como entrenador del primer equipo y motivador del proyecto.
Es todo un placer ver a sus guaguas organizadas al llegar a una competición o las actividades extraescolares que organizan, en las que se cuenta con padres y tutores. Han logrado convertir al balonmano en una pieza por la que los alumnos se sienten identificados con el colegio, con la enseñanza. Como en otros lugares de nuestro país (Colegio Ramiro de Maeztu y baloncesto, por ejemplo), también han conseguido. Supongo que es por ello, por lo que el cabildo ha apostado por invertir en sus infraestructuras deportivas y darles el apoyo del que muchos adolecen.
Da gusto saber que hay colegios públicos, en los que se trabaja con tanta ilusión por la educación de los jóvenes. Y a mí particularmente se me forma una sonrisa en la boca al saber que cada vez que hablamos del colegio Alcalde Marcial Franco, lo relacionamos irremediablemente con el Balonmano.








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