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FIDEL ARAÑA

Las mentiras que matan la libertad

FIDEL ARAÑA Viernes, 17 de Abril de 2020 Tiempo de lectura:

En ese tablero de juego, ¿qué diferencias hay entre las mentiras de Vox y las mentiras del Psoe?, ¿entre las troladas de Abascal y las montadas de Pedro Sánchez?

La que sólo iba a ser una simple gripe y no una pandemia viral asesina está desangrando por todas sus costuras la credibilidad de España. El Gobierno bicéfalo sociocomunista está tramando y ha hecho público que quiere revisar los Pactos de la Moncloa de 1977 con los que se bautizó la Transición. No están conformes con aquella nación bonita pero marchita que, necesitada de modernización y prosperidad económica, decidió con humildad y buen tino engancharse al último tren de Europa cerrando los ojos de su pasado para abrirlos al futuro.

 

Aquella España diversa con los pies en el pasado y mucha ilusión en su futuro se autoexigió finalmente convertirse en un Estado social y democrático de Derecho, defensor de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, para no perder definitivamente la posibilidad de ser una estrella más en el azul radiante de las posguerras. Pero aquella España que se unió para superar para siempre su tendencia al infantilismo político; que se conjuró contra la ira, el rencor y la envidia que la habían conducido a una cruenta guerra civil, ha vuelto ahora a desmelenarse con una diarrea mental desvergonzada, a perder el rumbo como una parrandera chunga y barriobajera, a cuenta de la gestión del coronavirus. En la calle y en el hemiciclo del palacio de los leones, el Gobierno y la oposición se mortifican casi a diario enrocados en un tablero de juego donde las verdades y las mentiras se fabrican y se mueven malintencionadas.

 

En ese fango florece una pandemia de bulos, fake-news, entrevistas edulcoradas, shows televisivos, encuestas vomitivas, telepronters desinformantes, ruedas de prensa inverosímiles, telediarios de abono y otras tropelías que están ensanchando el caudal del lodazal de mierda en el que se está pringando hasta la canallesca a la que pertenezco.

 

Se ven las señales del humo y el tufo comienza a ser insoportable. No debiéramos hacer oídos sordos a las voces alarmadas y bienintencionadas que están alertando del peligro real que están corriendo la prensa y la libertad de opinión y de expresión, que son pilares de sustento para el templo de la libertad donde reza la democracia cada vez más variopinta y arcoíris de nuestro Estado de Derecho.

 

El peligro de la desinformación canalla y divisionista que pudiera llevar a un estado distinto, con otras obligaciones y menos libertades y derechos está engordando y es real. No es ninguna invención. No es, repito, ninguna elucubración mentalmente destartalada. Desde el rearme político del Psoe tras la irrupción de Podemos y de Vox, la España de la continua transición hacia todos lados sin avanzar hacia ninguna parte está viviendo cada día más embobada, ensimismada en el ruido atronador que le brinda el espectáculo mercante del neo guerracivilismo nacional que se está pertrechando y atrincherando como si fuera hiedra en el horizonte ideológico de la masa social.

 

Atacados por el troleo

 

Durante este confinavirus, vocablo para los nuevos tiempos y el nuevo orden mundial, los enfrentamientos expresos y virtuales diarios entre Vox y el PSOE son de tinta de calamar. Por encarnizados. El Psoe de Pedro Sánchez y su endeble Gobierno, atacados directamente a la yugular por Vox, que pide directamente su dimisión, y temerosos del agónico desangre crediticio que le está provocando las afiladas dentelladas del Covid-19, ha llamado al timbre casero de la Fiscalía para denunciar a las huestes de Abascal por un supuesto delito de incitación al odio. ¿Racialmente demencial, verdad?. Y con la mosca detrás de la oreja, los del partido de color verde advierten que detrás de ese movimiento nada jocoso y de distracción del partido rojo se esconde una verdadera intención pararrayos de ilegalizar judicialmente a la fuerza motriz de Abascal.

 

En ese tablero de juego, ¿qué diferencias hay entre las mentiras de Vox y las mentiras del Psoe?, ¿entre las troladas de Abascal y las montadas de Pedro Sánchez?.

 

Si usted personalmente se cuestiona sobre el asunto y no quiere, no sabe o no puede responder con riguroso criterio a esa pregunta, no se preocupe en absoluto. O sí. Todo depende del color con que lo mire, del estómago que tenga, de las ganas que ponga, de lo que se quiera usted a sí mismo y del respeto que el asunto le merezca. Pese a ser ésta una cosa de gran importancia, de enorme trascendencia, no es en ningún caso la cuestión más importante en el tiempo del confinavirus y, además, en mi opinión existe muy poca diferencia. Bueno, perdón. Sí existe un matiz puntual que hace a esas mentiras totalmente distintas. Aunque ambos tienen la muy noble y difícil tarea de dignificar la representatividad colectiva, el Vox de Abascal está en la oposición y el Psoe de Pedro Sánchez dirige el Gobierno con él en la Presidencia.

 

Sus lenguajes, gestos, acciones y decisiones dependen de la ambición personal de cada cual y, en modo especial, también del personal de negro que abrillanta, pule y da esplendor a sus discursos de cargo electo. En su dialéctica confrontación, ¿se miente mejor, con más sabiduría, con más arte y salero, desde la portavocía de la oposición o por el contrario se miente mucho mejor, mucho más alto y con mayor nitidez desde los altavoces del gobierno?. No tengamos prisa para contestar. No es necesario que respondamos con rapidez. Tomémonos nuestro tiempo. Si nos sirve de ayuda pensar en una confrontación gay versus gallarda sobre quién se pone más guapo gritando boberías o mintiendo, si Abacal o Sánchez, usémoslo. Si nos despista el trajeado de Armani con que se visten, desnudémoslos por entero, de arriba abajo, y mirémoslos por dentro y por fuera completamente desnudos, sin zapatos ni corbatas, incluso sin ideas. Quizá pueda ayudarnos en este entresijo de entretiempo escuchar la oratoria de los dos individuos como si fueran dos brutos cavernícolas necesitados exclusivamente de argumentos simples para la supervivencia, sin ningún encuadre mental moderno, desprovistos de la visualización musical y de los pictogramas auditivos que los maquilla y decora para entronizarse con descaro ocultando sus víricas imperfecciones.

 

¿Preferimos que nos mientan desde abajo, desde la oposición, o que la mentira nos la arreen desde arriba, desde el gobierno?. ¿Qué mentira sería más gorda, la que cobra más o la que cobra menos; la que corre más o la que corre menos; la que tiene mayor responsabilidad social o la que tiene menos; la que alcanza a más gente o la que alcanza a menos?... Qué dilema, de verdad.

 

Desconfianza que aturulla

 

Me aturulla discernir qué mentiras tienen mayor credibilidad, si las de la oposición o las del Gobierno. ¿Son acaso tan distintas las dos mentiras?, ¿qué mentiras mienten más y cuáles menos?, ¿qué mentiras nos matan más: las que son de verdad, o las que parecen verdad?, En este tiempo de coronavirus cada vez son más frecuentes los pufos en detrimento de la verdad, como los árboles que impiden ver el bosque. Por eso será bueno que empecemos a calibrar preguntas y respuestas. Y si desconfiamos al respecto, miremos la ascendencia, las hemerotecas y las trayectorias curriculares maestras nada ejemplares que nos vienen regalando desde siempre, desde el minuto cero, Abascal y Pedro Sánchez sobre el uso partidista y personal de la mentira y la falsedad trampantojo como arma política en permanente campaña electoral.

 

No será difícil convenir con acuerdo sobre el hecho contrastado de que las mentiras y las verdades no dependen de quienes las paren y las sueltan, ni dependen de quienes las digan, ni de la intencionalidad con que se dicen, ni del color que representen, ni del sesgo ideológico que tengan, ni del margen conceptual que necesiten para ser tales, ni de su grandilocuencia o su elocuencia, ni del volumen tonal con que se expresen, ni del canal o medio por el que son expresadas… Son lo que son porque sencillamente dependen de su exclusivo argumentario y de su capacidad para ser contrastadas.

 

En mi todavía libre potestad de elegir, declaro que prefiero aliarme con las verdades aunque sean dolientes. Detesto y aborrezco las mentiras porque antes o después, temprano o tarde, siempre acaban siendo lo que son: un puñal traicionero que hiere con su frío filo de muerte las creencias que sustentan la vida. Y puesto en la tesitura de tragar sapos, prefiero una y mil veces las mentiras de la oposición. Son mentiras que siempre pueden ser combatidas en modo preventivo y de anticipación. Basta con no otorgarles la benevolencia que precisan para transformarse en torres de escalada y asalto hasta el poder decisorio que tiene el dicto y mando del gobierno. Las prefiero a los bulos gobernantes porque las falsedades gobernantes son más jodidas, son mucho más dañinas. Su opaca capacidad para modelar el comportamiento social del paisaje civil por obligación legal diferida las hace muchísimo más peligrosas. Son un arma de control masivo que puede descontrolarse y ser letal.

 

Por eso los periodistas tenemos la obligación de mantener la vela encendida, el reto de contar verdades con los cristales limpios, que puedan ser contrastadas aunque generen hogueras que defrauden las perspectivas de rentabilidad que manejan las sombras del poder y las materias grises del gobierno. Supone un esfuerzo agotador, pero no hay mayor honorabilidad en esta pandemia. Sirvan de ejemplo las incuestionables certezas que nos dejan por una lado la resolución tardía, desconcertada, errática y preñada de mentiras que hasta ahora ha tenido la crisis letal del coronavirus y, por otro, la inexistencia de honradez en la propuesta de conformación de una mesa de diálogo que el gobierno bicéfalo de Sánchez le ofrece mascada a la oposición sin antes realizar la necesaria, sincera y humilde constricción que los top de los vips de la bancada del palacio de los leones le vienen pidiendo como gesto de cortecía desde hace semanas en memoria y nombre de tantos muertos y familias enfadadas.

 

Sinceramente se echa en falta la petición de perdón por parte de aquellos que faltan a la verdad, por parte de quienes nos mienten. Entre ellos incluyo por su defecto a la canallesca a la que pertenezco, domesticada y pesebrera pese a ser portadora del sagrado deber de informar con la precisión que precisan los vivos para poder defenderse e intenta seguir con vida. Incluyo a los hombres y las mujeres que manejan los misterios, los hilos y las ruecas de los ministerios; y por supuesto a aquellos personajes adoctrinados como Fernando Simón y J.F. Tezanos, que han hecho un uso indebidamente mentiroso y mezquino del conocimiento analítico y del estudio sociológico que, por amor al prójimo, debió ponerse exclusivamente al servicio de España, al servicio científico inclusivo del buen gobierno y no sólo al aprovechamiento del que consideran su Gobierno.

 

Por eso digo que el tufo de la discordia, repito, barriobajera, barata, partidista e intencionada, está llegando a cotas inimaginables desde los famosos Pactos de la Moncloa, cuya reedición mejorada (¿revisión?) se está vendiendo como prescripción médica para la desescalada del confinamiento, como una especie de rellano cómico en la escalera vecinal del edificio del TBO.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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