A veces hay que desplazarse a las oficinas municipales para darse cuanta de la situación que soportan a diario los empleados públicos de la institución. Cuando los trámites se eternizan, los funcionarios no se entienden entre sí y sobre todo, el caos lo engorda quien debe controlarlo, mal rollo. Mientras algunos ven la solución en un cambio radical, otros se reubican, se dan de baja o se marchan de vacaciones.






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