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CRISTOBAL D. PEÑATE

España es mía

CRISTOBAL D. PEÑATE Ver comentarios 2 Miércoles, 17 de Octubre de 2018 Tiempo de lectura:

La derecha española es excluyente, como esos nuevos ricos que cambian de coche y casa y tratan al servicio doméstico con modales clasistas.

Pablo Casado viaja hoy a Bruselas para criticar los presupuestos del Gobierno de España que ha pactado Sánchez con Iglesias. Algo muy propio de los patriotas de hojalata. Es lógico que el presidente del PP (también el de Ciudadanos) critique los presupuestos desde la oposición. Es lo que se supone que debe hacer. Lo que ya no es muy normal es que se vaya fuera a proclamar a los cuatro vientos lo malas que son las cuentas generales de su país. Una pésima propaganda ya no para el Gobierno de España sino para España misma.

 

La derecha tiene un concepto patrimonialista de España. Casado y Rivera se llenan la boca con palabras altisonantes y solemnes, acompañadas siempre de la bandera rojigualda, ondeándola y blandiéndola como si fuera ella sola un argumento por sí misma. Ayer los mismos españolitos rojigualdos que se cabrean con los independentistas catalanes cuando pitan el himno español hicieron lo propio con el cántico inglés en el partido de fútbol entre España e Inglaterra en Sevilla. Siempre miden con distinto rasero.

 

La derecha española es excluyente, como esos nuevos ricos que cambian de coche y casa y tratan al servicio doméstico con modales clasistas. Hablan de España como si España acabara en los límites de los jardines de sus chalés. Para PP y Cs, España es solo ellos. Los que piensan distinto no merecen denominarse españoles.

 

Un ejemplo claro lo hemos visto recientemente el pasado 12 de octubre, cuando los ultras de siempre abuchearon al presidente Sánchez, al que llamaron okupa e invitaron a que se fuera de La Moncloa y convocara elecciones ya. La derecha actúa así cuando la izquierda llega a la Presidencia del Gobierno: le insta a que se vaya como si no tuviera el mismo derecho a permanecer. Como si la derecha fuera la única que puede usar el palacio de La Moncloa, mientras que la izquierda tiene que estar a su servicio en una caseta del porche. Tienen un sentido posesivo del poder.

 

El falso patriotismo de hojalata consiste en gritar '¡viva España!', pero solo para los que piensan como ellos. Cuando les dices que el PSOE, Podemos o los nacionalistas también son parte de España, fruncen el ceño y contestan que son antiespañoles porque quieren cargársela.

 

La derecha nostálgica sigue queriendo una España única, grande y libre, rodeada de aguiluchos y neofranquistas. No entienden que la riqueza de un pueblo la da su heterogeneidad y su pluralidad. España es mas rica porque está formada por personas de diferentes ideologías y distintos acentos.

 

La derecha rechaza que el Gobierno de Sánchez suba el salario mínimo a los que menos ganan porque a su juicio desestabiliza el país. Al parecer no lo hace la corrupción, los miles de millones regalados a la banca o los gastos suntuarios. Lo curioso es que Rivera ya pedía un salario mínimo de más de mil euros hace diez años y el colmo es que son Cs y PP los que acusan a la izquierda de populista y demagoga. El mundo al revés.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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