Los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria, y de la isla entera, no podrán pagarle nunca a la Casa de Galicia el entusiasmo que pone en la organización de la Cabalgata de Reyes, el día 5 de enero. Hace ya nada menos que 57 años que acude a esta cita para satisfacción de miles de niños que a lo largo de este tiempo han disfrutado viendo a sus amigos Melchor, Gaspar y Baltasar repartiendo sonrisas, sueños e ilusiones. Los prolegómenos de una noche mágica en la que llegarán los anhelados juguetes y regalos. Unos momentos y unos recuerdos que muchos guardarán para siempre en sus mentes y en sus corazones.
Los mayores también participan de ese entusiasmo viendo las caritas que ponen sus hijos al paso de la comitiva, o en la excitación que les embarga cuando extienden sus manos intentando tocar a sus admirados y misteriosos soberanos de Oriente. Es una verdadera satisfacción contemplarlos.
En los últimos años, y gracias al tesón del actual presidente Ricardo Villares, a su junta directiva y a los cientos de colaboradores, esta Cabalgata de la Ilusión ha mejorado. El vestuario, la coreografía, la organización, las carrozas, con alegorías o temas relacionados con la festividad o con la vida infantil pasan ya por el tamiz de un control de calidad, evitando la vulgaridad, o temáticas inadecuadas.
Hay algo importante en la organización de esta Cabalgata, como es que no se ha intentado politizarla. Ahora bien, es de agradecer que administraciones, instituciones y determinadas empresas colaboren o participen de alguna manera. Sería deseable que se involucraran otras destacadas empresas grancanarias, que huyan de la racanería y que piensen a quienes van destinado este desfile de Reyes. Que piensen en esos inocentes niños que también tienen derecho a soñar y a ser felices. Su felicidad de hoy es un buen presagio para que tengan un futuro más armónico y positivo
Pero al margen del regalo que hace la Casa de Galicia a nuestros niños y a la ciudadanía, existe un fin social que hay que tener en cuenta y que apela a la generosidad de los canarios para ayudar en estas fechas a quienes no son tan afortunados. Niños pobres o desarraigados, familias que han entrado en ese terrible umbral de la pobreza, personas desamparadas, y a todos aquellos a los que la fortuna no sonríe y la enfermedad mantiene postrados. Es un rasgo de generosidad aportar juguetes para esos niños, así como alimentos para los que pasan en estos momentos necesidades. Y es otro rasgo de generosidad de la Casa de Galicia y sus colaboradores organizar la justa distribución de estas aportaciones.
Al mismo tiempo se observa que cada año aumenta el número de personas que viven en condiciones adversas, que solicitan ayuda, especialmente de alimentos. Esto nos lleva a la conclusión de una realidad social evidente. La pobreza aumenta en Canarias y gracias a algunas instituciones como Cáritas, y otros proyectos y oeneges dedicadas a atender a los necesitados, pueden comer al menos una vez al día y no morirse de hambre, o ser atendidos en otros aspectos.
Es una situación que debería hacer recapacitar a las autoridades, a los políticos, al Gobierno de esta comunidad, para buscar soluciones o paliar tales necesidades La marginación que muchos sufren, debido al paro, a la desintegración familiar, al consumo de drogas, a la vejez, etc .impide que miles de canarios puedan pensar en un futuro mejor, que no tengan horizonte, y mucho menos, los hijos de estas personas que no podrán educarse ni tener las mismas oportunidades que los que no viven en tales condiciones.








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