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Un reglamento doblemente positivo

Miércoles, 02 de Enero de 2008
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La reciente nota informativa divulgada por un medio de comunicación social sobre la reacción del Vice Presidente y Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias, José Manuel Soria, valorando positivamente las nuevas condiciones de la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC) aprobada en el último Consejo de Ministros, clarificando los incentivos fiscales más importantes del Régimen Económico y Fiscal, demuestra que en la política canaria algunas cosas están cambiando para bien. Singularmente por lo que atañe al Partido Popular y muy concretamente, por su nula locuacidad sin entrar al trapo en supuestos de claras e interesadas provocaciones de que suele ser objeto en sede parlamentaria. El nuevo estilo soriano, con mas altura política formal de la que suele caracterizar al propio Presidente, sin embargo ha hecho un "impasse" con motivo de su reacción a la abstención presupuestaria de Larry Alvarez, quien a lo largo de muchos años ha venido acreditando una inconmovible y patológica lealtad hacia su Jefe político. Hasta límites tales, que se me hace muy difícil intuir siquiera en que casos fue ajusticiado con razón por los medios de comunicación y cuando sin ella. Y es que no hay peor cuña que la de la misma madera. Porque en mi opinión Larry Alvarez no hizo otra cosa que lo que debía: no votar en contra por coherencia consigo mismo y con su propio partido precisamente por tildar los Presupuestos cabildicios de "continuistas", es decir, prolongación de los que antaño había sacado adelante el propio Soria. He aquí, pues, la razón por la cual mal podía votar en contra, teniendo que defender, por encima de todo, como Consejero cabildicio grancanario que es, los intereses de nuestra isla aunque, tanto en Madrid como en Canarias, la pugna entre populares y socialistas en los últimos años haya adquirido tintes dramáticos. Larry, pues, ha acreditado con ello, sin la menor duda, tras haber pedido previamente indulgencia a la ciudadanía por pasados errores, que está y apuesta por apuntar sinceramente hacia el centro-derecha, lo que evidencia manifiestamente un talante mas dialogante, tolerante y moderado que el de antaño, que es el que constituye la quintaesencia del político centrista. Su desmarque de la línea dura e intransigente del "aparato", pues, no puede significar otra cosa que la reconversión política al centrismo por parte de quien parece no querer conformarse con autotitularse solo de boca afuera, como acontece con muchos de los suyos, como "de centro-derecha". En especial cuando el Partido toca la corneta para la ubicación de sus allegados de forma temporal e interesada, aunque muchas veces con escasa convicción y nulo ejemplo, por razones meramente electorales, con lo que se pone de manifiesto que el papel aguanta todo lo que le echen. Pese a tal autoproclamación, el trío madrileño encabezado por Mariano Rajoy ha venido demostrado hasta la saciedad, con su decisiva participación en la crispación actual, que sus orígenes se encuentran en Alianza Popular, de donde proviene, y no en la UCD, cuna que, por el contrario, fue de otros populares moderados. Una verdadera lástima. Lástima por ellos, por su partido y por España, que tras la reunificación operada por la Transición, hoy vuelve a estar partida en dos como en la época franquista precedente a ella. Singularmente por esta difícilmente soportable crispación que se ha ido adueñando del país entero, irradiándose también a Canarias, aunque -todo hay que decirlo- en lo que a nuestra Comunidad Autónoma respecta la visceralidad y las formas del socialista López Aguilar hayan contribuyendo decisivamente a que la separación de las dos Españas adquiera también tintes de dureza y carta de naturaleza en nuestras propias islas. Y no precisamente por las maneras de los populares canarios ni tampoco por las de algunos socialistas en tal sentido ejemplares, entre ellos nuestro Presidente del Cabildo grancanario y el Alcalde capitalino. Hay que reconocerlo lisa y llanamente. Por todo ello no deja de ser verdaderamente positiva la circunstancia de que, aunque con ello se haya hecho honor a la verdad, desde el área dirigida por Soria se haya reconocido que "con el nuevo Reglamento se han alcanzado logros en determinadas materias", valorándose además como positivo el avance que supone la aplicación del criterio de flexibilidad de la nueva norma, reconociéndose que con ello se evitarán anteriores desacuerdos por parte de la Hacienda estatal sobre las condiciones en que el empresariado podía beneficiarse de las ventajas fiscales que les daba el REF. Desde el mismo Departamento, sin que Soria haya rectificado tal opinión, también se ha reconocido que "para que el nuevo Reglamento haya podido ver la luz se ha tenido que llevar a cabo previamente una larga, intensa y compleja tramitación". Una tarea "que ha conducido a la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias a aglutinar todas las alegaciones que, tanto del propio Gobierno de Canarias como de los diferentes agentes sociales implicados fueron presentadas en la llamada Capital del Reino, tras venir en conocimiento, por voluntad ministerial, del borrador del Real Decreto a que en el presente artículo nos hemos venido refiriendo, Como no podía ser menos ( aunque no sea ésta la tónica habitual por parte de quienes están ubicados en fuerzas políticas antagónicas) el flamante Reglamento es también "piropeado" como consecuencia de la aplicación de la RIC en distintos sectores específicos, como acontece con la rehabilitación de inmuebles en áreas turísticas en declive o con su uso en negocios agrícolas o pesqueros, por darse con ello un giro verdaderamente copernicano a la exclusión existente en el borrador corregido. Y esto me parece también sumamente positivo y digno de elogio, en tanto en cuanto se abandona la crispación por la crispación, para penetrar en el área de la racionalidad. Ojalá, cristiano, sigamos siempre por ese camino. Por el de la ley de la racionalidad, que es el único seguro ya que los otros no llevan a ninguna parte. Tan solo conducen a la creciente y progresiva desilusión de un pueblo perplejo y decepcionado por el comportamiento permanente de sus representantes.
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