Que un empresario que gana mucho dinero vendiendo coches de diversas marcas y sus correspondientes repuestos, diga que la instalación de un tren ligero que enlace la capital con la zona turística o con el norte de la isla, no es rentable me parece una falacia y una opinión torticera e interesada.
También será una mala idea instalar un tren para los empresarios que tienen guaguas, regulares o discrecionales, por razones obvias. Tampoco les hará mucha gracia a los propietarios de gasolineras porque se reduciría la venta de combustible. O sea, los que se oponen a la instalación de un medio de transporte rápido y no contamínate no es porque les preocupe la escasa rentabilidad que va a tener esa empresa, o porque se va a producir un impacto medioambiental, sino porque va a suponer un gran competidor, si se realiza con eficacia, con seriedad y con puntualidad.
Todo ello beneficiaría tanto a los turistas que visitan la isla, como a cientos de trabajadores que cada día se tienen que trasladar desde sus domicilios, a veces muy alejados, hasta sus puestos de trabajo en el Sur, o viceversa.
Ahora bien, esto significa que tiene que organizarse un servicio de guaguas que cubra toda el área urbana de Bahía Feliz, San Agustín, Playa del Inglés, San Fernando, Faro de Maspalomas, Sonneland, o Tablero que garantice a los usuarios del tren un acercamiento a sus puestos de trabajo desde las estaciones del tren que podría llegar muy bien hasta Puerto Rico.
La rentabilidad de este tipo de transportes es más bien social y al mismo tiempo, más ecológica, ya que ahora se habla tanto de gases contaminantes, de la reducción de emisiones de anhídrido carbónico y de tantas medidas para contrarrestar el deterioro del medio ambiente y de la Tierra..
Si me hablan de impacto medioambiental, me entran hasta ganas de reír, porque precisamente aquí, en esta isla de Gran Canaria, sí que ha habido ataques al paisaje y al medio ambiente y verdaderos impactos negativos en las construcciones, en parajes naturales, en playas, en acantilados, en el litoral en general, en laderas o en barrancos, y a nadie parece haberle preocupado esto nada en los últimos años. Ahora hasta los políticos se hacen ecologistas y algún que otro empresario habla de medio ambiente y de "desarrollo sostenible", palabras que están muy de moda, por cierto, aunque la mayoría no tengan idea lo que eso significa, porque, la realidad es que no lo practican.
Si uno recorre los países de Europa más avanzados como Suiza, Francia, Alemania, etc. puede comprobar que los trenes, el ferrocarril, los puentes, los túneles, forman parte del paisaje, están integrados en él, y son un signo de progreso y de avance en el futuro.
Aquí hemos perdido la oportunidad en varias ocasiones de coger ese tren. Se intentó una vez instalar el llamado tren vertebrado, y entre los caciques, los transportistas y otros medios influyentes terminaron cargándoselo.
Se construyó una avenida marítima en Las Palmas de Gran Canaria, ganando mucho terreno al mar. A nadie se le ocurrió aprovechar esa oportunidad para construir vías subterráneas para instalar un tranvía, vías para automóviles e incluso garajes y otros equipamientos beneficiosos para la ciudad y sus habitantes. Sólo se pensó en la especulación del terreno y en construir viviendas. Podían haberse combinado ambas cosas.
Sin embargo existen propuestas urbanísticas, si se accede alguna vez a remodelas el litoral de Las Palmas de Gran Canaria, hasta La Laja, e incluso hasta Bocabarranco en Jinámar, que si contemplan estas vías soterradas y mejor aprovechamiento de los terrenos ganados al mar.
No es por nada. O sea, por reavivar el pleito insular, pero lo cierto es que Santa Cruz de Tenerife tiene ya su tranvía y ya el presidente del Cabildo de aquella isla, está exigiendo que se instale un tren hasta las zonas turísticas de Tenerife.
Ahora bien, si aquí, luchando contra corriente, queremos seguir con grandes autopistas, con carreteras hasta en la sopa, con nubes de autos por todas partes, hasta llegar hasta la saturación, con más contaminación y quizás con menor calidad de vida, aunque a algunos les parezca que llevar un coche es un signo de distinción, y el que no lo tenga es poco menos que un tarado social, pues adelante. Hay en buena parte de la sociedad (afortunadamente no todos) un lavado de cerebro tan intenso, con respecto a la utilización de los automóviles, que va a ser ya muy difícil que la gente se atenga a razones y utilice un medio tan sano y rápido como un tren.








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