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La derrota de Chávez o el triunfo de Venezuela

Domingo, 09 de Diciembre de 2007
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Algunos  -más bien pocos- todavía tienen arrestos para elogiar a Hugo Chávez "por haber aceptado democráticamente la adversidad" ¿Y qué otra cosa podía haber hecho? ¿Reencarnarse en el antiguo golpista que fue para abofetear el resultado del referéndum desde la fuerza que le daba su inmenso poder? No le ha quedado, pues, digo yo, más remedio que comportarse  -al margen de que lo sea o no- como un demócrata, tras el cachetón que le propinaron singularmente tres millones de ciudadanos quienes, merced a las armas que las urnas pusieron en sus manos, constituyeron una millonaria abstención integrada precisamente por votantes que en las anteriores confrontaciones electorales le habían sido fieles. Ciudadanos, como digo, que anteriormente habían confiado en él. Pero que ahora, tras su  malversación del caudal político que anteriormente habían depositado en su favor en las urnas, ahora, escaldados como el gato que huye del agua caliente, se han dado cuenta de que el incontinente, agresivo e irrespetuoso Hugo Chávez es el verdadero y peligroso felino y ellos -los tres millones de abstencionistas- tan solo una nube de ratoncillos que ya no quieren seguir oyendo a ese flautista de Hamelin que, sustituyendo la flauta por su peculiar camiseta roja,  predica su socialismo desde la agresión personal a todos aquellos que extramuros de la República Bolivariana de Venezuela no quieren ni hacerle el juego, ni reírle tantas gracias, exentas, por cierto, de gracia alguna en tanto en cuanto en las mas de las ocasiones han sido grotescas payasadas. Varias son las lecturas que puede ofrecernos este apasionante referéndum, cuyo resultado ha tranquilizado sobremanera a una amplia mayoría de ciudadanos, no sólo venezolanos, sino también de otros lugares del mundo, socialistas y socialdemócratas incluidos, que se pueden contar por millones. En primer lugar, hay que destacar el claro triunfo de tantos estudiantes venezolanos que se echaron a la calle para hacerse oír y que obviamente condujeron a muchísimas personas a la reflexión. Fueron de los primeros en proferir expresiones terminantes y rebeldes contra el propósito de Chávez, al fin y al cabo un golpista aparentemente convertido en demócrata, de la noche a la mañana, en virtud de diversos resultados electorales que le fueron favorables en confrontaciones limpias y democráticas producidas durante cerca de dos lustros en el poder. He aquí una de las razones por las cuales ahora no ha tenido otra opción que aceptar, aunque no de muy buen grado, el resultado producido. Así lo hemos podido ver en una reciente y patética imagen de prensa, en la que se muestra a un Chávez sudoroso, gesticulante, abatido, nervioso, con su clásica camisa roja y un reloj en la muñeca izquierda marcando las dos menos diez de la madrugada, reconociendo  amargamente su  derrota, como no podía ser menos, aunque utilizando, por cierto, idéntica expresión a la que usó cuando encabezó el fallido golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez:  " Por ahora. No se pudo por ahora. Pero mantengo la propuesta". Genio y figura hasta la sepultura. Desde muchas semanas antes de la fecha para él fatídica, habían quedado frustrados sus deseos de construir una fuerza política "socialista" unitaria, ya que los posibles líderes se dividieron antes del referéndum, quienes sin embargo coincidieron  en las ideas por lo que se mantuvieron unidos en la acción merced a un denominador común: el "NO" al referéndum que propiciaron tantos y tantos "oficialistas", constituyendo entre todos un factor decisivo al retirarle los votos tan preciosos que se requerían para la consecución de los afanes totalitarios de un verdadero dictador, a la  vieja usanza, estigmatizado como "fascista" por mas de uno. Entre ellos por  Goicoechea, un joven, inteligente y carismático estudiante progresista, que le tildó de tal y quien, al igual que sus compañeros universitarios y numerosos líderes de opinión de diferentes sectores de la sociedad venezolana, han calificado la pretensión preconizada por Chávez como un golpe de Estado contra una reforma democrática con la finalidad de perpetuarse en el poder al viejo estilo del caudillaje latinoamericano. Y no deja de resultar llamativo que el profesor de Sociología de la Universidad Central de Venezuela, Javier Biardeau, uno de tantos abstencionistas pro-chaviztas, haya sentenciado que "son  responsables de la derrota quienes convencieron a Chávez de que la revolución no se podía independizar de su figura", lo que califica de craso error, para añadir: "probablemente sin él no habrá revolución; pero con él solo tampoco". He aquí, pues, la gran lección de humildad que debe aprender el insolente Presidente. He dicho en más de una ocasión, -y lo sostengo- que, tal como iban  las cosas en los últimos años, el país se merecía un Chávez. Y que aquellos vientos, por los errores políticos de antaño, trajeron la tempestad chavista, tempestad que hoy, sin embargo, tras la reciente derrota, puede amainar si las actuales fuerzas políticas y sociales, tan dispersas, aunque tengan muchas cabezas bien amuebladas y líderes con cierto carisma, son capaces de unirse, dejando a un lado lo que les separa, en la  búsqueda del  bien  común. Y esto pasa a mi juicio por un centrismo progresista, una vía racional y acaso posible  para conducir una transición hacia la normalidad interna y el respeto foráneo, hoy en decadencia. ¿ Y que podría decirse de Chávez y el fascismo del siglo XXI? Un tema verdaderamente interesante. Pero de ello podremos hablar en otra ocasión. Lorenzo Olarte es ex Presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias.
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