¡Viva la vida! con orgullo
El ¡basta ya! de la población lgtbi neoyorquina que frecuentaba el pub Stonewall Inn, en el Greenwich Village de Nueva York y su rebelión callejera ante el acoso policial, la madrugada del 28 de junio de 1969, marcó un punto de inflexión a partir del cual nace el movimiento moderno de liberación lgtbi, que acabaría extendiéndose por todo el mundo. La legalidad vigente había sido cuestionada ¡nada menos que en Estados Unidos! por unas personas cuya consideración social -por diferentes- les abocaba a la marginalidad. Una marginalidad que, a su vez, controlaba y administraba la mafia generada por la misma sociedad puritana que les negaba sus derechos.
Un año después de aquellos disturbios, la población lgtbi de Nueva York y Los Ángeles saldría a la calle de forma organizada, para reivindicar sus derechos en una sociedad tan plural como diversa y tan conservadora como excluyente. Aquellas manifestaciones festivas, sin perder por ello su carácter reivindicativo, son la consecuencia de cuantas manifestaciones conocemos actualmente de forma genérica como las marchas del Orgullo LGTBI.
Detrás de lo que pudiera considerarse una frivolidad, tildada de mal gusto en ocasiones, por las mismas personas que meses antes rieron similares conductas en tiempos de carnaval, hay mucha historia y sufrimiento producto de la lgtbfobia, muchos años de lucha, cada cual en su ámbito fuera laboral o social y también muchos avances en derechos sociales e individuales- en unos países más que en otros- gracias al empuje del movimiento lgtbi y de quienes entendieron que el sistema democrático, antes que discriminar, necesita de una legislación que sea más generosa- tanto en la letra como en el espíritu- que las personas que la aplican.
Coincidiendo con el fin de la dictadura franquista y en los albores de la transición democrática, un 26 de junio de 1977, tuvo lugar la que se considera formalmente, la primera manifestación lgtbi en España, organizada en Barcelona por el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (Frente de Liberación Gay de Cataluña), a la que según la prensa de entonces, asistieron unos cuatro mil homosexuales acompañados por algunas organizaciones políticas, sindicales y ciudadanas, que fueron atacados por la fuerza pública con balas de goma, a pesar de lo cual, la manifestación no sólo no se dispersó sino que continuó su trayecto mientras la policía municipal barcelonesa controlaba el tráfico.
Cuarenta años después de aquel atrevimiento barcelonés y, con la perspectiva que sólo el tiempo da, no debemos olvidar que en 1954, en aquella España en blanco y negro de la Postguerra Civil, la dictadura franquista había modificado la Ley de Peligrosidad Social para incluir la represión de los homosexuales, de la misma manera o peor que se hacía con los vagos y maleantes, sustituida y derogada en 1970 por la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, que incluía penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles o manicomios para los homosexuales, para que se “rehabilitaran” no sabemos de qué.
A pesar de que en diciembre de 1978 se retira la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, las redadas continuaron y los últimos presos por homosexualidad no serían liberados hasta 1979, es más, en Barcelona, según se recoge las crónicas del momento, con motivo del Mundial de Fútbol en 1982, la Delegación del Gobierno mandó cerrar algunos locales de ambiente gay para mostrar una buena imagen a los visitantes, lo que motivó que el empresariado decorara el exterior de dichos locales con banderas arcoíris con el Naranjito- la mascota del mundial-, abanico en mano, en la puerta de los locales y el lema “Lo nuestro sí que es mundial”. Fue en 1986 cuando la homosexualidad dejó de ser delito contra el honor en el ejército español.
La consolidación de la democracia en España en relación con la historia reciente del colectivo lgtbi trajo consigo una serie de leyes como, la Ley de Arrendamientos Urbanos del gobierno socialista de Felipe González, que reconocía por primera vez, en 1993, los derechos a las parejas homosexuales, el nuevo Código Penal en 1995, que incluye la protección de la orientación sexual y considera como agravante de delito la homofobia, la aprobación el 30 de junio de 2005 de la que conocemos como Ley del Matrimonio Igualitario, impulsada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con el apoyo del colectivo lgtbi, con Pedro Zerolo al frente y la Ley de Identidad de Género en el año 2007.
¡Quien dijera que 40 años después de amenazas, represión, agresiones, humillaciones y detenciones, vividas y sufridas por la población lgtbi, España es el país donde mayor aceptación hay de la homosexualidad en el mundo!...El mismo país en el que 40 años después de aquella mítica marcha barcelonesa, celebra nada menos que el Orgullo LGTBI Mundial (World Pride), bajo el lema “Viva la vida” y entre cuyas reivindicaciones está el devolver la dignidad a las personas transexuales, históricamente consideradas enfermas.
Tanto las manifestaciones multitudinarias ya sea el World Pride o el Europride, como los actos sencillos o la bandera arcoíris colgada en los edificios públicos, en cualquier pueblo de la geografía española por muy pequeño que sea, son un indicativo de apuesta por la inclusión y por la visibilidad de la diversidad, independientemente de la orientación e identidad sexual, que es lo que me ocupa en este momento. Es así y no de otra manera, como avanzamos en el respeto a las diferencias ya sean por motivos de raza, credo político o religioso, orientación sexual o identidad de género.
Aún queda mucho por hacer en nuestro entorno inmediato y en otros lugares del mundo. Es evidente que me ocupa y preocupa la situación de la población lgtbi de Chechenia y de los 71 países donde todavía la homosexualidad y la transexualidad están criminalizadas, pero no por ello voy a desviar la atención del África inmediata a Canarias, en cuyos países la población lgtbi sufre las consecuencias de los atavismos culturales, religiosos y políticos, siendo en algunos casos el propio estado el que incita a cometer delitos de odio, a pesar de los intereses e influencias de terceros países incluyendo los pertenecientes a la Unión Europea.
Que el 28 de junio no sólo nos sirva para recordar y compartir la historia del camino andado y a tantas personas activistas que nos precedieron- que está muy bien- sino también para continuar reivindicando la aplicación y el cumplimiento de los Derechos Humanos, allí donde haya personas que sufren discriminación como consecuencia de su orientación sexual o identidad de género. ¡Viva la vida!... con Orgullo.
* José Antonio Godoy, profesor
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.






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