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Una gran responsabilidad

Viernes, 16 de Noviembre de 2007
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Después de una enconada lucha del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con su alcalde al frente y el concejal de Turismo, sin olvidar el granito de arena de la consejera de Turismo del Gobierno de Canarias, la capital grancanaria consiguió su estatuto de "ciudad turística", tras la aberrante decisión anterior de dejarla fuera. Ahora bien, Las Palmas de Gran Canaria, que no cabe duda que cuenta con todos los ingredientes para considerarla "ciudad turística" ha adquirido una gran responsabilidad, que atañe no solamente a las autoridades municipales, sino también al empresariado y a la ciudadanía. Además, no hay que olvidar que aquí se inició el desarrollo turístico de Gran Canaria. Luego la masa de visitantes se desplazó al sur de la isla, se perdieron muchos establecimientos alojativos, pero no el encanto de esta ciudad, que no puede soslayarse,  aunque también tiene defectos que habrá que corregir. No todo el mundo viene a disfrutar de sol y playa sino que existen otras alternativas que contribuyen al enriquecimiento de la personalidad de quienes nos visitan Por tanto, se espera que se constituya y se consolide de verdad una concejalía de Turismo (que hasta ahora ha sido una María y solo ha tenido una presencia testimonial)  que disponga de un presupuesto adecuado y equipo humano suficiente para desarrollar una labor que va desde la promoción de la ciudad en el exterior, hasta, con la colaboración de otras concejalías, la obtención de mayores cotas de  seguridad,  más limpieza, unas normas que eliminen los ruidos, la contaminación, unos proyectos de infraestructuras y mejoras, tanto en el centro de la ciudad como en los barrios periféricos, algunos de ellos olvidados y convertidos en guetos, aparición de más zonas verdes y conservación de las existentes, etc. Es una labor ardua y habrá que sentarse primero a planificarla con unas ideas muy claras sobre lo que se desea. En cuanto a la promoción, Las Palmas tiene mucho que vender: playas, centros de convenciones, teatros, auditorios, famosos festivales, grandes comercios, gastronomía, folclore, historia, tradiciones, centros culturales, carnavales, una gente amable y acogedora, etc. Nuestros posibles visitantes tienen que conocer de antemano con lo que se van a encontrar. Y esa oferta tendrá que encauzarse  a través de unas bien organizadas campañas promocionales en el exterior,  que en los últimos años han sufrido una parálisis o se han eliminado. El turista, sea de cruceros o  el que pasa temporadas en la capital o se hospeda en el Sur de la isla, ha de conocer todo esto a través de folletos bien elaborados, en la publicidad  que se muestra en las principales ferias del mundo, o visitando  nuestros habituales mercados, sin olvidar el apoyo de la prensa, radio,  o televisión. A los cruceristas que últimamente nos distinguen con sus escalas en Gran Canaria,  habría que mimarlos cuando desembarcan en el Puerto de la Luz y de Las Palmas, con una cariñosa recepción donde  se destaque nuestro folclore, degustaciones gastronómicas, la artesanía y, sobre todo,  ese valor añadido que supone la hospitalidad. canaria. Trato que debe dispensarse también en sus visitas al interior de la isla y que ha de extenderse  a aquellos que vienen por vía aérea y permanecen unos días en los alojamientos sureños.  Gestos y actitudes en los que  se refleje nuestra idiosincrasia, costumbres, cultura y tradiciones. Pienso que si planificamos, con el consenso de las distintas administraciones,  el proyecto de la ciudad del futuro que queremos Las Palmas podría convertirse en una de las urbes más importantes de esta parte del Atlántico. Esto incluye un toque de atención para la playa de Las Canteras, una de nuestras más emblemáticas joyas, que presenta hoy una arquitectura disparatada, falta de alineación de sus edificios, desniveles en su larga avenida, acumulación de arena en determinadas zonas, etc.
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