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Turismo, Navidad y gastronomía

Jueves, 15 de Noviembre de 2007
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Se acerca la Navidad. Para los más niños, a la espera de vacaciones y regalos, con una lentitud desesperante, aunque ese jilorio se cura con la llegada de las primeras canas. Para los demás, digamos piadosamente lo más veteranos, se acumulan como apelotonándose unas con otras, llegando y marchándose a una la velocidad digna de Fernando Alonso, que en eso de llegar, estar y desaparecer parece haber realizado un master acelerado. La temporada de otoño e invierno han sido tradicionalmente las más prósperas en el negocio turístico, y espero y deseo que siga siéndolo, sin perjuicio de que cada vez con más frecuencia, luchando y sufriendo, se intente equilibrar la cuenta de resultados económicos con la primavera y el verano. Independiente de sus orígenes históricos, que esa sería una cuestión a debatir en otro lugar, las navidades son un tiempo especial que despierta todo tipo de sentimientos e invita a compartir paz y felicidad alrededor de una mesa, sobre todo si se está relajado y de vacaciones como lo están nuestros visitantes. Tampoco quisiera ahora escribir de los problemas del hambre o las guerras del mundo, que como las meigas gallegas, haberlas hailas. Quisiera centrar esta reflexión en un aspecto que tal vez pudiera ser interesante para ofrecer y enseñar a los turistas una parte importante de nuestro acerbo cultural: la gastronomía navideña tradicional de Canarias, en especial la confeccionada con productos y recetas de la tierra. En los aspectos más técnicos, e incluso más vistosos, sabrosos y olorosos, podrían escribir con gran solvencia los grandes especialistas en asuntos de figones, Mario Hernández Bueno y José Hilario Chela, entre otros grandes de la gastronomía en Canarias. También tendría mucho que aportar la empresa pública Hoteles Escuela de Canarias, HECANSA, que al igual que realizó el importante y no suficientemente bien valorado esfuerzo de producir y distribuir su CD "Bufé temático Canario", podría ser oportuno preparar otro trabajo especializado en la cocina tradicional navideña de Canarias que ayude a poderla enseñar con orgullo, de forma digna y profesional, a los millones de turistas que nos visitan por estas fechas tan propicias a este tipo de aventuras gastronómicas, hasta incluso con un poco de desmesura. Ya habrá tiempo después para los también dos deseos tradicionales de final de año: perder kilos y aprender inglés, esto último infaliblemente los nativos. Estoy también razonablemente seguro que los excelentes profesionales de HECANSA estarían gustosamente dispuestos, eso nunca mejor dicho, a cocinar platos tradicionales ante las cámaras de televisión, no sólo para recordar o sugerir a los profesionales que introduzcan esta posibilidad en sus cartas navideñas, tanto en restaurantes y catering como en los establecimientos alojativos. Eso sin olvidar introducir unos toques de creatividad e innovación, siempre interesantes y oportunos, para complementar la oferta principal y conjuguar el I+D+I. Estoy convencido que esta iniciativa sería muy bien recibida por un amplio sector de nuestros visitantes, interesados en descubrir aspectos de Canarias distintos del Sol y la Playa (y que, ¡por favor!, nos dure por los siglos de los siglos), a pesar de que haya muchos políticos intentando hacernos creer, o peor aún si ellos se lo creen, que los turistas están deseando venir a esta tierra para admirar la planta alojativa y de paso felicitar efusivamente a los constructores metidos a hoteleros. HECANSA realizó en el pasado una meritoria actividad en cuanto a gastronomía navideña "doméstica" se refiere, impartiendo cursillos a los que asistían tanto amas de casa como algunos ocasionales y osados "cocinillas" que por esas fechas se atrevían a meterse en las cocinas para lucirse con lo que les enseñó su abuela Fefita. Durante la etapa que tuve el honor y el privilegio de trabajar en esa empresa pública, se acercaron bastantes grupos de personas, sobre todo amas de casa, que solicitaban cursillos de cocina y pastelería tradicional propias para festejar en familia la Navidad. Pero con muy buen criterio, no querían cualquier tipo de cursillos, no de esos altamente especializados y con recetas que sólo pueden elaborarse en instalaciones profesionales, por expertos cocineros y con materias primas de nombres exóticos y desconocidos para el común de los y las mortales. Ponían tres prerrequisitos, que siempre consideré tremendamente razonables. Primeramente querían aprender a elaborar, mejorar o recibir ideas para dos menús completos, uno para la Noche Buena y otro para Año Nuevo. Debían ser vistosos, lucidos y fuera de lo cotidiano, pues la Navidad es una ocasión muy especial. Pero también, y es el segundo condicionante, que fueran relativamente fáciles de preparar, pues hoy en día muchas trabajan fuera de casa. Por último, y no menos importante, reclamaban con énfasis: ¡por favor!, que me pueda sentar a disfrutar con mi familia y no tenga que estar trabajando mientras el resto disfruta. ¿No les gustaría que un periódico les ofreciera un DVD típicamente navideño y genuinamente canario? A mi, lo reconozco, me encantaría. Es Navidad.
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