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La otra memoria histórica

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Viernes, 29 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

Una sociedad que no tiene en cuenta esa memoria histórica de sus mayores tiende a fabricar copias distorsionadas de lo que un día vivimos...

El término “memoria histórica” se ha venido utilizando últimamente asociado a un movimiento reivindicativo no carente de trasfondo político. Pero, a mi juicio, existe otra memoria histórica que también habría que reivindicarse porque esa memoria está impresa en tantas y tantas personas mayores que guardan una experiencia y unas vivencias que se están desaprovechando lamentablemente porque estamos en una sociedad demasiado apresurada, acelerada y competitiva, donde se ha perdido el valor de la importancia de ser mayor. No hay tiempo que perder para escuchar el "patrimonio" del saber hacer de las personas mayores ("un viejo que muere, es una biblioteca que arde").

Esa despreocupación y, en ocasiones, desprecio por la memoria histórica de los mayores se pone de manifiesto en determinados sectores de la sociedad como, por ejemplo, el político  donde existen una serie de “niñatos” y “niñatas” que creen haber nacido con toda la experiencia del mundo y se atreven a menospreciar la opinión de algunos políticos veteranos avezados en mil batallas, muchas de las cuales tuvieron que lidiar antes de que esos que los desprecian hubieran nacido y, además, en unas condiciones que ponían en peligro su propia vida.

Ver cómo algunos políticos jóvenes socialistas que se creen superiores porque están ocupando algún cargo orgánico en su partido, pretenden aparcar a un parque jurásico a destacados militantes como, por ejemplo, Felipe González, demuestra no sólo una falta de respeto sino también una inmadurez que no les permite tener en cuenta que, escuchando a los mayores, ganarían tiempo y conocimientos a través de la voz de la  experiencia y la sabiduría de personas que las han atesorado a lo largo de muchos años y que han permitido que ellos ocupen ahora el cargo que ocupan.  

La actitud de esos jóvenes responde a la idea de muchas capas de la sociedad que creen que sólo hay tiempo para actuar, y actuar en el sentido de ser productivo y competitivo, si no es así, la persona se convierte en un peso social. Creo sinceramente que hay también que reivindicar esa otra “memoria histórica” y aprovecharla adecuadamente porque una sociedad que no tiene en cuenta la experiencia para construir su futuro tiene muchas posibilidades de cometer errores irreparables.

A los mayores hay que reconocerles la importancia social que tienen y no colocarlos “en la estantería” olvidando no sólo el papel que han jugado sino también el que pueden jugar con su experiencia que muchas veces está adormilada o menospreciada. Los mayores han poseído la capacidad de crear vivencias pero ocurre que esas vivencias la sociedad las distorsiona con el tiempo perdiéndose así lo que esas vivencias aportan de experiencia.

Una sociedad que no tiene en cuenta esa memoria histórica de sus mayores tiende a fabricar copias distorsionadas de lo que un día vivimos, y no sabremos mantener la lealtad a lo que fuimos, que es la auténtica base de lo que ahora somos. La memoria histórica de nuestros mayores puede permitirnos adentrarnos en las sombras y en las luces del pasado, porque no hay luces sin sombras. Unas y otras son necesarias para ser auténticos, porque ambas nos forjan y nos construyen en base a un proyecto del que somos parte: nuestra propia vida. Los años nos aportan experiencia, sabiduría y, con ello, capacidad de acción correcta.

La memoria histórica de nuestros mayores está ahí como aquella vieja arpa que decía Becquer estaba en un ángulo oscuro, olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, esperando a que alguien  la desempolvara y volviera a desgranar los sonidos o, en el caso de los mayores, permitir aflorar el sonido de su experiencia acumulada que a muchos no les interesa escuchar llevados de una soberbia absurda que desprecia el inmenso patrimonio que encierra esa otra “memoria histórica”.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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