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FIDEL ARAÑA

El Despertador

Me gusta Dani Alves

FIDEL ARAÑA Sábado, 09 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

Es un comunicador independiente que opina y juega a la pelota como los gatos, con sabor a mojo picón

[Img #32101]Me gusta Dani Alves. Es humano y honesto. Es un hombre cachondo, con una fuerte personalidad y una alta dosis de equilibrio emocional. Es un pelotero del fútbol con alma de artista. Sus ojos y sus gestos revelan que es un muchacho inquieto, y su comportamiento y su voz dicen que en el fondo tiene alma y sensibilidad de poeta. Su aura desprende un aire satírico de retoño perpetuo que sólo los ilustrados en la vida poseen

Sus intervenciones públicas, como en el centro del ruedo capean los toreros, nunca son aleatorias ni fortuitas. Al igual que sus adelantos, quiebros y cesiones con la pelota, sus pases dialécticos y su incontinencia creativa en las tribunas respiran una intencionalidad inmediata, respondona a un hecho o circunstancia que de alguna forma le agrede, o le motiva. Reconozco que sus prédicas, como sus ocasionales lagunas en el terreno de juego, a mi no me dejan indiferente. Algunas veces me hacen reír. Pero siempre me hacen pensar.

Está claro que a Dani no le gustó en absoluto la corriente vocera anticatalanista que desde Madrid se empleó para informar sin análisis sobre determinados aspectos lustrosos del desarrollo de los dos partidos que el Barça, el equipo del club que le paga y le hace sentirse realizado, ha jugado seguidos contra el Español en las últimas semanas. Fueron y siguen siendo tan evidentes que sobra poner ejemplos.

Han sido, con total descaro, hechos entresacados de contexto con premeditación, alevosía, nocturnidad y mala leche, sin esa pizca de gracia salsera que Alves le pone a la vida. Me temo que, incluso, con una brizna de animadversión patriotera.

Y por eso Dani ha salido a la palestra. No le ha importado exponerse públicamente para decir lo que piensa. En este caso concreto ha dicho lo que siente hacia la prensa deportiva atosigadora y acosante que se ha olvidado de la ética y el buen gusto a la hora de transferir al coliseo español imágenes verdaderas del rey de los deportes en este país.

Para mostrar su desacuerdo, Dani Alves empleó un comentario en su cuenta personal de Instagram. Lo hizo con esa absoluta libertad de pensamiento y expresión que recoge como derecho fundamental el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y el artículo 20º de la Constitución Española de 1978.

"De verdad que cada día que pasa me da más vergüenza formar parte de este deporte, de cómo nos utilizan, de cómo juegan con nosotros. Pensé un día que saldríamos cada uno a defender sus colores, sus equipos, pensé que si ganara o si perdiera me iba a casa enfadado a reflexionar lo mal que lo habíamos hecho o a disfrutar de lo bien que lo hicimos. Hoy somos objetos utilizados por la prensa para que ellos se beneficien, para que ellos vendan periódicos. Cada vez más se habla menos de fútbol, de estrategia, de las jugadas, de los regates, de los goles, de las paradas y del espectáculo. Que puta basura que son", dijo el futbolista hastiado, con regusto agriado.

¿Le falta razón?, ¿es punible la idea global que transmite?, ¿atenta esa idea contra algún derecho personal o institución?; ¿sus expresiones son ofensivas o atentatorias contra el honor, la intimidad, la imagen, la seguridad, la vida o la libertad de sus receptores?; ¿llevan aparejada sus palabras algún elemento jurídicamente sancionable?. Yo creo que no. Ni en el fondo ni en la forma.

La versión singular que Dani ofrece sobre el modus operandi de quienes fabrican las noticias espectaculares sobre el espectáculo del fútbol, mediatizadas e ideologizadas, no quiere sentar cátedra ni jurisprudencia. Al contrario. Sólo busca mostrar su rechazo hacia esa forma torticera y teatralizada de enfocar los hechos noticiables del fútbol, sin astucia ni profundidad, casi siempre sin rigor ni honorabilidad, con el burdo formato televisivo del entretenimiento.

Percibo que Alves aborda con absoluta franqueza y sencillez, desde su humilde perspectiva de jugador activo, un rechazo sentimental hacia un método informativo rancio y cansino que, con ojos cejados por la incontinencia colorista, sobrevuela cada vez más por encima de lo verdaderamente importante (estrategia, jugadas regates, goles, paradas... el espectáculo) para parodiar lo nimio y las absurdas burlas que el desarrollo del juego ofrece a sus aficionados.

Pertenezco sin ataduras al gremio de la prensa, y en razón y justicia creo que Alves ha querido ser honesto y sincero, y que ha dicho lo que piensa en libertad y sin ofensa. ¿Quiénes se sienten ofendidos?, ¿por qué?. El artículo 20 de la Constitución reconoce expresamente el derecho de los españoles a “comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. ¿Cumplen con ese mérito los periodistas deportivos que se sienten ultrajados?.

Estimo que Dani simplemente aireó su credo en Instagram por emoción y para satisfacción propia. E insisto y repito. Entiendo que lo hizo sin esa intencionalidad catedralicia que se huele en las dentelladas mediáticas diarias de los periodistas en sus medios, y en la mordiente amenaza de denuncia (judicial) que parece querer lanzar contra él la Asociación Española de Prensa Deportiva (AEPD). En la fragua ya está armándose una noticia de carácter general sobre una opinión particular, y además sirviéndose en bandeja para comidilla y alarma social.

Frente a ese tipo de acontecimientos malintencionados que ensombrecen los éxitos del FC Barcelona, la entidad ha emitido su apoyo personal, legal y administrativo a Dani Alves si la hipotética denuncia prospera. Pese a no compartir la opinión del jugador, su club entiende que la denuncia contra Alves “sólo pretendería aprovechar la ocasión para debilitar la imagen pública del jugador y del Barça".

Y después del revuelo y tantos hastags, un "Chacho, en la mirada la verdad, en la respiración la tranquilidad", como nueva frase enamoradora de Alves, tal vez vaporizada por su mojito canario, jugando a ser independiente, como los gatos.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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