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Cien años

Domingo, 07 de Octubre de 2007
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Opinión: Franciscos J. Chavanel.- Los errores de Zerolo y su claque alimentando el independentismo han dado moral al PSOE, que de estar con gesto de fatalismo y repugnancia, en ese estado de predepresión adolescente en la que se mueve Juan Fernando López Aguilar, incapaz de entender nada de lo sucedido, se le ve en las últimas horas salsón y danzarín, con ganitas de meterse en faena. Surgió Santiago Pérez, que es látigo de blasfemos y justiciero adicto, para comentar con lujo de detalles el lumpen castizo en el que navega el asunto de Las Teresitas, y sus diversas prolongaciones por las riberas soberanistas, lo que, por cierto, ya era hora de que alguien, al margen de algunos periodistas, lo denunciara públicamente porque vergüenza ajena da. También reapareció ayer el mentado López Aguilar, quien, en entrevista a Radio Club, soltó que “ATI le odia porque es canarión”. Vaya la virgen con la lengüita cuando despachan la gaseosa caliente. Es como afirmar que a Juan Carlos Alemán se le quiere en los círculos insularistas porque es chicha. O como manifestar que Soria no es un canarión auténtico, sino un tipo domesticado, al estilo Mauricio, una especie de colaborador necesario que además calla y revienta en silencio, y por eso es amigo de la casa. Si lo que López Aguilar quería decir es que lo maltratan porque no se aviene a la componenda y al pesebrismo, tiene su parte de razón. Igual cosa le ocurre a Román Rodríguez, y así lo degollaron en la plaza pública, aunque ahora no falte un segundo sin que desde el paulinato se lance un suspiro de nostalgia en su dirección echándole de menos. Ambos son cabezudos: por mucho que les firmen contratos presidenciales para el 2011, se atan al palo mayor del barco para no oir el cantar seductor de las sirenas. Pero Santiago Pérez apenas alberga sospecha alguna de ser canarión. Es un tinerfeño de pro y sin embargo si puden lo queman. De modo, querido Juan Fernando, no es la procedencia geográfica lo que preocupa de ti, sino que no te relajas lo suficiente. Es lo bueno y lo malo de jugar a ser un tipo irreductible. Si le gustase la polka, la mordedura del vampiro, eso del fin justifica los medios, hoy López Aguilar se pasearía por el Archipiélago como un presidente in pectore –luego lo engañarían, según el guión que conocemos- mientras Soria, desalojado del todo, iría alejándose, seguramente para siempre, de los escenarios políticos. Seamos sinceros: ese tipo de comportamiento de torito manso es el que le piden sus compañeros al ex ministro, y él se niega, impertérrito, convencido de que este gobierno no aguanta y, si lo hace, será para llegar cojitranco a la cita de 2011. Pero de todas las intervenciones socialistas de última hora la menos coherente es la del vicesecretario regional, Francisco Hernández Spínola, esta vez no demasiado lúcido. Manifiesta que con esta ley electoral CC gobernará el Archipiélago durante cien años más. La ley es la que es: un desastre, la más restrictiva posiblemente del mundo mundial democrático, uno de los lastres más importantes que sufre la convivencia en el Archipiélago. No sólo por el desprecio que se le hace al votante de las islas mayores, sino también por el ultraje que se comete con un decenas de miles de ciudadanos cuyos deseos son arrojados literalmente a una ciénaga. Pero el PSOE, históricamente, también es cómplice de esa maldita ley. Calló cuando se montó la autonomía basada en la triple paridad, no se atrevió a cambiarla cuando el poder estuvo en sus manos y, para colmo, negoció el estatuto de autonomía con los cambios en la ley dentro de él para, cuando le convino, por motivos electorales, cuando López Aguilar sustituyó a Alemán, torpedear el citado estatuto. La solución es elemental: CC quiere un estatuto para vender nacionalismo a una parroquia que a cuentagotas se le está yendo, y el PSOE una ley electoral que rompa los topes. Si estaban de acuerdo antes de mayo, ¿por qué no ahora? No es un problema de cintura, ni de flexibilidad; sencillamente de inteligencia política. En este interesante caos movedizo en el que estamos pretender ganar por 10-0 es imposible. Ambas partes están en disposición de lograr lo que quieren si dan paso a la negociación y abandonan por una temporadita el cuerpo a cuerpo. Tarea, supongo, para el escenario que vendrá, después de conocerse los resultados de las legislativas de marzo.
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