Promesas incumplidas
Resulta sobrecogedor la incompetencia que nos ha trasladado el gobierno heleno con unas promesas que, a todas luces, eran imposibles de cumplimentar
Resulta sobrecogedor la incompetencia que nos ha trasladado el gobierno heleno con unas promesas que, a todas luces, eran imposibles de cumplimentar.
No es posible que una persona o grupo de personas, a día de la fecha no entiendan que, inexorablemente, nos encontramos en un mundo globalizado y que los particularismos no tienen cabida bajo ningún concepto.
La gran promesa griega se caracterizaba, sencillamente, en vivir como grandes capitalistas bajo la ética del marxismo, un antagonismo, cuando menos, impensable, por no decir de una sobresaliente e inaudita hipocresía.
No me preocupa ese gobierno, sino las personas que han dejado en la estacada al más puro estilo lo intentamos pero no pudo ser, realizando un referéndum para achacar su surrealista prueba en escena en entredicho, cuya validación no ha supuesto mejora, más bien, todo lo contrario.
Se pueden citar docenas de ejemplos sobre la gran tragedia griega pero lo concerniente a las jubilaciones me parece de una endeblez mental sin precedentes, ¿cómo se puede pensar que, efectivamente un país puede sostenerse con un sistema de pensiones que encuentra su pico en los cincuenta y dos años?, es, ineludiblemente imposible.
Afortunadamente, que la esperanza de vida se ha alargado, es un hecho, las personas alcanzan de ochenta a cien años como referencia, sinceramente, ¿alguien puede entender que pusiesen pegas en aras de reformar esa debacle económica?, es, definitivamente un brindis al sol pero de carácter Kafkiano.
El Gobierno de Tsipras ha mentido, es la única opción válida de decisión tercera ya que si realmente se creían sus propias argumentaciones estaríamos ante un calamitoso caso de necedad manifiesta.
En la política actual no hay izquierdas ni derechas, no nos equivoquemos, hay gestión, sin más, esperar el nacimiento de una mente preclara que aúna voluntades a lo largo y ancho del planeta tierra es un dislate.
Hay que cambiar parámetros de actuación dentro del sistema que detentamos, de eso no me cabe ninguna duda pero de modificar a erradicar dista un abismo, máxime si las propuestas de los nuevos iluminados se caracterizan en una cerrazón a todo lo conocido.
Al final, el voto emitido para con este partido político y, ulterior referéndum se ha convertido en un voto basura, con todos mis respetos, unas elecciones abocadas al fracaso por parte de sus dirigentes que, desde el minuto uno eran conscientes de la imposibilidad de cumplimentar los parámetros planteados en su proyecto político.
Este planeta estás sobrado de individualismos y lo que hay que hacer es remar todos juntos contracorriente, no erigirse en nuevos profetas cuya analogía histórica es de todos conocidos y que han fracasado estrepitosamente a lo largo y ancho de la misma, sin distinción.
La tomadura de pelo no cesa, siento vergüenza ajena, es, inentendible, que un pueblo crea semejantes despropósitos y saquen pecho de ello, eso sí, en su momento, cuando, a día de hoy se han dado de bruces con la realidad más tangible y paupérrimamente caótica con la que se han podido encontrar.
Siempre se ha manifestado que la persona que olvida su pasado está, irremediablemente condenado a repetirlo, sin embargo esta rotunda afirmación, constatada en la historia, no tiene eco en los oídos de cientos de personas que aún no entienden que el papel lo aguanta todo pero la realidad es más trabajada.
Finalmente, si, efectivamente se ha llegado a un acuerdo, basta de futuros inciertos, la Unión Europea no puede convertirse en una Unión Temporal de Empresas en la que cada socio pretende sacar el mayor provecho posible de sus acciones, sino todo lo contrario, debe suponer el afianzamiento de una solidaridad a prueba de cualquier cataclismo, eso sí, con promesas cumplibles.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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