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La importancia social de la educación de adultos

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Lunes, 27 de Abril de 2015 Tiempo de lectura:

A mi juicio, hay una gran diferencia entre ese segmento de la sociedad actual producto del fracaso escolar y aquella otra de hace cuarenta o cincuenta años que no tenía la suficiente preparación.

En una sociedad basada en el conocimiento, se hace necesario, ahora más que nunca, el acceso a información y a conocimientos actualizados, unido a la motivación y a la cualificación para usar de modo inteligente esos recursos individualmente y en relación con el conjunto de la comunidad, como clave para reforzar la competitividad y mejorar la capacidad de inserción y adaptabilidad profesional.

En un mundo social y político complejo, los ciudadanos desean planear sus propias vidas, tienen que participar activamente en la sociedad y deben aprender a convivir de forma positiva con la diversidad cultural, étnica y lingüística. La educación, en el más amplio sentido de la palabra, es la clave para aprender y comprender cómo afrontar esos retos.

Todavía sabemos poco de cómo generar un aprendizaje autónomo productivo ya que aprender, en última instancia, es un proceso social.  Hay dos objetivos importantes del aprendizaje permanente: promover la ciudadanía activa y mejorar la empleabilidad. Es aquí donde la Educación de Personas Adultas y los centros que la imparte cobran una indudable importancia social. Uno de esos centros, el denominado “Fernando Marrero Pulido” que abarca los municipios de Arucas y Firgas,  ha cumplido recientemente veinticinco años de existencia.

Para los que hemos dedicado toda nuestra vida profesional a la Educación de Personas Adultas, es muy importante el hecho de que un centro dedicado a esta parcela educativa cumpla un cuarto de siglo. Y los es también para los municipios que abarca porque contribuye a desarrollar en los mismos una importante dinamización social ya que, entre otras cosas, está permitiendo a muchas personas adultas que acuden al mismo reencontrarse con la formación y descubrir que la edad no es impedimento para aprender.

A pesar del trabajo entusiasta que despliega la mayoría de los profesionales que trabajan en esta parcela educativa, todavía queda mucho por hacer si se quiere dar a la Ley de Educación de Adultos de Canarias la dimensión que debe tener porque no hay que olvidar que es una Ley que se refiere a la totalidad de las actividades educativas y formativas desarrolladas en Canarias que tengan como destinatarios a las personas mayores de dieciocho años, sean promovidas por instituciones o entidades públicas o privadas, así como las que puedan realizar las personas adultas a través del auto aprendizaje y que tengan por finalidad adquirir, actualizar o ampliar sus capacidades y conocimientos para su desarrollo personal, social o profesional.

Esto no sólo debe estar presente en la mente de los profesionales que trabajan en los centros de adultos, sino que debe ser para ellos como una especie de “santo y seña” que les permita defender la esencia de la educación permanente frente a todos aquellos que todavía creen que la educación de las personas adultas no merece el tratamiento que la propia Ley le da.

A la hora de uno explicarse la existencia de reticencias a dar a la Educación de Adultos la importancia que merece, habrá que preguntarse si la razón radica en una falta de capacidad para desarrollar dicha Ley o una nula voluntad política para llevarla a cabo influida por el escaso conocimiento que muchos responsables de la Consejería de Educación tienen de lo que significa hoy en día el reto del aprendizaje permanente, más aún en Canarias debido a los graves déficits  educativos que estamos padeciendo en los últimos años.

Hay que tener en cuenta que muchos padres y madres actuales han sufrido las consecuencias de una política educativa nada eficaz y no tienen los suficientes argumentos para inculcar a sus hijos el valor del estudio, el valor del esfuerzo, la necesidad de estar mejor preparados.

A mi juicio, hay una gran diferencia entre ese segmento de la sociedad actual  producto del fracaso escolar y aquella otra de hace cuarenta o cincuenta años que no tenía la suficiente preparación. Y la gran diferencia radica en que aquella sociedad no tenía preparación porque no tuvo acceso a ella pero la valoraba  e inculcaba a sus hijos la necesidad de formación. La actual  ha tenido acceso pero no la valora.      

De ahí que debamos lograr aglutinar voluntades y recursos en torno al hecho indiscutible de que la educación y la formación tienen ahora más importancia que nunca a la hora de influir en las posibilidades que poseen los ciudadanos de empezar, situarse y mejorar en la vida. Hay que contribuir a hacer tomar conciencia de que aprender ayuda a construir una vida satisfactoria y productiva, independientemente de la situación laboral y las perspectivas de cada uno.

Hay que dar la enhorabuena al Centro de Educación de Personas Adultas “Fernando Marrero Pulido” por su 25 aniversario y desear que, manteniendo el espíritu de quien da nombre al mismo, pueda celebrar muchos años más. 

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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