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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

La tragedia de los inmigrantes

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Jueves, 23 de Abril de 2015 Tiempo de lectura:

Muchos africanos y otras personas que proceden últimamente de países de Oriente Medio, han de experimentar un auténtico calvario antes de introducirse en esas frágiles e inseguras embarcaciones...

Cientos de personas, hombres, mujeres y niños, perecen constantemente en el Mediterráneo y en el Atlántico, en su intento de alcanzar lo que ellos creen “el paraíso europeo”, de la misma forma que otros seres en el Nuevo Mundo pretenden arribar al llamado “sueño americano”, no sin antes  sufrir una serie de calamidades, o dejar su vida en el camino.

No son sólo personas que desean mejorar su calidad de vida. Una parte de quienes se aventuran a subir a una patera o a un barco viejo y destartalado son refugiados que huyen de situaciones adversas en sus propios países: persecuciones políticas, o religiosas, torturas, guerras civiles, inseguridad, naciones desestructuradas. Otros lo hacen por falta de trabajo, hambrunas, y completo abandono del estado hacia sus ciudadanos. Detrás de todas estas tragedias figuran las mafias que trafican con seres humanos y se aprovechan de sus desgracias.

Muchos africanos y otras personas que proceden últimamente de países de Oriente Medio, han de experimentar un auténtico calvario antes de introducirse en esas frágiles e inseguras embarcaciones en las que desean llegar a nuestras costas. Se acusa a los gobiernos europeos de no tener corazón, de que no desean solucionar el problema que crea esta emigración clandestina, sin ningún tipo de regulación ni orden y que se convierte, en la mayoría de los casos, en las tragedias que conocemos a diario.

El politólogo, filósofo, sociólogo y catedrático francés, de origen argelino, Sami Naïr, especialista en movimientos migratorios y creador  del concepto de codesarrollo, ha asegurado que le parecía increíble que “la Europa ilustrada” permitiera esta situación tan inhumana. Pero, al mismo tiempo, cree que el problema hay que buscarlo en sus raíces, en las naciones africanas y que habría que tratar de solucionarlo  con premura en su origen y no dejar que se anquilosen y eternicen.

El hecho evidente es que los países europeos se distribuyeron África en siglos anteriores ocupándose solamente  en explotar sus recursos mineros y riquezas. Tampoco se preocuparon del bienestar y de la calidad de vida de sus habitantes y, cuando se produjeron paulatinamente las independencias de las naciones africanas, tanto los países europeos como otras potencias mundiales continuaron con su explotación y han apoyado, en la mayoría de los casos  a los dictadores que surgieron o a países anti democráticos,  manteniéndoos en el poder porque así convenía a sus intereses y  negocios.

Narra señala que tendría que haber un organismo internacional, principalmente con la involución de los más prósperos,  que destinara fondos al desarrollo de esos países, a lograr su estabilidad, su seguridad, su ordenamiento político y jurídico, su educación, su sanidad, la defensa de los derechos humanos  y a eliminar todo tipo de carencias.

Si esos países funcionaran como es debido, si estuviesen controlados y bien organizados no se daría pie para que actuasen en su interior mafiosos, traficantes de personas, de drogas o de armas, grupos terroristas, fanáticos religiosos, como yihadistas, del estado islámico, gente de Al-Qaeda o de  Boko Haram o de cualquier otro signo. Toda esta situación de inestabilidad e inseguridad es la que impide que estos países se desarrollen adecuadamente y lo que propicia esa salida masiva de gente que busca un mejor futuro para ellos y sus descendientes. Es un reto que deben asumir tanto la ONU (que está demostrando ser poco eficaz) como las naciones más ricas del mundo, si realmente tienen sentimientos solidarios, que pueden hacer extensibles a otros continentes que cuentan con naciones subdesarrolladas. Si no se hace, tendremos más tragedias y dramas humanos en aguas internacionales. 

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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