ICONOCLASTIA
Denuncias en diferido
Las denuncias en diferido, sobre todo en el ámbito de la política, tienen la misma credibilidad que los contratos o pagos en diferido.
Igual que en los partidos políticos hay pagos o contratos que se cobran en diferido, como contó en aquella ocasión Cospedal de Bárcenas en el mayor ridículo público hecho por la secretaria general del PP en su historia, con trabalenguas incluidos, también en política existen las denuncias en diferido. Verbigracia, la realizada por Soria a Bravo de Laguna, al que ahora, terminando su mandato, acusa de haber usado la presidencia del Cabildo como su despacho particular desde que tomó posesión. O la acusación hecha por la ex mujer de López Aguilar contra el ex ministro de Justicia, si bien en este caso no hay denuncia formal en los juzgados, pero sí declaraciones tras una derivada abierta por dos incendios en su casa.
Las denuncias en diferido, sobre todo en el ámbito de la política, tienen la misma credibilidad que los contratos o pagos en diferido. La misma que la secretaria general del PP, que a tiempo parcial se dedica también al Gobierno de Castilla-La Mancha. Cuando alguien no denuncia en el instante en el que debe hacerlo y espera a otro momento propicio, la acusación se desvanece como una pastilla efervescente en un vaso de agua.
Es posible que la demanda sea cierta o que la querella no carezca de fundamento, pero al formalizarla de manera diferida da la impresión de que se quiere hacer daño a alguien en un momento preciso. O simplemente la tardanza te convierte en cómplice del abuso que quieres perseguir.
Si las personas que denuncian ahora, meses o años después, no lo hicieron antes, es fácil colegir que lo hacen por venganza o porque tienen algo inconfesable que ocultar.
Es algo tan palmario que lo entenderían hasta esos “seres humanos normales” a los que se refiere y se dirige Mariano Rajoy, ese ser supremo de otra galaxia que no nos lo merecemos como presidente del Gobierno en un país que al parecer está lleno de marcianos que no entienden lo que dicen y hacen sus líderes.
Rajoy es, con diferencia, el peor presidente de gobierno que ha tenido España en las últimas décadas. Tanto que ha convertido extrañamente a Zapatero en un héroe. Este registrador de la propiedad no sirve más que para eso, para registrar propiedades. Para eso y para irte con él a tomar unas cañas, que en su caso no es poco. Con él te ríes por no llorar.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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