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Berriel y el tsunami

Viernes, 21 de Septiembre de 2007
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Lo malo de los buenos negocios clandestinos es que acaban resultando demasiado populares. Lo digo por el consejero de Política Territorial del Gobierno de Canarias, Domingo Berriel, del cual, en sus dos meses escasos de repetido mandato, no se le conoce otra ocupación que la de ser profeta del Apocalipsis, lanzando todo tipo de rayos contra una serie de dúplex situados en la urbanización de Hoya Pozuelo (Telde, Gran Canaria).Asegura el casto Berriel que una sentencia judicial le obliga a derribar 27 viviendas, cuyos ocupantes viven tan próximos al mar que sus vidas corren serio peligro. Y es a éso a lo que él se dedica: a preservan limpio y armónico el territorio, y a impedir que los humanos se ahoguen en el caso de que arribase una crecida impensada. Al fin y al caso esa y no otra debiera ser la razón filosófica de la Ley de Costas nacional a la que se agarra el consejero. Pero ocurre que en la sentencia de marras el juez no escribe en ningún momento que los dúplex tengan que ser demolido; lo único que significa es que el expediente iniciado en el año 2000 por el talibán mauricista, Pedro Gómez –ex director de la Agencia de Medio Ambiente- está bien hecho y no se observan en él vicios administrativos (para colmo la sentencia es consecuencia de una aclaración solicitada por el promotor a los tribunales ante las continuas injerencias de la Consejería). De la misma forma Berriel oculta a la opinión pública que no son 27 los dúplex implicados sino 10, y que el constructor jamás pudo haber empezado la obra si no hubiese contado con una licencia municipal otorgada por unanimidad por todas las fuerzas políticas de Telde, en pleno convocado al efecto. Hablando en plata: la superficie con la que pretende hacer “justicia” Berriel es de 600 metros cuadrados, mientras que el total de la urbanización alcanza los 200.000 m2; es decir: quiere cargarse las casas de diez familias que suponen el 0,3% de todas las que llevan el nombre de Hoya Pozuelo. A esta ridiculez hay que añadir otra: no existen mojones a la vista que garanticen una medida precisa desde la pleamar hasta el primero de los dúplex. Es más: la dirección de Costas reconoce en uno de sus informes que el deslinde no puede realizarse satisfactoriamente al no disponer de aparatos adecuados… No obstante, y considerando que la ley ubica la zona de servidumbre en los cien metros, ¿a qué distancia se encuentran, aproximadamente, los dúplex amenazados de Hoya Pozuelo?... Según la administración central a 88 metros o a 89 (no se aclaran); a 95, 96, 105 incluso, según otras mediaciones. En cualquier caso está muy lejos del mar. Las casas se erigen sobre una altura de 23 metros y, a su vez, esa plataforma, en su camino hacia el agua, se topa con un barranco de 11 metros de profundidad. O sea: que aquí lo que tenemos es a un venal seguidor de Al Gore y de sus teorías sobre el cambio climático, y desde su despacho de la Consejería de Política Territorial Berriel concluye que el deshielo de los casquetes polares atraerá un tsunami de proporciones gigantescas, que en un lugar concreto de Canarias, en la costa de Telde, donde se erige exactamente la urbanización de Hoya Pozuelo, levantará olas por encima de los 35 metros. Por lo que Berriel, congestionado de un supremo rigor por el trabajo efectuado a conciencia, que sólo los espíritus turbios son incapaces de sondear, seguro como está de que un Gran Baño anegará los diez dúplex de Hoya Pozuelo, está intentando salvar ferozmente a diez familias de una muerte segura. Debe quedar claro que el consejero, en su infinita sabiduría, no contempla esa ducha apoteósica para ninguno otro lugar del Archipiélago, cuyas costas están surcadas por miles de viviendas, chiringuitos, hoteles, construcciones de todo tipo, cerca muy cerca de la costa, algunas palpitando sobre la misma arena, empapándose el hormigón casi en el salitre del mar. Esa obsesión leguleyo de Berriel contradice algunos de sus actos recientes, por ejemplo: los deseos de satisfacer a empresarios que antes cerraron acuerdos con sus jefes políticos, procurando colarlos por el espumoso ventanal de la moratoria. En cuanto al Gobierno, qué decir. ¿Observancia de la ley?... Según para qué y para quién. A una familia la desahuciaron y la abandonaron a la suerte de la Sala de lo Contencioso por ampliar la sede del Parlamento. ¿Cuántas viviendas completamente ilegales ha legalizado este Gobierno en los últimos años? ¿Acertamos si damos una cifra de 50.000?... Seguramente me quedo corto. Digamos algo sobre la buena voluntad de los políticos. A finales de la pasada legislatura, CC, PSOE y PP, pactaron en el Parlamento una PNL para resolver el problema de los vecinos de Hoya Pozuelo. Todos estaban de acuerdo hasta que surgió la voz de María del Mar Julios: <>. Claro, no era el momento y recularon. De modo que en aquel instante existía voluntad política suficiente para resolver el contencioso y todo hubiera salido razonablemente si el mauricismo, Julios, Fernando González o Pedro Gómez, no hubiesen vetado la solución. Otro ejemplo más: los tribunales analizan la situación, en plenas dunas de Corralejo (Fuerteventura), de los dos hoteles de Riu, y determinan su ilegalidad. Hay que tirarlos… ¿Hay que tirarlos y sin embargo el Gobierno central negocia con el grupo balear para que sigan en pie los hoteles durante 30 años más a cambio de que les vendan la titularidad de los derechos sobre la isla de Lobos? ¿Alguien sabe de un juez que haya exclamado que ése no era el espíritu de su sentencia? Observen quiénes son los señores que rodean a Berriel en la Consejería que gobierna. Sigue siendo territorio comanche, con el mauricismo, en su retirada, en su patético rush final, solloza sus últimos días vengándose de todo aquel que lo combatió. Berriel le está agradecido a Mauricio. Sabe que apostó por él, que lo defendió, y que lo volvió hacer consejero; y que su sombra es larga pese a que ciertas almas ingenuas crean en su retirada. Y hay más cosas, más conexiones, y más felicidad entre ellos, que ahora no toca describir Por eso, cuidadito, no suceda que lo clandestino termine siendo demasiado popular. El acertijo alcanza su final: nadie, con una cabeza medianamente bien amueblada, monta un lío de estas características por diez dúplex situados en Telde. Un derribo de esta naturaleza, tal como están las cosas ahora en Gran Canaria, con un dominio casi absoluto de PSOE y Nueva Canarias en las instituciones, sólo lograría degradar aún más la imagen del presidente Rivero y, probablemente, aniquilar cualquier esperanza de que un nacionalismo a la vera de ATI resucitara en la isla redonda. Es venganza, pandemia, las armas de las serpientes y de los jesuitas. Sucede que el promotor de Hoya Pozuelo no se esconde para certificar su apoyo en la última campaña electoral a Román Rodríguez y a los socialistas. Eso le convierte en enemigo íntimo del régimen. Sin comerlo ni beberlo. El viejo aserto: o estás conmigo o contra mí. Lo intentaron coaccionar para que pasara por taquilla sin éxito. Como el empresario se negó, Berriel, espoleado por los que le colocaron en el pesebre, amenaza con tirar unas casas que cualquiera, con un mínimo de dignidad y de respeto al cargo que ocupa, protegería, pues lo que está en juego es la mala baba, la pésima digestión de un fracaso de unos individuos carentes de escrúpulos, que en su ira ciega han de pagar unos ciudadanos inocentes. Particularmente me gustaría ver las casas caer. Me gustaría estar en primera fila de un montón de filas observando la labor de los tractores. Me gustaría presenciar cómo el poder político desgracia los ahorros de diez familias por un caprichito personal de unos caciquitos que recibieron en las últimas elecciones 4.400 votos, que eso sí que duele. Y me gustaria escuchar las felicitaciones a Berriel de Mauricio y… de Soria, sin cuyos ánimos desde la Consejería de Economía y Hacienda y, sobre todo, desde el trono que sobre la provincia oriental le ha otorgado su pacto con Rivero, sería imposible que Berriel se desgastase tanto en liberar Hoya Pozuelo de la fuerza poderosísima de un tsunami que solamente mora en su alquilada imaginación. Se desplomarían diez casas, pero a cambio el sueño de Rivero de refundar el nacionalismo en Gran Canaria en torno a Soria, a Román Rodríguez, en torno a un milagro, sería asolado por un tsunami de verdad. Y todos en ATI lo saben: sin Gran Canaria el proyecto está cojo.
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