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CRISTOBAL D. PEÑATE

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Disfraces godos

CRISTOBAL D. PEÑATE Ver comentarios 1 Miércoles, 11 de Febrero de 2015 Tiempo de lectura:

Ana Oramas llamó goda a la juez del mogollón carnavalero ante la estupefacción del gremio judicial

   Ana Oramas llamó goda a la juez del mogollón carnavalero ante la estupefacción del gremio judicial, que protestó solemnemente la salida de pata de banco de la diputada nacionalista, que estos días anda cabreada con la magistratura porque le tienen un marcaje a su sucesor en la alcaldía de La Laguna y candidato de CC a la presidencia del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo.

  Oramas aclaró a los señores magistrados que en Canarias godo es un apelativo que nada tiene que ver con la procedencia de los personajes sino con su proceder, aunque en realidad tiene que ver con las dos cosas. A nadie se le ocurriría llamar godo a un canario de pura cepa (y menos si es nacionalista), por muy borde y petulante que sea.

  El caso es que todo este follón que se ha armado con el mogollón del carnaval de Las Palmas y los vecinos insomnes de Santa Catalina merece mención aparte. Los vecinos, aunque son minoría, tienen sus razones para la protesta. A nadie le hace gracia que a mitad de una semana de invierno te toquen desafinadamente ‘¿qué hiciste, abusadora?’ en el portal de tu casa en horas intempestivas de la madrugada.

  Y menos aún que una murga sandunguera te repita hasta los tuétanos esas letras horribles compuestas por cretinos de gusto pésimo. Parafraseando al ‘cuanto más conozco a las personas más quiero a mi perro’, habría que decir que cuanto más escucho las chirigotas de Cádiz más me acuerdo de la madre de los murgueros.

  En esta democracia de bajo coste somos muy de fastidiar a las minorías. Si viene una marea de soplagaitas cantando y gritando hasta el amanecer, orinando en las esquinas y rompiendo vasos contra el asfalto, le aplaudimos hasta la extenuación y los políticos de turno permiten el abuso para no perder votos en las inminentes elecciones.

  Algo parecido ocurría en las inmediaciones del antiguo Estadio Insular cuando jugaba Las Palmas con el Osasuna o el Valencia. Los policías locales hacían la vista gorda con el consentimiento de sus jefes para que los aficionados aparcaran en triple fila, en los vados y encima de las aceras mientras duraba el partido. O todavía hoy en el carril derecho de la autovía cuando hay regatas de vela latina canaria.

  Tenemos unos políticos muy flojos que se acojonan cuando llega la masa festiva y amorfa, la misma que les vota si se portan bien y les permite abusar ciertos días al año de otros ciudadanos minoritarios. Hasta que llega una juez y manda a parar. Entonces la llaman goda, pero no estoy muy seguro que a todos los canarios nos guste el carnaval. Hay más godos canarios de los que creemos.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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