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Viviendo en San Borondón

El “lajerío” en Vecindario

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Domingo, 08 de Febrero de 2015 Tiempo de lectura:

Resulta sorprendente que no se hayan borrado inmediatamente unas groseras e indecentes pintadas, no se pueden calificar de graffitis sin ofender a los artistas

El municipio de Santa Lucía de Tirajana, en la isla de Gran Canaria, lleva mucho tiempo destacando por su gran labor socio cultural, digna de ser considerada un hito importante en la cultura popular.  Se programan en sus centros todo tipo de actividades, que atraen a un público deseoso de eventos de calidad de toda la isla, no sólo de ese municipio sureño.   

Los cursos que se celebran en el Ateneo Municipal, o los eventos que se programan en el teatro Víctor Jara, son de un nivel, interés y calidad poco frecuente.  Yo mismo he tenido el placer de asistir a algunos cursos de fotografía de un grandísimo nivel, pero que son impartidos con una pedagogía tan singular que hace posible seguirlos a un amplio abanico de personas, con todo tipo de formación previa.  Eso sin contar con las inolvidables veladas teatrales en el Víctor Jara y las fiestas populares en sus calles.

El Ayuntamiento de Santa Lucía tuvo la feliz iniciativa de conseguir un acuerdo con los mejores grafiteros del lugar, para definir los lugares en donde ellos pudieran desarrollar sus, con frecuencia, obras de arte efímero sobre paredes de solares o medianeras bien visibles para los viandantes.  Así se embellece el entorno y se evitan algunos de los desagradables murales que se ven en otros municipios.  Es una experiencia, que aunque haya sido copiada de otros países y no sea del todo original, bien merece ser secundada por otros ayuntamientos.  Imitar lo bueno es de gobernantes sensatos, tolerar lo malo o lo grosero es de irresponsables o de populistas sectarios.

Por todo lo anterior, resulta sorprendente que no se hayan borrado inmediatamente unas groseras e indecentes pintadas, no se pueden calificar de graffitis sin ofender a los artistas, que están dibujadas sobre las paredes de una cancha deportiva muy cercana al Ateneo.  Y también, siguiendo la política que desarrolló en Nueva York el alcalde Rudolf Giuliani de “tolerancia cero”, condenar a los responsables a reparar a su costa el daño causado.  En un pueblo como Vecindario se conocen todos, en especial a los amigos del spray.  Debiera ser muy fácil identificarlos. Si  fueran menores de edad, además del castigo ejemplar para esos antisociales, las responsabilidades económicas recaerían sobre sus padres.  Y probablemente ambos, deberían asistir obligatoriamente a unos cursillos de civismo y de educación para la ciudadanía, lo que antes se llamaba urbanidad, no de aquellos politizados de hace unos años.

Imagino además que algunas pintadas, pixeladas o borradas en estas fotos que se acompañan, podrían ser calificadas de machistas y otras, sin duda, de violencia de género.  Poca gracia les deberá de hacer a unos padres, ver el nombre y apellidos de su hija en las paredes, calificándola vejatoriamente.  Por eso mismo, resulta inexplicable que el Ayuntamiento no haya procedido de inmediato a borrarlas y perseguir de oficio a los responsables.

Dos pintadas me han resultado particularmente llamativas.  Una, invitando a mantener relaciones sexuales, pero escrita e inglés.  Al menos el “laja” de turno ha aprendido una frase inglesa en las aulas, menos da una piedra y no se pueden pedir peras a un olmo.  La otra, al leerla, me recordó “Los complejos” una película del realismo italiano de los años sesenta, en la que se contaban varias historias.  Una de ellas se llamaba “Muchas cuerdas para un violín”, que trataba del funeral de un bígamo.   Aquí en Santa Lucía, el émulo de Don Juan Tenorio escribe en los muros:  “Te amo Lucía, Ita a tí también”...  y es que Vecindario es un pueblo de plagado de sorpresas y contrastes multiculturales pintorescos e insólitos.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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