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La libertad de expresión

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Viernes, 23 de Enero de 2015 Tiempo de lectura:

La libertad de expresión supone que todos los seres humanos tienen derecho de expresarse sin ser hostigados debido a lo que opinan

Tras el ataque terrorista al semanaria “Charlie Hebdo”, ha sonado mucho lo de “Libertad de expresión” y muchas también las noticias que está generando y que están envueltas en la controversia porque controvertida es y será la interpretación que se dé a este término.

La libertad de expresión supone que todos los seres humanos tienen derecho de expresarse sin ser hostigados debido a lo que opinan. Representa la posibilidad de realizar investigaciones, de acceder a la información y de transmitirla sin barreras.

Aunque la expresión nunca debe ser objeto de censura previa, sí puede regularse a partir de la responsabilidad ulterior. Esto supone que, con la libertad de expresión, no se puede impedir que una persona se exprese, pero sí se la puede penar por sus mensajes.

Por lo tanto, el derecho a la libertad de expresión no es absoluto. La legislación suele prohibir que una persona incite a la violencia o al delito, que haga una apología de la discriminación y el odio o que estimule una guerra. En un país con libertad de expresión no se puede promover el rechazo racial o incentivar los asesinatos porque la libertad de expresión implica deberes y responsabilidades, fundamentalmente para proteger los derechos de terceros, del Estado, del orden público o de la salud moral de la ciudadanía.

La clase de humor deliberadamente ofensivo del referido semanario puede parecer a muchas personas atrevido y provocador porque supone meterle el dedo en el ojo a la autoridad y ridiculizar las creencias religiosas de otros, pero también puede haber una mayoría que no acepta este tipo de humor. Esa mayoría trata de mostrar un mínimo de respeto hacia las personas con fe y creencias diferentes. Intentan entablar conversaciones escuchando, dialogando, en lugar de insultando.

En las  sociedades sanas no se silencia el discurso, pero se concede un estatus diferente a los distintos tipos de personas. A los eruditos sabios y considerados se les escucha con gran respeto. A los humoristas se les escucha con un semirrespeto desconcertado. A los racistas y a los terroristas se les escucha a través de un filtro de oprobio y falta de respeto. La conducta es lo que hace que la gente sea respetada y escuchada con atención.

No se puede estar de acuerdo con que se mate a gente por hacer una crítica social, política o religiosa, pero la libertad de expresión tiene un límite que se llama respeto y por eso habría que cuestionarse la actitud de un semanario  que hace mofa y burla de todas las religiones.

Se puede defender su existencia pero no que nos coloquen confusos cartelitos y eslóganes que pueden inducir a pensar que todo el mundo aprueba esa mofa y esa burla. Una cosa es condenar el atentado a un semanario sea del tipo que sea, y otra es identificarse  con él.  Por otro lado, hay que rechazar la hipocresía de quienes hoy dicen una cosa y mañana hacen lo contrario en su país, en su universidad, en su tierra, en su municipio o en su colegio donde la tolerancia puede estar bajo mínimos.

Hacer seguidismo de eslóganes sin más no es siempre conveniente porque los eslóganes son siempre reductivos y necesariamente no pueden expresar exactamente un pensamiento. El eslogan francés contra el terrorismo de Al Qaeda y del Estado Islámico se ha llegado a identificar con un semanario cuyo contenido es una sátira y una mofa de las religiones.  Un semanario que no se toleraría en Estados Unidos donde no se  toleró que un profesor universitario explicara la doctrina de la Iglesia católica sobre la homosexualidad y se le despidió, o en Cataluña o en el País Vasco porque no se le permitiría que hiciera sátira y befa del catalán o de las instituciones vascas, de sus símbolos y su acerbo, o en Italia, porque va contra su Constitución que exige el respeto para todas las religiones. 

Hay que respetar la libertad de expresión, pero la misma no puede ser una especie de patente de corso para burlarse de las creencias de millones de personas porque como ha dicho el Papa Francisco: “No puedes jugar con la religión de los demás. No puedes insultar su fe o reírte de ella".

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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