Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Opinión: Después del fuego y en espera de las lluvias

Martes, 28 de Agosto de 2007
Tiempo de lectura:
Domingo Viera.- Vino el fuego, de la mano de un desaprensivo, y todos hemos lamentado muchas cosas: que las instituciones públicas no se hayan preocupado durante tantos años de cuidar el monte; que no se hubieran puesto en marcha los colectivos de voluntarios que ahora se nos dice que sí y que los van a formar para ello; que los campesinos no hayan tenido ni medios ni autorización para deshacerse de lo que les sobraba y estorbaba, ahora quemado; etc. Ahora nos lamentamos de las consecuencias graves de una falta de previsión más grave aún. Es, pues, necesario responder pronto y con generosidad a las consecuencias que ha tenido para los vecinos y para el medio ambiente esta catástrofe, pero se hace imprescindible aprender a tener previsión, a actuar con planificación, con perspectiva.

Año tras año hemos venido viviendo y sufriendo los vecinos de los distintos pueblos del municipio y la propia zona turística las consecuencias de unas lluvias que, de repente y en un corto espacio de tiempo, descargan en nuestro municipio. Año tras año se inundan casas, comercios, etc., porque año tras año se dejan de hacer las actuaciones preventivas necesarias en las calles, carreteras, imbornales, desagües, correntías, etc.

Tanto la prevención del fuego como de los desastres causados por las lluvias son un servicio público. Un servicio público que se ha de llevar a cabo durante todo el año de forma planificada y con los medios necesarios. Con el fuego ya hemos experimentado desgraciadamente lo que ha sucedido. También hemos experimentado lo que ha sucedido en años anteriores con las lluvias.

Ya es hora de que la institución municipal tome el toro por los cuernos y lidere la puesta al día de calles, aceras, desagües y todo aquello que es necesario corregir para prevenir el que las aguas no vuelvan a entrar en las casas y en los centros turísticos o comerciales y que los vecinos tengamos que estar, primero, con el corazón en un puño por si llueve de repente y no podamos hacer nada y, segundo, que correr, de día o de noche, para taponar como podamos las puertas y ventanas (sí, ventanas) de nuestras casas, desatascar los desagües públicos, etc. para que no se nos meta el agua y perdamos lo poco que tenemos en ellas (como ya les ocurrió a muchos vecinos con el fuego).

Las lamentaciones no sirven de nada. Ni para el fuego ni para las lluvias. Y cuando el mal está hecho (los propios vecinos lo están diciendo ya por lo del fuego) se nos viene al recuerdo la frase de Cervantes en El Quijote: ¡cuán largo me lo fiais!. Una vez hecho el daño sólo queda repararlo, pero hay daños imposibles de reparar: los daños que quedan en el alma y en la conciencia ante algo que pudo ser evitado y no lo fue, la desconfianza progresiva (¿irreversible?) en las instituciones públicas y sus representantes y, como consecuencia, la desidia que es la enfermedad que desintegra progresivamente la participación en los asuntos colectivos.

Hay una nueva oportunidad ante las lluvias que están por venir. La respuesta es la prevención. ¿Aprenderemos o volverá a suceder?. Ahora no nos podrán decir que no lo sabían.

Tu comentario
Tu comentario

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.4

.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.