Viviendo en San Borondón
Eufemismos para un referendo
En las últimas décadas ha proliferado en España, dentro de los eslóganes políticos
En las últimas décadas ha proliferado en España, dentro de los eslóganes políticos, el uso de eufemismos para decir lo que no se quiere decir directamente porque sería ilegal, risible o escandaloso, pero que si se dice de otra forma se puede engañar un poco, o un mucho, a los ciudadanos. Son las insinuaciones y disimulos que inmortalizó el genial Gila en varios de sus monólogos, aunque probablemente quien los utiliza no se sienta un cómico sino un político.
Ejemplos hay para dar y tomar. Por ejemplo, lo de las “indemnizaciones diferidas” para referirse Cospedal al sueldo de Bárcenas, o que sería prevaricación no soltar al asesino etarra Bolinaga, etc. Aunque este género de eufemismos del politiqués llegó a su máximo esplendor en la etapa zapaterina. Recuerden lo de nación, concepto “discutido y discutible”; “Otegui es un hombre de paz”; no hay crisis sino “crecimiento negativo”; hay “brotes verdes”, probablemente de plantas alucinógenas apostilló algún gracioso; “el dinero público no es de nadie” o aquella de Magdalena Álvarez: “es que el aeropuerto de Barajas es 'muh' grande”...
Y ahora toca “eufeminizar” en Canarias. Los miembros del Gobierno y unos pocos cargos públicos y militantes a la espera de destino que les aplauden, se han empeñado en realizar un referendo, parafraseando a Zapatero “manipulado y manipulable”, para justificar su oposición al petroleo. O para tener un plan B que les facilite un discreto mutis por el foro, caso de no resultar la consulta popular como ellos desearían, con una población cada vez más informada de la realidad, aunque sin mentar la bicha de la hipotética contaminación por la Refinería.
El consejero de Presidencia, Hernández Spínola, explicó que se trata de una consulta que “formalmente nada tiene que ver con un referéndum”. Probablemente él lee entre líneas, allí donde los demás sólo vemos espacios en blanco, sutiles diferencias formales por más que el resultado o efecto sea el mismo y pueda ser usado demagógicamente a su libre antojo. Ante tal razonamiento, un socarrón vecino de café mañanero en el bar al que sólo le faltaba el Virginio para ser como Pepe Monagas, apostilló: “cristiano, que se lo consulte a Mr. Google, que lo sabe todo y además no desparramará el dinero público”. ¡Bien dicho!, se oyó por allí.
La verdad es que para abundar en el retorcimiento político de lo que debiera ser un recto proceder, el consejero, siguió desgranando más eufemismos en versión autóctona. Como no se puede consultar legalmente a los canarios sobre asuntos que no sean competencia de la Comunidad Autónoma, no se preguntará directamente sobre las prospecciones petrolíferas en esa consulta que no es consulta, sino únicamente por la opinión ciudadana sobre las consecuencias que tendría un hipotético derrame sobre el turismo y el medioambiente.
Pero una alarma ha saltado cuando ha dicho, así como de pasada, que los ciudadanos podrán participar en este referendo de forma telemática. Conviene saber que una votación electrónica tiene dos partes, la identificación del votante y la emisión y registro del voto de esa persona en concreto. Por mucho que les digan que el gobierno de turno no tratará de ligar a cada persona con el sentido de su voto, ¿usted confiaría sin dudarlo en que mañana no aparezcan listas negras de desafectos a las propuestas del “régimen”? Casos de esos, haberlos los ha habido. Y también fraudes en los recuentos, sin haber permitido auditar exhaustivamente los programas electrónicos. Y esos mismos políticos han proclamado la limpieza del proceso...
Puede parecer una cuestión menor y de mucho progresismo eso de votar por Internet, pero hoy en día casi ningún país del mundo los ciudadanos se fían de los partidos políticos y de los gobernantes a la hora de mantener el secreto del voto. En el caso de España, ya se han denunciado casos de falta de garantías en el anonimato con el voto por correo, donde la identificación de la persona va junto con la papeleta. Y en estas cuestiones tan delicadas que afectan a los legítimos derechos democráticos de las personas, hay dos refranes aplicables, “la confianza mató al gato” es uno y el otro “quien evita la ocasión evita el peligro”.
Por esto mismo, este sistema de emisión del voto no se ha popularizado ni generalizado en el mundo, aunque sí se ha introducido la informática para facilitar significativamente la elaboración, inclusión o rectificación de votantes en el censo usando medios telemáticos, que no liga ni almacena en ese momento persona con voto.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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