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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

Los nuevos colonizadores

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Lunes, 21 de Julio de 2014 Tiempo de lectura:

La consecuencia de todo esto es que hubo muchos terratenientes, gente adinerada, a la que se sumaron luego comerciantes venidos de diversos paises europeos, que manejaron las fianzas y la economía de Canarias.

Como la mayoría de la población isleña sabe, Canarias fue conquistada por España hace más de cinco siglos y tras muchos años de lucha, en los que casi fueron eliminados todos sus habitantes, bien por las continuas guerras o por las capturas que hubo llevándoselos como esclavos. Hoy en día, esto se llamaría genocidio y, a lo mejor, era tratado por convenios internacionales en defensa de los derechos humanos o algo así, aunque tampoco son temas que preocupen demasiado a las grandes potencias, o a la ONU, pero, para quedar bien,  lanzan hipócritas palabras de reproche y demás. Si no, miren el genocidio de palestinos por parte de Israel, o el de saharauis. Por ejemplo.

Continuando con el asunto que nos trae hoy, después de la conquista de cada isla venían colonos de diversos lugares de España, incluídos judíos conversos,  Portugal, Europa...para ocupar tierras que deberían cultivar o para guardar ganados, o se las repartían  personas influyentes ante la Corte de Castilla, o algunos de los jefes de las mismas tropas que colaboraron a reducir a los guanches que quedaron.

La consecuencia de todo esto es que hubo muchos terratenientes, gente adinerada, a la que se sumaron luego comerciantes venidos de diversos paises europeos, que manejaron las fianzas y la economía de Canarias. Al aumentar la población, se incrementaron también los problemas y como no había tierra para repartir entre todos, los menos favorecidos y desposeídos de patrimonio tuvieron que emigrar a varios lugares de América, existiendo lo que se llamaba el Tributo de Sangre, que facilitaba el transporte de muchos canarios que se quisieran establecer en los amplios territorios americanos o en islas del Caribe.

Conocemos la historia de los canarios que fueron llevados a las inhóspitas

tierras pantanosas  del Misisipi, en la actual Luisiana, o de  Florida, los que fundaron San Antonio de Texas,  o Montevideo, en Uruguay, y otros tantos lugares en la isla de Cuba, Santo Domingo o en Puerto Rico.

La cuestión es que, después de muchos años transcurridos, los canarios, en general,  no viven todos con prosperidad  ni se ve  mucho futuro. Somos demasiados y hay quienes piensan que no se regula la inmigración y aquí cada cual hace de su capa un sayo, ya que se establece quien quiera, sin que nadie se lo estorbe. Bienvenidos los que vienen a contribuir a nuestra prosperidad y desarrollo, pero no puedo decir lo mismo de quienes se aprovechan de las circunstancia y de la tolerancia de la que gozan para realizar trabajos ilegales o acciones claramente delictivas. No hablo de procedencias ni de países para que no me tachen de racista, pero esa es la realidad.

Ustedes saben que al peninsular que viene aquí con ínfulas de superioridad y presumiendo, se le dice “godo”. Es el clásico enteradillo que también se aprovecha de esas circunstancias, o que habla más de la cuenta.

Pero todavía hay algo peor. Me refiero “al godo canario”, que puede actuar peor que el auténtico godo, o es cómplices de las injusticias que se cometen en estas islas. Es el nuevo colonizador, el nuevo caciquillo, el que se pliega a los deseos de algún político influyente, o a las presiones de las potentes empresas españolas o multinacionales. Los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura, en su gran mayoría, pueden hablar ampliamente de este recurrido asunto.

No les interesa saber su opinión, ni quieren que se realicen consultas populares, a pesar de que dicen que tenemos una Constitución democrática, pero no contempla ese supuesto. Hace tiempo que yo tengo mis dudas de que España sea una auténtica democracia. La Justicia no funciona (lo hace tarde y mal); los trabajadores han perdido casi todos los buenos logros que tanto costaron conseguir, hay cargos superiores de grandes empresas que se ponen unos sueldos astronómicos (y sabrosos retiros) que cualquier trabajador normal nunca podría  ni soñar; existen políticos corruptos e imputados y, no solo no les pasa nada, sino que continúan en sus puestos, sin dimitir. Y otras muchas irregularidades que podría contarles pero que se haría muy largo detallar.

Ahora, tenemos el caso de esta islita  de caciques y cacicadas, en la que una empresa hotelera se quiere quedar con parte del Oasis de Maspalomas que es un espacio natural protegido (o que, al menos, debería estarlo), o sea, que es patrimonio de todos los canarios, y no veo a nadie que se haya manifestado en contra de tal expolio. Ni ecologistas, ni ciudadanos de a pie, ni auténticos canarios que protesten. Además, hemos visto como ha surgido una grande y peligrosa mancha de petróleo (aviso de los que puede ocurrir si hay prospecciones y algún vertido)  en la costa de Agüimes, y nadie sabe quien lo hizo, ni cómo se produjo, ni a nadie que se responsabilice del desaguisado.

¿Y qué me dicen de los deseos de privatizar el aeropuerto de Gran Canaria por parte de AENA, para luego ocupar el terreno aledaño, incluido el del populoso barrio de Ojos de Garza, para zonas industriales y comerciales que se les asignará a los amigos o al mejor postor.?

La verdad es que, a veces, dan ganas de salir corriendo, pero ¿o dónde vamos?

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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