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Editorial: Enajenados mentales

Lunes, 13 de Agosto de 2007
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¿Se han dado cuenta que triste es el mundo? O será que en este sur se observa con mayor detalle los casos de personas con serios problemas de conducta Marcos Ponte.- Desgraciadamente en la mayoría de los casos son personas que rechazan tratamientos profesionales para superar sus problemas de alcoholismo, shock pos traumático, ludopatías, personalidad sexual y un largo etcétera. Fracasados en su vida laboral, familiar o incluso en sus carreras académicas están en todas partes. A veces no sabemos si los años nos dan más visión de la realidad o es que siempre han existido. Quizás se han multiplicado debido al cambio climático, la globalización, el euro, y otros factores que podrían ser determinantes de esta "plaga". Realmente, a veces lo pasamos muy mal cuando los periodistas se dan cita en cualquier punto informativo y sólo hay que mirar un poco alrededor para contarlos como hormigas. Se intentan acercar, pero no se atreven porque saben que no están en su lugar. Posteriormente, en sus "medios de comunicación", esos que ellos mismos compraron porque no hay quien los contrate en la mayoría de los casos se comportan como auténticos expertos. ¿Qué hacen? ¿Por qué están aquí? ¿A qué han venido? ¿Por qué a nosotros? Los que llevamos casi una veintena de años en la profesión nos lo preguntamos cada día. Suponemos que en todas las profesiones padecen sus problemas, pero el periodismo ha sido la gran víctima. La profesión vive una época agridulce. Por un lado, la incorporación de las nuevas tecnologías nos han facilitado el trabajo hasta límites insospechables, sin embargo, por otra, se le ha dado la oportunidad a quien no lo merece y el intrusismo no tiene límites. Estamos de acuerdo en que la libertad de expresión y el derecho a comunicar algo es para todos sin excepción, sin embargo, la forma en la que se utilizan por algunos estos derechos deja mucho que desear. Pasar de una cocina al teclado, de una barra a un micrófono o de un taxi a una televisión son saltos muy atrevidos. Sobre todo cuando la inconsciencia no les deja ver la responsabilidad y preparación necesaria para dirigirse a miles de personas que esperan información. Si a nuestros vecinos se dirigen estos personajes que juegan a periodistas y les cuentan a diario noticias copiadas de otros medios informativos, o entrevistas tediosas e insignificantes, ¿qué credibilidad tienen los medios de comunicación? Una realizad que empeora cuando se permite a personas sin los mínimos conocimientos en la materia, cargadas de rencor o con motivaciones ideológicas, o económicas, que utilicen un medio de comunicación para extorsionar, intimidar o convertirse en aquella persona que nunca fue, lamentable. No queremos con este editorial señalar a nadie porque realmente, en la mente de todos hay una lista de iluminados que no han sabido aprovechar su oportunidad y lamentablemente han desembocado aquí. La red permite a cualquiera convertirse en lo que desee. Ya se sabe que lo mejor, pero también lo peor de este mundo está en la red desgraciadamente que funciona de espejo de la realidad. Desde los más ilustres personajes de la cultura y las ciencias, hasta las redes de pederastas o mafias organizadas, por poner un ejemplo. Es Internet, un lugar que le da cabida a cualquier persona de este planeta independientemente de sus intenciones. Y en la red también aparecen ahora los nuevos personajes cuya vida se ha reducido a un foro, por ejemplo. Afortunadamente la anarquía en la red se acabará y cada vez son mayores las investigaciones policiales abiertas o con éxito sobre aquellas personas que la usan para beneficio propio, dañar, insultar, injuriar o calumniar, entre otros delitos. Una vez más queremos resaltar nuestra posición junto a aquellos que sólo hemos trasladado nuestra experiencia periodística a la red defendiendo los valores deontológicos de la buena comunicación. Que la red se convierta en un espacio que respete las leyes, normas éticas y morales, y que transmita información veraz y transparente, lo que depende en buena medida de sus lectores, quienes tienen la potestad de aprobar o rechazar
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