Instituciones democráticas y socialmente responsables
Revertir esta conspiración antidemocrática “desde arriba”, no va a ser sencillo
Los poderosos y los ricos -espoleados por la indiferencia humanitaria y la avaricia económica que les son características- continúan en la vulneración de los principios democráticos que rigen los Estados Sociales de Derecho. Desnaturalizando las instituciones internacionales y comprometiendo la supervivencia material del conjunto de la ciudadanía en los distintos países, los términos actuales que pretenden imponer las cúspides de poder -ahora, “legítimamente”- son la tiranía política y el clasismo económico.
Eso es lo que evidencia la esperpéntica conducta de los distintos gobiernos centrales y organizaciones internacionales desde el estallido de esta crisis, ya sistémica: aún reconociendo que la inmensa mayoría social sigue perdiendo derechos y poder adquisitivo, se pretende revertir la situación con más pérdidas políticas y económicas para todos, excepto para las élites de poder, que han aprovechando el descalabro general para aumentar, autoritaria y desaforadamente, sus privilegios y sus riquezas.
Revertir esta conspiración antidemocrática “desde arriba”, no va a ser sencillo: se lleva mucho tiempo promocionando y aceptando el “Pan y Circo” de la Roma antigua, remozado en consumismo de baratillo y en distracciones omnipresentes difundidas mediáticamente. Y parece que, ahítos de golosinas y espectáculos, se nos ha olvidado que el único progreso civilizatorio auténtico es el cumplimiento de las condiciones y los fines precisos a la extensión universal de la dignidad humanitaria. Persuadidos de que la política, también en democracia, es asunto para las élites y los profesionales, temerariamente conformados a que, sin responsabilizarse comunitariamente, iba a ser posible aumentar la justicia social, hemos llegado a consentir la iniquidad de que el 10% de los integrantes más privilegiados de la sociedad vivan sobre las necesidades y los derechos del 90% restante.
El precio de dejarse ir por el espejismo de que los pastores son los que mejor cuidan a las ovejas, si no se es uno de ellos, es una vida precaria y una muerte prematura. Es momento de dejar ya que la venda se caiga de los ojos: los zorros no son quienes mejor gestionan los intereses de las gallinas. Y no hay nada de sorprendente en que los pirómanos, aún metidos a bomberos, sigan quemándolo todo.
Metáforas aparte, este es un viejo conflicto que no se puede eludir: el dominio y el expolio es una vetusta lacra en la historia de la humanidad que, mientras no se erradique, volverá a pugnar por prevalecer en cada ocasión que se presente a los misántropos, a los que pretenden que la libertad, la igualdad y la fraternidad no son para cada ser humano.
La opresión y la explotación no van a cesar, mientras haya quienes saquen ventaja de ello, los abusadores no van a compadecerse de sus víctimas, está en la esencia del sistema beligerante, clasista y machista. Solo con instituciones democráticas y socialmente responsables podremos orientarnos hacia un presente de respeto y solidaridad. Solo así, nuestro futuro será soportable, solvente y sostenible. Y dejémonos de cuentos, mientras nos comportemos como ratones, nunca le pondremos el cascabel al gato.
Eso es lo que evidencia la esperpéntica conducta de los distintos gobiernos centrales y organizaciones internacionales desde el estallido de esta crisis, ya sistémica: aún reconociendo que la inmensa mayoría social sigue perdiendo derechos y poder adquisitivo, se pretende revertir la situación con más pérdidas políticas y económicas para todos, excepto para las élites de poder, que han aprovechando el descalabro general para aumentar, autoritaria y desaforadamente, sus privilegios y sus riquezas.
Revertir esta conspiración antidemocrática “desde arriba”, no va a ser sencillo: se lleva mucho tiempo promocionando y aceptando el “Pan y Circo” de la Roma antigua, remozado en consumismo de baratillo y en distracciones omnipresentes difundidas mediáticamente. Y parece que, ahítos de golosinas y espectáculos, se nos ha olvidado que el único progreso civilizatorio auténtico es el cumplimiento de las condiciones y los fines precisos a la extensión universal de la dignidad humanitaria. Persuadidos de que la política, también en democracia, es asunto para las élites y los profesionales, temerariamente conformados a que, sin responsabilizarse comunitariamente, iba a ser posible aumentar la justicia social, hemos llegado a consentir la iniquidad de que el 10% de los integrantes más privilegiados de la sociedad vivan sobre las necesidades y los derechos del 90% restante.
El precio de dejarse ir por el espejismo de que los pastores son los que mejor cuidan a las ovejas, si no se es uno de ellos, es una vida precaria y una muerte prematura. Es momento de dejar ya que la venda se caiga de los ojos: los zorros no son quienes mejor gestionan los intereses de las gallinas. Y no hay nada de sorprendente en que los pirómanos, aún metidos a bomberos, sigan quemándolo todo.
Metáforas aparte, este es un viejo conflicto que no se puede eludir: el dominio y el expolio es una vetusta lacra en la historia de la humanidad que, mientras no se erradique, volverá a pugnar por prevalecer en cada ocasión que se presente a los misántropos, a los que pretenden que la libertad, la igualdad y la fraternidad no son para cada ser humano.
La opresión y la explotación no van a cesar, mientras haya quienes saquen ventaja de ello, los abusadores no van a compadecerse de sus víctimas, está en la esencia del sistema beligerante, clasista y machista. Solo con instituciones democráticas y socialmente responsables podremos orientarnos hacia un presente de respeto y solidaridad. Solo así, nuestro futuro será soportable, solvente y sostenible. Y dejémonos de cuentos, mientras nos comportemos como ratones, nunca le pondremos el cascabel al gato.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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