La propiedad del agua
El agua es, por tanto un servicio público de primer orden que cada día que pasa despierta la codicia privatizadora y monopolizadora
La energía y el agua son
elementos esenciales para la vida, para la soberanía y para la existencia de un
país y por eso no deberían ser objeto de especulación. Sin embargo, el control
de los combustibles fósiles, y por tanto de la energía, se ha ido mudando en
las últimas décadas a un ritmo vertiginoso de la propiedad pública a
El
agua no se ha librado de estas prácticas voraces de acaparamiento (se calcula
que un 75% estará en las próximas décadas en manos privadas) y de las
consecuencias de la degradación del medio ambiente. A pesar de ser un elemento
esencial para la vida (la salud, el medio natural, el clima, los alimentos e
incluso buena parte de la energía depende de ella), en estos momentos casi 700
millones de personas sobreviven sin agua potable. Según la ONU, un tercio de la
humanidad vivirá en 2025 en zonas con escasez de agua. Por esa fecha la reserva
de agua potable para consumo humano será de apenas de un 3% del total existente
y, al ritmo que la consumimos en estos momentos, en menos de dos décadas
necesitaremos un 40% más de agua para subsistir. La mayor parte de los
analistas coinciden en afirmar que en los próximos años la falta de agua
potable será una de las causas fundamentales de enfrentamientos bélicos en los
distintos continentes, que se sumará a las hambrunas, epidemias y catástrofes
naturales.
El
agua es, por tanto un servicio público
de primer orden que cada día que pasa despierta la codicia privatizadora y
monopolizadora. En esta espiral mundial de privatizaciones al abrigo del
neoliberalismo, Europa no se podía quedar al margen. A finales del año pasado
Afortunadamente, la respuesta ciudadana europea no se hizo esperar. De inmediato se puso en marcha un movimiento conformado por distintas organizaciones que terminó confluyendo en una Iniciativa Ciudadana Europea que defiende el derecho al agua y al saneamiento como derecho humano. Y se hace valedora de su importancia estratégica como bien público y no comercial. Millones de firmas y manifestaciones consiguieron en poco tiempo frenar la directiva, aunque no las intenciones que se van concretando poco a poco en distintos países, con rechazos importantes como los que se dieron en Italia forzando la convocatoria de un referéndum. Se abre un enfrentamiento claro entre la troika y distintas ciudades europeas como París, que recuperó el servicio hace unos años, o Berlín y muchísimos otros ayuntamientos alemanes que han optado por lo mismo.
Pero
en España el PP siempre ha querido ser
más papista que el Papa. Estas cosas de
la resistencia ciudadana les entran por un oído y les salen por otro. Se las
trae al pairo y abraza la fiebre privatizadora con enorme entusiasmo. En estos
momentos casi un 50% del suministro de agua se encuentra en manos privadas (la
mayor parte lo controlan FCC y Agbar) y no cesan las presiones y la elaboración
de normas (como la recién aprobada reforma de la administración local) para obligar a los ayuntamientos a claudicar.
Aducen –y para crear una opinión favorable utilizan todos los medios a su
alcance- que la privatización potencia la competencia y abarata los costes, que
los servicios son más eficientes, que existe más posibilidades inversoras y que
se dispone de mayor capacidad tecnológica para afrontar retos de futuro. Pero esto
casi nunca es así. Según un informe de
ATTAC, para el Departamento de Economía
Aplicada de la Universidad de Granada los operadores públicos, por regla
general, son más eficientes en términos económicos, sociales y ambientales.
También el Observatorio de Privatizaciones de
Y si no que se lo pregunten a los ciudadanos
de Las Palmas de Gran Canaria o a los de Santa Cruz de Tenerife. En la capital
grancanaria, en medio de transfuguismos políticos y sospechas de corrupción, se
privatizó EMALSA, una empresa pública rentable en la que crearon un tremendo
agujero económico para después venderla al mejor postor. Irregularidades
administrativas y sentencias judiciales contradictorias, firmadas por el mismo
juez, y otras trapacerías, han desembocado en las últimas
semanas en una denuncia del alcalde de la ciudad ante la fiscalía, que ha
empezado por acusar a 15 directivos de “gestión desleal” y por señalar
alquileres lesivos, amén de otras anomalías. En medio, incriminaciones por la carestía del servicio,
por el aumento de las tarifas, por el incremento del déficit de la empresa, por
las nulas inversiones en el mantenimiento de las infraestructuras, por compras
de dudosa responsabilidad económica, por gastos sin control, por sueldos
millonarios y un largo etcétera de despropósitos. Y en la capital chicharrera
otro tanto. Como en el caso de LPGC aquí también tuvo que intervenir la
Justicia que terminó por anular el proceso de venta de la compañía, ya que se
dieron tanta prisa con el despropósito que no se cumplieron los plazos de
exposición pública del proyecto y porque el interventor municipal llegó a
alegar que se atentaba contra los
intereses de los ciudadanos y que se vulneraba
Afortunadamente, tanto en el conjunto de Europa como en España se cuentan por miles los municipios que andan en estos momentos en el proceso de revertir las privatizaciones a las que se vieron abocados en su día. Es lo mismo que piensan millones de ciudadanos. Es la evidencia de los hechos frente a la campaña interesada de desprestigiar y vaciar lo público.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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