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XAVIER APARICI GISBERT

De las necesidades a los derechos

XAVIER APARICI GISBERT Domingo, 19 de Enero de 2014 Tiempo de lectura:

Contra la evidencia de que hay necesidades básicas que hay que cubrir, ineludiblemente, para poder considerar que existen condiciones de vida humanitariamente dignas, desde las Universidades y los medios de comunicación de masas...

Nuestro mundo, en lo que atañe a la erradicación de las condiciones de vida miserables, continua siendo profundamente insolidario. Aunque los recursos y medios de mejoramiento generalizado son más que suficientes, múltiples poblaciones, infinidad de personas, malviven constreñidas por las lacras de la indefensión y la pobreza.

La versión de esta tragedia humanitaria en el llamado primer mundo resulta especialmente escandalosa: mientras las élites de poder continúan aumentando desaforadamente sus posesiones, viviendo en el más obsceno despilfarro, y entre una opulencia de productos y servicios que no deja de crecer, cada vez más  gente lo pierde todo –trabajo, dinero y hogar- y se queda, literalmente, con lo puesto y excluida.

Y ello, a pesar y despecho de la Declaración de los Derechos Humanos, que debería ser el aliento del concierto de las naciones en torno a la ONU, de las Constituciones Democráticas y los Estados Sociales, que, aún, estipulan las condiciones de sentido y legitimidad de los países occidentales ¿Cómo es posible que hasta en el “primer mundo” la desorbitada riqueza medre en un ambiente de desposesión y empobrecimiento, sin mayores alarmas sociales?

Desde el punto de vista político-económico, la ideología neoliberal y el sistema capitalista –las dos caras del reaccionarismo antidemocrático imperante- llevan décadas promocionando, frente al respeto de las dignidades sociales y su salvaguarda responsable, las posiciones intelectuales más relativistas y las actitudes sociales más egoístas.

Contra la evidencia de que hay necesidades básicas que hay que cubrir, ineludiblemente,  para poder considerar que existen condiciones de vida humanitariamente dignas, desde las Universidades y los medios de comunicación de masas, se ha defendido una interesada equiparación entre las necesidades primordiales y los meros deseos o aspiraciones.

Así, las necesidades humanas fundamentales -a la subsistencia, la protección, el afecto, el entendimiento, la participación, el ocio, la creación, la identidad y la libertad- no serían sino que un conjunto de deseos que los individuos apetecen, aspiraciones puramente psicológicas, que, por ello, pueden crecer indefinidamente o modificarse, tanto en calidad como en cantidad. Y siendo un asunto de subjetividades y de gustos, serían la capacidad de adquisición y el mercado, los medios por los que se obtendría su consecución.

Nada que ver con el bien común o el interés general. Nada de responsabilidades públicas e institucionales: pura oferta y demanda entre particulares que son quienes, racional y soberanamente, establecen lo que más les conviene a sus intereses. Este es, ni más ni menos, el criterio básico de la predominante Teoría neoclásica de la demanda y del equilibrio del consumo.

No obstante estas manipulaciones, lo que es de auténtica sensibilidad humanitaria, es la constatación de que la naturaleza humana tiene una existencia real y común y que hay que aspirar, como objetivo primordial comunitario, a la satisfacción de las necesidades de dignidad que requiere. Tal como lo expresa el economista Álvarez Cantalapiedra: “El léxico de los derechos humanos se construye sobre la gramática  de las necesidades y su óptima satisfacción es tarea que incumbe a toda la sociedad a través de sus instituciones.”.

 

Xavier Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social.

http://bienvenidosapantopia.blogspot.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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