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XAVIER APARICI GISBERT

Injusticia y estrés

XAVIER APARICI GISBERT Viernes, 13 de Diciembre de 2013 Tiempo de lectura:

Solo aparentemente los estados depresivos son contrarios a los ansiosos. Bien es cierto que la ansiedad se vincula a estados de alerta continuados y generalizados en exceso y que la depresión se asocia a la pura apatía.

Como en el resto de las patologías, en las dolencias psicológicas la predisposición orgánica puede ser determinante para enfermarse, según sea de vulnerable a los entornos estresantes y de capaz de recuperar el equilibrio tras episodios de inquietud. Así mismo, la convivencia continuada en ambientes de “lucha y fuga” insalubres, aumenta las probabilidades de que se mermen los ánimos y se padezcan síndromes asociados al estrés.

A nivel somático, es la región del cerebro relacionada con las emociones, el sistema límbico, la más afectada por estos padecimientos, en particular, la amígdala cerebral, el “sensor de amenazas”, una estructura que interviene en la percepción de los estímulos que suscitan agresividad y miedo. La amígdala interactúa con la capa superior del cerebro, donde se realizan tanto los procesamientos de información sensorial (como es el reconocimiento de un rostro con expresión amenazante) como el análisis de abstracciones (de, por ejemplo, un discurso donde se describa como inevitable la destrucción de multitud de empleos). Este orgánulo también se relaciona con partes del cerebro medio y el tallo cerebral, que actúan autónomamente con respecto a la conciencia, provocando sensaciones y respuestas subliminares e irracionales.

Estas peculiaridades del sistema nervioso humano y de su órgano neurológico explican el por qué de que, en múltiples ocasiones, nuestras pasiones nos dominen o nuestras creencias nos enfermen. También permiten comprender la íntima relación entre la ansiedad y la depresión. Solo aparentemente los estados depresivos son contrarios a los ansiosos. Bien es cierto que la ansiedad se vincula a estados de alerta continuados y generalizados en exceso y que la depresión se asocia a la pura apatía. Sin embargo, la desolación depresiva es también muy activa, tanto que ha llegado a definirse como un estado de “agresión vuelta hacia dentro”. Muy a menudo, cuando el estrés al que nos somete nuestro entorno social se vuelve más crónico, la ansiedad conduce a la depresión.

La medicalización de los sinsabores de una vida cotidiana sometida a precariedades arbitrarias, donde muchos se ven constreñidos a estados de alerta constante o de desamparo continuado para beneficio de minorías insolidarias y tiránicas, resulta de una injusticia mayor, pues las necesidades para tener una vida en dignidad y salud, los derechos que las permiten cubrir, no se compensan con sedantes y estimulantes.

Aún con los efectos adictivos y consecuencias tóxicas que acarrea el uso de ansiolíticos y antidepresivos, el aumento de su consumo se ha disparado en los últimos años en toda Europa. En España, donde este tipo de tratamientos se prescriben ya en los centros de salud de atención primaria, se ha doblado en diez años. En 2012, y solo en lo que se refiere a antidepresivos, las farmacias dispensaron mucho más de treinta y ocho millones de envases de estos medicamentos. Todo ello, aunque su efectividad para remediar las depresiones leves y moderadas esté científicamente más que cuestionada.

Como si tal cosa, el sufrimiento por causa social se trata con medios reservados a padecimientos de origen endógeno. Y aunque se nos advierte en contra de las adicciones a las drogas y se nos castiga por su uso, cuando se prescriben por un sanitario, estar colocado se convierte en algo “saludable”. En una última pirueta de las cúpulas del poder para mantenernos parasitados y sumisos, se han decretado patológicas las emociones sociales normales de indignación y abatimiento. En estas circunstancias, mantenerse despierto y sobrio resulta hasta emancipatorio. Desentumezcamos, pues, nuestras inteligencias y sensibilidades. Por salud, por justicia.

 

Xavier Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social.

http://bienvenidosapantopia.blogspot.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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