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JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE

Ricart duerme al lado de las vías del tren...su víctimas, en el cementerio

JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE Miércoles, 11 de Diciembre de 2013 Tiempo de lectura:

Miguel Ricart, en su breve estancia en Cataluña, ha tenido que dormir junto
a las vías del tren

Miguel Ricart, en su breve estancia en Cataluña, ha tenido que dormir junto
a las vías del tren porque nadie ha querido acogerlo ni en la más mísera
pensión. Como cristiano sé que está mal desear el mal ajeno y regocijarse
en el sufrimiento porque, normalmente, todo lo malo que le deseas a otra
persona, por muy criminales que hayan sido sus actos, se acaba volviendo en
contra de uno. Sin embargo, lo reconozco, cuesta muchísimo abstraerse del
hecho de que este tipo fue el autor (o uno de los autores) material del
asesinato vil y cobarde de Toñi, Miriam y Desireé, las tres niñas de
Alcàsser que jamás pensaron que hacer autostop iba a suponer para ellas su
último viaje en vida, un viaje hacia la muerte más cruenta que la mente
humana pudiera imaginar.



Por eso, aunque sea políticamente incorrecto decirlo, ninguna pena me da
que Ricart esté tirado cual rata o perro callejero vagabundeando por ahí en
busca de unos cartones con los que guarecerse de las inclemencias de tener
que dormir al raso. Es igual. Me dan más pena los familiares de estas
niñas, que hoy serían todas ellas unas mujercitas hechas y derechas,
posiblemente casadas y con bebés. Estas chicas, hoy enterradas en el
cementerio, jamás tuvieron la oportunidad de elegir sobre dónde querían
dormir cuando Anglés y Ricart las torturaron hasta dejarlas sin una gota de
vida. No les dijeron que se fuesen a dormir a la vía. No, se divirtieron
con ellas, abusaron todo lo que quisieron y luego, como el que se levanta
de un pantagruélico almuerzo, las enterraron y allí las dejaron hasta que
meses después fueron descubiertos los cuerpos.



A mí, sinceramente, lo único que me preocupa de que Ricart esté durmiendo
en la calle es que puede cruzársele el cable a las primeras de cambio (algo
casi telegrafiado por los psicólogos de la prisión) y cometa un crimen.
Estamos ante un sujeto que no tiene ya nada que perder, que cuenta con el
repudio de toda la sociedad española y que va a ir vagando de ciudad en
ciudad hasta que se le agote la paciencia y entonces opte por coger al
primer inocente que pase por su lado y fulminarle de raíz. Sinceramente,
¿se han medido por parte de los tribunales de Justicia cuáles son las
consecuencias de tener a alguien así suelto a sus anchas y que tiene todo
el potencial del mundo para delinquir y matar sin mayores miramientos?
Mucho me temo que no y esperemos no tener que arrepentirnos.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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