Belén Esteban o como pasarse de la raya
Más allá de que reconoce que se tenía que meter droga para poder aguantar en pie durante determinados momentos, la obra en cuestión no aporta nada
Se veía venir. Belén Esteban ha escrito (bueno, eso dice ella) un libro y
está de ‘road show’ por los programas de la pantalla amiga. ¿Y qué tiene
que decir la que pomposamente llaman la ‘Princesa del pueblo’? Pues nada.
Más allá de que reconoce que se tenía que meter droga para poder aguantar
en pie durante determinados momentos, la obra en cuestión no aporta nada
que no supiéramos ya, básicamente porque toda su vida ha sido televisada,
fotografiada y hasta tuiteada. ¿Quedaban secretos que conocer? Pues
prácticamente ninguno, pero siempre habrá una legión de incondicionales que
se tiren en plancha en su librería habitual y se hagan con un ejemplar de
‘Ambiciones y reflexiones’ (original, la chica, desde luego no es a la hora
de poner títulos).
Lo que Belén Esteban demuestra con la publicación de su libro es que
cualquiera en este país puede sacar una obra. Todos somos potenciales
escritores, tan solo tenemos que currarnos una trama, una historia que
contar (y si tiene dosis de escándalo, mejor que mejor). Lo importante es
estar en el lugar adecuado en el momento preciso. A ver, esta señora
compitió con miles de exacerbadas fans que le tiraban bragas, ligas y
sujetadores en aquellas corridas taurinas sólo para ellas que organizaba
Jesulín de Ubrique. Ella supo arrimarse al diestro mejor que ningún toro y
de ahí saltó a la fama y a entrar en una espiral de exclusivas con
rupturas, reconciliaciones, boda, nacimiento y los ‘Andreíta cómete el
pollo’.
Después, relaciones de medio pelo, otro arrejuntamiento con Fran Álvarez y
de nuevo vuelta a estar en el papel couché con constantes idas y venidas
hasta acabar, una vez más aireando todos los trapos sucios, pelearse con
medio cortijo de ‘Sálvame’, reconocer unas adicciones (que posteriormente
se transformaron en drogas) y acabar desapareciendo y engordando como una
ternera, tanto corporalmente como el cheque que habrá percibido por ese
libro y por la ronda de entrevistas por las que, probablemente, también se
lleve su propina.
Sin embargo, se supone que el regreso al primer plano mediático de la
Esteban estaba motivado por su plena recuperación y se ha visto que, a las
primeras de cambio, sufre una recaída (según dicen por una dosis mal medida
de insulina y con un numerito de circo para que los equipos de emergencias
médicas entrasen en el chalet de la de Paracuellos). Bien haría la
‘Princesa del pueblo’ en ponerse en manos de profesionales y alejarse del
tóxico ambiente que le rodea. Salir en televisión, ahora mismo, no es lo
que más le conviene, por mucho que tenga que promocionar su libro (o
simulacro del mismo, claro).
está de ‘road show’ por los programas de la pantalla amiga. ¿Y qué tiene
que decir la que pomposamente llaman la ‘Princesa del pueblo’? Pues nada.
Más allá de que reconoce que se tenía que meter droga para poder aguantar
en pie durante determinados momentos, la obra en cuestión no aporta nada
que no supiéramos ya, básicamente porque toda su vida ha sido televisada,
fotografiada y hasta tuiteada. ¿Quedaban secretos que conocer? Pues
prácticamente ninguno, pero siempre habrá una legión de incondicionales que
se tiren en plancha en su librería habitual y se hagan con un ejemplar de
‘Ambiciones y reflexiones’ (original, la chica, desde luego no es a la hora
de poner títulos).
Lo que Belén Esteban demuestra con la publicación de su libro es que
cualquiera en este país puede sacar una obra. Todos somos potenciales
escritores, tan solo tenemos que currarnos una trama, una historia que
contar (y si tiene dosis de escándalo, mejor que mejor). Lo importante es
estar en el lugar adecuado en el momento preciso. A ver, esta señora
compitió con miles de exacerbadas fans que le tiraban bragas, ligas y
sujetadores en aquellas corridas taurinas sólo para ellas que organizaba
Jesulín de Ubrique. Ella supo arrimarse al diestro mejor que ningún toro y
de ahí saltó a la fama y a entrar en una espiral de exclusivas con
rupturas, reconciliaciones, boda, nacimiento y los ‘Andreíta cómete el
pollo’.
Después, relaciones de medio pelo, otro arrejuntamiento con Fran Álvarez y
de nuevo vuelta a estar en el papel couché con constantes idas y venidas
hasta acabar, una vez más aireando todos los trapos sucios, pelearse con
medio cortijo de ‘Sálvame’, reconocer unas adicciones (que posteriormente
se transformaron en drogas) y acabar desapareciendo y engordando como una
ternera, tanto corporalmente como el cheque que habrá percibido por ese
libro y por la ronda de entrevistas por las que, probablemente, también se
lleve su propina.
Sin embargo, se supone que el regreso al primer plano mediático de la
Esteban estaba motivado por su plena recuperación y se ha visto que, a las
primeras de cambio, sufre una recaída (según dicen por una dosis mal medida
de insulina y con un numerito de circo para que los equipos de emergencias
médicas entrasen en el chalet de la de Paracuellos). Bien haría la
‘Princesa del pueblo’ en ponerse en manos de profesionales y alejarse del
tóxico ambiente que le rodea. Salir en televisión, ahora mismo, no es lo
que más le conviene, por mucho que tenga que promocionar su libro (o
simulacro del mismo, claro).
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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