Los rebrotes ultras
Preocupa que en España se observe una especie de resurgimiento nostálgico de este tipo de comportamientos
Es posible que los brotes ultraconservadores, fascistas y nazis que están surgiendo en Europa se deban al malestar existente en parte de la sociedad, debido a la crisis y al desencanto de muchos jóvenes. Algunos gobiernos han reaccionado bien ilegalizando tales organizaciones, como es el caso de Grecia, y otros están controlados y mantienen una discreta presencia dentro de un estado democrático. Es lo que sucede en Francia con la familia Le Pen, por poner otro ejemplo. Las expresiones extremistas son, como se ven, bastante oportunistas.
Está claro que esas conductas en las que se defiende a los dictadores, las represiones o la falta de libertad no deben defenderse, ni tienen ningún sentido. Preocupa que en España se observe una especie de resurgimiento nostálgico de este tipo de comportamientos, que aún no están lejos en el tiempo, y que no ocurra nada. Y no ocurre cuando aún siguen vivas personas que tuvieron que ver con la represión franquista y que no han sido juzgados.
Policías sádicos, jueces implacables, funcionarios cómplices e, incluso, políticos que aún se sienten orgullosos del mantener en su despacho la imagen del dictador Franco y signos fascistas. Lo más que produce desasosiego es que todo aquel que intenta revolver ese nefasto pasado es anulado de alguna u otra forma, como fue el caso de Garzón. ¿Pasará lo mismo con los que quieren defender a los que desde Argentina piden justicia para sus parientes represaliados?
En la doctrina de los más recientes ultraconservadores figura la xenofobia, la oposición a la inmigración, la islamofobia indiscriminada, y la exaltación de los valores y signos patrios y de la tradición. Para ellos no existen el diálogo, la tolerancia, la buena convivencia sino los odios extremados. Sin embargo, en el caso portugués, donde se guarda aún la memoria de la terrible dictadura de Oliveira Salazar, no se produce añoranza por ese pasado sino que el descontento lleva a la población, y especialmente a los jóvenes, hacia posiciones de izquierda, pero desechando el socialismo y a la socialdemocracia.
En España nos debatimos en muchas historias. ¿Monarquía si, o no?¿Reforma territorial?¿Reforma del Tribual Constitucional y de la Justicia? ¿Fin de la impunidad de los políticos? ¿Transparencia o lo dejamos todo como está?¿Seguiremos siendo diferentes al resto de Europa, conservando siempre la imagen de país poco serio y escasamente fiable?¿Dejaremos que los indeseables del mundo dicten nuestras normas y leyes y las adapten a su gusto? (caso Adilson) ¿Habrá una recuperación económica pero dejamos atrás la política? Lo que puede consolarnos es que también Europa se muestra bastante desorientada y no sabe exactamente cual será su futuro y si se puede mantener esta Comunidad Europea tan desigual. Los próximos cambios pueden ser trascendentales para nuestra supervivencia.
Está claro que esas conductas en las que se defiende a los dictadores, las represiones o la falta de libertad no deben defenderse, ni tienen ningún sentido. Preocupa que en España se observe una especie de resurgimiento nostálgico de este tipo de comportamientos, que aún no están lejos en el tiempo, y que no ocurra nada. Y no ocurre cuando aún siguen vivas personas que tuvieron que ver con la represión franquista y que no han sido juzgados.
Policías sádicos, jueces implacables, funcionarios cómplices e, incluso, políticos que aún se sienten orgullosos del mantener en su despacho la imagen del dictador Franco y signos fascistas. Lo más que produce desasosiego es que todo aquel que intenta revolver ese nefasto pasado es anulado de alguna u otra forma, como fue el caso de Garzón. ¿Pasará lo mismo con los que quieren defender a los que desde Argentina piden justicia para sus parientes represaliados?
En la doctrina de los más recientes ultraconservadores figura la xenofobia, la oposición a la inmigración, la islamofobia indiscriminada, y la exaltación de los valores y signos patrios y de la tradición. Para ellos no existen el diálogo, la tolerancia, la buena convivencia sino los odios extremados. Sin embargo, en el caso portugués, donde se guarda aún la memoria de la terrible dictadura de Oliveira Salazar, no se produce añoranza por ese pasado sino que el descontento lleva a la población, y especialmente a los jóvenes, hacia posiciones de izquierda, pero desechando el socialismo y a la socialdemocracia.
En España nos debatimos en muchas historias. ¿Monarquía si, o no?¿Reforma territorial?¿Reforma del Tribual Constitucional y de la Justicia? ¿Fin de la impunidad de los políticos? ¿Transparencia o lo dejamos todo como está?¿Seguiremos siendo diferentes al resto de Europa, conservando siempre la imagen de país poco serio y escasamente fiable?¿Dejaremos que los indeseables del mundo dicten nuestras normas y leyes y las adapten a su gusto? (caso Adilson) ¿Habrá una recuperación económica pero dejamos atrás la política? Lo que puede consolarnos es que también Europa se muestra bastante desorientada y no sabe exactamente cual será su futuro y si se puede mantener esta Comunidad Europea tan desigual. Los próximos cambios pueden ser trascendentales para nuestra supervivencia.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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