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Viviendo en San Borondón

La incomprensible Playa de Melenara

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Jueves, 15 de Agosto de 2013 Tiempo de lectura:

Telde es un municipio lleno de contradicciones y de situaciones totalmente incomprensibles que inducen a pensar en una desidia, ineptitud o incompetencia municipal

[Img #16234]El municipio de Telde tiene una larga zona de costa muy interesante y atractiva para pasear por ella.  Basta recorrer sus playas y su costa, andando por el bien acondicionado y agradable paseo marítimo para comprobarlo, sobre todo en primavera y verano, aunque también en otoño e invierno, hay lugares y paisajes para todos los gustos, en unos con bañador o traje de “guiri” y en otros con ropita de abrigo por el viento y el fresquito.

Pero sin lugar también a dudas, Telde es un municipio lleno de contradicciones y de situaciones totalmente incomprensibles que inducen a pensar en una desidia, ineptitud o incompetencia municipal que, a mi entender, debiera ser corregida de inmediato por la propia corporación o por instancias superiores, llegando incluso a los tribunales si preciso fuera. 

Me  parece una feliz iniciativa haber habilitado una zona para merendero público en la parte sur de la Playa de Melenara, justo en la zona de pinos.  Es de esperar que los usuarios sean conscientes de que es un agradable lugar para disfrute colectivo y lo cuiden como harían en su propia casa, sin deteriorarlo o dejar suciedad y desperdicios.  En el acceso hay un enorme cartel con las normas de uso y disfrute de ese espacio.  Pretende ser bilingüe, en español y en inglés, pero en este último idioma sólo está el preventivo “Emergency telephone” y el “Prohibition”, palabra tan del gusto, uso y abuso de cualquier concejal que se precie.  Algunas de esas prohibiciones son más que discutibles, pero eso nos llevaría a otros lares.

Siguiendo por el paseo que bordea la playa, se llega a una zona antaño llena de vida, luz y color pero que ahora, de forma sorprendente, está con aspecto de abandono desde hace ya demasiados meses.  Allí íbamos muchos a merendar o a cenar, sentados frente a la arena de una playa encantadora, protegida por el dios Neptuno al que unos golfos gamberros gustan de arrebatarle el tridente a su antojo y, si se resiste, hasta el brazo.  Quisiera suponer, aunque quizás sea cosa de ilusos, que la policía habrá detenido a los autores de tamaña incívica conducta y la justicia los haya sancionado ejemplarmente, siguiendo la eficaz doctrina de “tolerancia cero” que impulsó Giuliani, el alcalde de Nueva York hasta 2002. 

Era esa la zona donde estaban afamados restaurantes populares, como Neptuno, La Rubia o el Puntón. Sin olvidar el ruinoso y desaprovechado, por mal planteado y peor diseñado, Restaurante Escuela.  Es de todo punto intolerable que por cuestiones administrativas, tal vez legales pero a todas luces fruto de una obvia incompetencia política, se esté dejando perder una oportunidad de ocio, negocio y empleo para empresarios, trabajadores y clientes que solíamos ir por allí a disfrutar con los amigos.  Pasó el invierno, siguió la primavera, se perderá el verano y quien sabe cuánto tiempo más, dejando de ingresar el Ayuntamiento las rentas por las concesiones. Sería muy bueno y ejemplarizante suponer que alguien debiera resarcir por tanto daño o perjuicio a tanta gente, con dimisiones o ceses y tal vez hasta indemnizaciones a su costa, no a cargo público. 

La playa en verano siempre está muy animada, incluso hasta que anochece, con bañistas y grupos jugando sin molestar a nadie con pelotas y raquetas, a pesar que el inevitable cartel repleto de prohibiciones, al igual que el anterior, lleno de iconos para que no haya dudas.  A mi entender, las limitaciones debieran dictarlas el sentido común y el respeto hacia los usuarios, no imaginados prejuicios genéricos del edil de turno, siendo corresponsable toda la corporación.  Deberían ellos preguntarse, a la hora de redactar o no rectificar obsoletas rdenanzas, por qué en Telde y en otros municipios se prohíbe lo que es normal y aceptado en casi todo el resto del mundo y se persigue el ocio ordenado, como es el caso de los juegos o llevar mascotas con dueños responsables que recojan hipotéticos excrementos, por cierto, cosa que no suelen hacer con las deposiciones humanas que entierran o dejan flotar en el agua.   

También resulta más incomprensible si cabe, el que el Ayuntamiento permita chiringuitos en la zona norte del paseo, algunos con aspecto tercermundista, y sin embargo no haya resuelto el expediente de los restaurantes fijos de toda la vida.  Así me lo manifestaban, atónitos, unos amigos extranjeros que me pidieron que los volviera a llevar a esa zona que tan buenos recuerdos les traían. Si ellos fueran como el personaje del humorista de Arucas, Jaime Marrero, hubieran exclamado arqueando las cejas: ¡más nunca, cristiano! 

Dudando de sus conocimientos del español, me pidieron que les confirmara lo que decía o pretendía decir un enorme cartel, que atenta contra el sentido común de nuestro idioma, ejemplo paradigmático de la corriente de “tontura lingüística” políticamente correcta en el feminismo radical. La pintada dice “Por ellos y ellas, por todos y todas parque urbano en Melenara”, en este caso doble tontura por creer que ellos y ellas no es redundante con todos y todas, a no ser que los tal cosa pancartearon sean esos ellos y ellas y no todos y todas… ¡qué cosas hay que leer.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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