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Xogara: Decálogo ético del buen político

Sábado, 07 de Julio de 2007
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En este articulo me voy a tomar la libertad de establecer una serie de principios éticos que deben ser considerados en el oficio del buen político. 1. Los buenos políticos tienen un compromiso con la realidad que pretenden transformar. Buscan el conocimiento y la información necesaria no solo para operar en la realidad sino para transformarla. son conscientes de que no pueden saberlo todo, pero que es imperdonable cometer errores por no tener la información oportuna y necesaria. El tipo de información que los buenos políticos precisan, le ayudan a conocer los desafíos, las oportunidades y amenazas, los conflictos actuales y potenciales, los recursos y alianzas que puede movilizar. Necesita en definitiva crear los sistemas de información y conocimientos precisos para formular y desarrollar una estrategia de cambio. El mal político conoce personas y hechos, gestiona conflictos y compra ambiciones, pero no tiene rumbo. Pone su conocimiento como máximo al servicio de las próximas elecciones. No sabría ponerlo al servicio de las próximas generaciones, porque no tiene visión, no tiene metas ni estrategias de cambio. Su pasión por el poder se agota en si mismo. 2. El buen político va mas haya de las elecciones, trata de sumar voluntades y relacionarlas con las instituciones, por eso la participación de los otros actores se da desde la institucionalizad, no desde el compadreo y el clientelismo 3. Los buenos políticos se orientan siempre a elevar la gobernabilidad y la institucionalizad existente. Cuando los políticos hacen algo valioso, pero no lo dejan institucionalizado, la supervivencia de lo que han hecho es casi imposible. Suele desparecer con el creador, que no habrá sido un buen político, al hacer depender el proceso de su persona. 4. El buen político tiene una estrategia de desarrollo, que lo concibe como parte de un proyecto total. El proyecto del buen político no es un plan irrealista, voluntarista, de esos que prometen resolver durante su mandato todos los males y que normalmente acaban en populismo, frustración y desgobierno. 5. Un buen político sabe que los cambios económicos y sociales que no quedan institucionalizados en la cultura cívica, en el fondo son una bomba de tiempo que antes o después estalla: la cultura de la caridad, las ayudas para familias empobrecidas, las ayudas en dinero para las gentes de las zonas mas desprotegidas, no producen ciudadanos sino clientes políticos. 6. Los buenos políticos impulsan siempre la transparencia, combaten la opacidad en la que se desenvuelven los malos políticos. Sin transparencias en el ámbito público tiene poco sentido la participación política y se hace muy difícil la rendición de cuentas. La transparencia se mide por el grado que un sistema permite a los ciudadanos acceder eficazmente a información relevante, confiable y suficiente. 7. Un buen político se orienta a la construcción y desarrollo del Estado de Derecho. Sabe que el Estado de Derecho dista mucho de ser una realidad para todos y todas, por eso propicia la independencia, la transparencia, la responsabilidad y la confianza en los jueces y legisladores. 8. Un buen político es consciente de la necesidad de mecanismos internos para controlar cualquier posible desmán en la utilización de los dineros públicos, pero al mismo tiempo, sabe que esos controles internos son insuficientes y serian necesarios también mecanismos mas amplios, externos e independientes y ademas los apoya. 9. Un buen político no cree que los políticos sean corruptos aunque sabe que todos, comenzando por el mismo, son corruptibles. 10. Por ultimo un buen político se esfuerza por el autoconocimiento y el autodominio. Sin ellos es imposible la autenticidad, la integridad. Sin ellos no se logra inspirar confianza, ni se consigue buena comunicación. Comunicar no es hablar bien, sino conseguir la atención y el respeto de la gente, lo que se hace imposible si la gente no percibe autenticidad en los mensajes, es decir, sino reconoce una coherencia ética entre el discurso y el ejercicio político
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