Ismael Rodríguez.- Me cuesta mucho escribir en estos momentos un artículo sobre Pacuco Guedes y mantener la mente fría. Intentaré ser lo más aséptico posible sabiendo que este artículo va a ser mirado con lupa, sobre todo por sus acérrimos y, en muchos casos, irracionales defensores, que también los tiene.
Conozco a Pacuco Guedes desde hace unos veintidós años, en la época en que el militaba en la Agrupación de Vecinos que lideraba Francisco Araña del Toro.
Fue una época en la que se cultivó el Concejal de barrios o pueblos, que poco menos era como el Alcalde de ese barrio, por encima de las delegaciones municipales que hiciera el Alcalde en su persona. La idea de la política que se cultivó en San Bartolomé de Tirajana (y en otros municipios) era hacer del correspondiente Concejal de cada barrio o pueblo un virrey, conseguidor y cultivador de votos a base de hacer favores o de enchufar a los de su barrio en el Ayuntamiento o en empresas dependientes, de una u otra forma, del gobierno municipal.
La política así entendida, que ha perdurado en gran medida hasta la fecha, consiste más en ser Concejal de barrio que en detentar una delegación. En muchos casos, el Concejal del barrio manda más en materia de vivienda o policía en su barrio, por poner un ejemplo, que los Concejales que tengan atribuida esas delegaciones por parte del Alcalde.
Si Pacuco Guedes lleva veintitantos años en la política, y casi siempre en el gobierno municipal, haciendo de bisagra cada vez que podía, ya nos podemos hacer una idea del clientelismo político que ha podido hacer, especialmente en el Castillo del Romeral, su lugar de residencia.
Mi relación personal, incluso la de una parte de mi familia, siempre fue buena con Pacuco Guedes. Llegamos a militar durante unos años en el mismo partido político, el PSOE. Mi entonces vida política se desarrollaba en Mogán y la de él en San Bartolomé de Tirajana.
Ahora llegan tiempos muy malos para Pacuco Guedes y su familia, y no seré yo quien haga leña del árbol caído. Por eso me gustaría poder opinar sobre la situación de Pacuco Guedes desde distintas perspectivas.
En el plano personal, Pacuco Guedes se encuentra actualmente en prisión provisional no eludible por fianza. Se le imputan tres delitos de corrupción política: cohecho (es decir, cobrar dinero en concepto de sobornos); malversación de caudales públicos (malgastar ilegalmente dinero del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, en beneficio de un tercero) y tráfico de influencias (hacer gestiones de trato de favor en beneficio ilegal de un tercero). Después de la vida y la salud, la libertad es el valor más querido, y Pacuco Guedes actualmente carece de libertad. Yo no me alegro de cómo lo esté pasando Pacuco Guedes en estos momentos.
En el plano familiar, la situación del entorno de Pacuco Guedes debe ser también un drama. Hablo de esposa, hijos y familiares allegados. Sé que son como una piña y valoro que sea así. Discrepo que esos lazos familiares les puedan conducir a la irracionalidad de los hechos conocidos y acontencidos contra los medios de prensa (especialmente contra el cámara de Antena-3) el día de la detención y registro domiciliario, y el día de su declaración en sede judicial. También rechazo la decisión de Pacuco Guedes de implicar a su hijo Jonás en sus casos de presunta corrupción política.
En el plano público, Pacuco Guedes representa a ese tipo de político mesiánico, capaz de los mejor y de lo peor. Con la misma facilidad que acude a las tres de la mañana a llevar a un enfermo a un hospital o se quita la comida de su boca para darla a alguien que está pasando hambre, también es capaz de hacer un cambalache creyendo que es lo más normal del mundo, porque siempre lo ha hecho y nunca pasaba nada.
Pero todo tiene un límite en política. La raya que delimita lo legal de lo ilegal y, presuntamente, Pacuco Guedes la rebasó. Los indicios, si no pruebas porque las diligencias penales están declaradas secreto de sumario, nos llevan a pensar que algo contundente ha hecho para que se haya decretado su prisión provisional no eludible con fianza.
Que Pacuco Guedes no es el único, pues es posible o probable, pero yo no lo sé. Serán los jueces, fiscales y policías los que desentrañen la presunta trama de corrupción política que se instaló en el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, como también lo hicieron en los Ayuntamientos de Telde y Mogán, por poner solo dos ejemplos próximos.
Las presunciones de inocencia penales solo pueden ser desvirtuadas por sentencias penales firmes, dictadas por jueces y magistrados. En lo que concierne a las responsabilidades políticas, se tienen que asumir de forma inmediata y automática. Pacuco Guedes ya está obligado éticamente a dejar de ser Concejal del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Si los aparatos del Estado (jueces y fiscales) imputaran a otros Concejales, seguiré pensando exactamente igual. Deberán también marcharse para sus casas a preparar sus defensas penales. Lo mismo pienso de exConcejales, cargos de confianza y similares, si se diera el caso, sin distinciones de colores, ideologías, partidos. El que la hace la debe pagar. Así de simple.
Los “rumores”, por no decir pruebas, eran tan alarmantemente graves señalando a Pacuco Guedes, que no me explico como volvió a presentarse de nuevo a Concejal. Su partido, el CCN, ya sabía que estaba imputado por dos presuntos delitos por el Juzgado de Instrucción Nº7 de San Bartolomé de Tirajana, cuando lo designaron candidato a Alcalde como cabeza de lista. Ahora se rasgan las vestiduras, a las prisas y corriendo.
También hay muchos otros que se rasgan las vestiduras cuando se le exige a Pacuco Guedes que se aparte de la política. Confunden torticeramente la presunción de inocencia penal con la responsabilidad política. No alcanzo a imaginarme, después de su imputación, detención y prisión provisional, a ver a Pacuco Guedes gestionando, hipotéticamente, una Concejalía de Vías y Obras, por poner un ejemplo, en un futuro gobierno municipal, después de lo que nos vamos enterando de sus “andanzas” como gobernante.








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