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Viviendo en San Borondón

Moratoria para sus señorías

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Ver comentarios 1 Lunes, 24 de Junio de 2013 Tiempo de lectura:

Si además los diputados del Parlamento de Canarias nos hicieran la merced de tomarse un año sabático de estudios tal vez mejor nos iría

Sus señorías parlamentarias, muy celosas y vertiginosas a la hora de consensuar el mantener o acrecentar sus privilegios, como muestra el poco edificante ejemplo del precio de los cubatas y gin tonic subvencionados en el Parlamento Nacional y en el balneario que es el Senado, están tardando en concederse una moratoria legislativa para cuidar su salud, pero sobre todo la del bolsillo y el futuro de los esquilmados contribuyentes. Poco interés hay en financiar un parlamento que no parlamenta y que es correo de transmisión del gobierno de un partido.

Si además los diputados del Parlamento de Canarias, y de casi cualquier autonomía, nos hicieran la merced de tomarse un año sabático de estudios, o mejor toda una legislatura, y dedicarlo a aprender cómo ganarse la vida aquellos que no tengan o hayan ejercido una actividad por cuenta propia o de terceros fuera de la política, tal vez mejor nos iría.  Sobre todo aquellos que han iniciado y continuado su “carrera” política militando en las juventudes o nuevas generaciones de cualquiera de ellos, adoctrinándose convenientemente a la espera de un cargo público sustancialmente remunerado.

Tal vez menos daño harían sus señorías y asesores varios a la economía y al empleo productivo si no se vieran en la obligación de llenar páginas y páginas, aunque ya sean web, de normas, regulaciones, decretos, leyes y demás actuaciones liberticidas las más de las veces y casi siempre absolutamente innecesarias.  No estaría nada mal que alguna de tantas tesis doctorales perfectamente inútiles para la sociedad quen han sido leídas en la ULL o la ULPGC, se hubiera ocupado de investigar y cuantificar cuánto ha costado, en euros y en puestos de trabajo destruidos, cada página del Boletín Oficial de Canarias.

Un caso particular de cómo no se debe hacer una ley, que de haber escrito en estos días el Premio Nobel de Economía Friedrich Hayek su extraordinario libro, de lectura recomendada, “Camino de Servidumbre”, habría incluido como anécdota jocosa más que como ejemplo, es la Ley de Modernización Turística del Gobierno de Canarias, más reconocida por la que impide en Gran Canaria la construcción libre de hoteles de cuatro estrellas.  El ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, la considera  un “fraude” al sector y al conjunto del Archipiélago.  Creo que el Presidente del PP de Canarias tiene razón en esa consideración que hace, sobre todo después de analizar detenidamente el texto legal, cosa que la mayoría de los políticos y tertulianos es casi seguro que no han hecho y opinan por lo que sus conmilitones le dicen que la ley dice.

Pero a la vez discrepo rotundamente con el Ministro, con toda humildad y cubriéndome la cabeza con un casco reforzado por si acaso, cuando afirma que debería ser cada isla y cada gobierno insular el que decidiera la mejor oferta turística. Parece olvidar el patético ejemplo del BIC en Maspalomas.  Discrepo de ese planteamiento utilizando el mismo argumento que José Manuel Soria emplea: “no hay nada más contrario a la modernización que establecer trabas y restricciones al sector”.  Por eso creo firmemente que la mejor oferta turística surge de satisfacer la demanda en cada etapa, no de lo que unos políticos profesionales municipales, cabildicios o autonómicos decidan qué es lo mejor sustituyendo el libre juego del mercado.  

Y para los que no lo vean claro, pero tengan libertad de pensamiento y no estén sujetos a disciplinas de partidos, directa por peligrar su sueldo o indirecta por peligrar su ideología, el ejemplo de desarrollo turístico de Tenerife y Gran Canaria es palmario.  Mientras que en la primera primó el ocio y los servicios, el alojamiento no era seña de identidad, en la segunda se priorizaron los intereses, subvencionados, de las constructoras y no se sustanció un empresariado turístico potente e influyente en los mercados.  Consecuencia real a día de hoy: un millón más de turistas y ni se sabe cuánto euro turístico se ingresa más en Tenerife que en Gran Canaria.  ¿Alguien cree aún que es así porque en Gran Canaria no hay hoteles cinco estrellas?

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Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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