Amarillismo innecesario
Hay una vieja frase periodística que reza que “no dejes que la realidad te
estropee un buen titular de prensa”
Hay una vieja frase periodística que reza que “no dejes que la realidad te
estropee un buen titular de prensa”. Pues bien, en el diario Marca llevaron
ese principio hasta las últimas consecuencias con el asesinato de la
jugadora de voleibol Ingrid Visser y su pareja. El artículo o el reportaje
se tituló algo así como “Las miserias del voleibol femenino español”. Este
deporte, que goza de un espacio bastante reducido en cualquier diario (aquí
prima el fútbol por encima de todas las cosas), de repente, llama la
atención de algún ‘sesudo’ redactor del este deportivo y se saca de la
manga un texto totalmente sensacionalista.
¿Qué se pretendía demostrar con el artículo de marras? ¿Ponerle amarillismo
a una modalidad que nunca ha sido, precisamente, foco de noticias
negativas? ¿Dónde están los medios nacionales a la hora de darle carrete al
voleibol femenino? Nunca. A lo sumo te colocan los resultados y la
clasificación. Alguna reseña cuando es la final de Liga, de Copa o cae la
suerte de que algún representante español se mete en la finalísima de una
competición europea. De resto, la nada absoluta.
Además, hay otro dicho muy sabio que dice “zapatero, a tus zapatos”. Lo del
asesinato de Visser y su compañero sentimental no deja de ser una noticia
que trasciende del ámbito del deporte para alcanzar categoría propiamente
dicha de suceso. ¿Qué tiene que ver el voleibol en este hecho? Nada, es
simplemente una mera cuestión transversal. Es como, Dios no lo quiera,
mañana alguien decide que me tiene que asesinar y se titulara el deceso en
prensa como “las miserias del periodismo”. Nada tiene que ver lo uno con lo
otro, pero sobre todo llama la atención que se insista en las miserias de
un deporte como si se produjeran hechos luctuosos todas las semanas.
Lo que se ha perdido es una brillante oportunidad para abordar las
carencias que tiene el voleibol en España a nivel general y el femenino en
particular, con equipos que se sustentan, en ocasiones, en la suerte
efímera de tener a un mecenas detrás que usa sus millones en ‘regalarse’
una carísima publicidad de sus empresas hasta que, naturalmente, el euro no
se puede estirar más y los conjuntos malviven o desaparecen. Esas sí son
miserias. Lo otro, simple y llanamente, se llama morbo.
estropee un buen titular de prensa”. Pues bien, en el diario Marca llevaron
ese principio hasta las últimas consecuencias con el asesinato de la
jugadora de voleibol Ingrid Visser y su pareja. El artículo o el reportaje
se tituló algo así como “Las miserias del voleibol femenino español”. Este
deporte, que goza de un espacio bastante reducido en cualquier diario (aquí
prima el fútbol por encima de todas las cosas), de repente, llama la
atención de algún ‘sesudo’ redactor del este deportivo y se saca de la
manga un texto totalmente sensacionalista.
¿Qué se pretendía demostrar con el artículo de marras? ¿Ponerle amarillismo
a una modalidad que nunca ha sido, precisamente, foco de noticias
negativas? ¿Dónde están los medios nacionales a la hora de darle carrete al
voleibol femenino? Nunca. A lo sumo te colocan los resultados y la
clasificación. Alguna reseña cuando es la final de Liga, de Copa o cae la
suerte de que algún representante español se mete en la finalísima de una
competición europea. De resto, la nada absoluta.
Además, hay otro dicho muy sabio que dice “zapatero, a tus zapatos”. Lo del
asesinato de Visser y su compañero sentimental no deja de ser una noticia
que trasciende del ámbito del deporte para alcanzar categoría propiamente
dicha de suceso. ¿Qué tiene que ver el voleibol en este hecho? Nada, es
simplemente una mera cuestión transversal. Es como, Dios no lo quiera,
mañana alguien decide que me tiene que asesinar y se titulara el deceso en
prensa como “las miserias del periodismo”. Nada tiene que ver lo uno con lo
otro, pero sobre todo llama la atención que se insista en las miserias de
un deporte como si se produjeran hechos luctuosos todas las semanas.
Lo que se ha perdido es una brillante oportunidad para abordar las
carencias que tiene el voleibol en España a nivel general y el femenino en
particular, con equipos que se sustentan, en ocasiones, en la suerte
efímera de tener a un mecenas detrás que usa sus millones en ‘regalarse’
una carísima publicidad de sus empresas hasta que, naturalmente, el euro no
se puede estirar más y los conjuntos malviven o desaparecen. Esas sí son
miserias. Lo otro, simple y llanamente, se llama morbo.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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