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XAVIER APARICI GISBERT

El titanic de la globalización

XAVIER APARICI GISBERT Domingo, 16 de Junio de 2013 Tiempo de lectura:

Fue de este modo como Inglaterra, la potencia militar y comercial hegemónica en el siglo XIX, consolidó su poderosa industria textil

Desde su surgimiento en los albores de la Modernidad el capitalismo ha estado vinculado a prácticas de explotación inhumanas y de acceso desigual a los recursos económicos. Fue de este modo como Inglaterra, la potencia militar y comercial hegemónica en el siglo XIX, consolidó su poderosa industria textil. Estableció un circuito intercontinental basado en la esclavización: en el África subsahariana se capturaban, como a animales, a los lugareños para servir de mano de obra esclava; en los campos del sur de Norteamérica, se les obligaba, en condiciones infrahumanas, al cultivo de algodón, la materia prima; y en la metrópoli imperial, en pujantes fábricas espoleadas por poderosas maquinas a vapor, multitud de trabajadores, coaccionados a llevar vidas miserables, completaban el ciclo de la producción de unos paños de hilo de algodón, con los que se comerciaba ampliamente -con mucho provecho para los dueños- a nivel nacional e internacional.

Con todo, esta época, sustentada en los mayores expolios y agravios, fue definida en las interesadas conceptualizaciones historias como de mercantilismo, en el plano económico y como de liberalismo, en el plano político. Esta dinámica imperial-colonial en el siglo XX llegó a ocasionar dos guerras mundiales que, no obstante, se saldaron positivamente, durante unas décadas. con los notorios avances democráticos, sociales y económicos para las capas populares de las sociedades de los antiguos Estados coloniales y con los movimientos de relativa emancipación en las postreras colonias. Pero con la Globalización y la desregulación generalizada a favor de los intereses empresariales transnacionales que ha comportado, estas mejoras se están destruyendo rápidamente. A través de estas políticas, la reacción autoritaria que encarna el remozado “liberalismo” ha alcanzado sus límites máximos y sus máximas contradicciones: las prácticas neocoloniales se aplican ya en todas partes y la extrema polarización entre los poderosos y los desposeídos, es, por doquier, la norma.

Y eso que, esta vez, el vehículo promocionado mediáticamente por las élites de poder para mejor servir el interés general, frente a los pretendidamente ineficientes Estados sociales, prometía ser de factura excelente y estar equipado con los mejores avances y controles; la singladura iba a incluir a todo el mundo; y todas las naciones nos íbamos a poder embarcar en la ventura. Íbamos, por fin,  a alcanzar el “capitalismo popular”. Íbamos nada menos que a cuadrar el círculo de, promocionando al máximo los intereses asociales entre las personas y entre los países, conseguir el mutuo enriquecimiento para todos. Bueno, también se suponía que habíamos conseguido, como si tal cosa, el “Fin de la Historia”, con la supuesta armonización del capitalismo y la democracia.

Lo cierto es que el Titanic neoliberal lleva un quinquenio estrellado en el iceberg de su propia codicia: no había buenos capitanes al mando, no había adecuados medios de control y reacción, ni eficientes medidas de salvamento, no había más rumbo que el embaucamiento generalizado. Hasta aquí la metáfora: no hay ni barco, ni mar, ni obstáculos naturales que valgan. Solo inculcación de modelos culturales absurdos, imposición de reglamentaciones injustas y promoción de inercias alienadas.

Pero, desde entonces, desde el hundimiento del capitalismo en su fase financiera y especulativa global, lo que se han venido “socializando” en los Estados y sus ciudadanías son las enormes pérdidas ocasionadas, lo cual tiene muy poco que ver con lo prometido y nada de democrático. Puro parasitismo, altamente injusto e ineficaz para el interés general, aunque muy satisfactorio para las cúpulas explotadoras, las cuales, gracias a los rescates, se han recuperado del batacazo y ya son más ricas que nunca. Y así continuarán, hasta que dejemos de salvarlas de ellas mismas y nos liberemos, definitivamente, de su yugo.


Xavier Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social.

http://bienvenidosapantopia.blogspot.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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