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JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE

El taxista avieso de la T-4

JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE Ver comentarios 1 Martes, 11 de Junio de 2013 Tiempo de lectura:

Ser taxista no es una profesión para tomársela a la ligera

Ser taxista no es una profesión para tomársela a la ligera. Al igual que un
cirujano tiene que saber a la perfección qué se trae entre manos, cómo debe
practicar una incisión, cómo abrir en canal al paciente o cómo extraer un
órgano, el profesional del volante debe conocer de primera mano las calles
de su ciudad o, cuando menos, llevar un navegador que le ayude, sobre todo
porque las grandes ciudades como Madrid han crecido una barbaridad y no
podemos pedir que lleven el mapa perfectamente empollado en la cabeza.

Sin embargo, una cosa es ser comprensivo con las dudas de un taxista sobre
un determinado destino y otra es que esté al frente del volante un completo
inepto que, además, llevaba de serie una mala educación que al final hace
que un cliente poco habitual del servicio del taxi pueda poner a caldo pota
a toda la profesión. Ya saben la máxima, si eres atendido de forma
desconsiderada por un funcionario, ese mala gestión repercutirá en todo el
funcionariado. La mala praxis de uno lleva a la idea generalizada de que
todos los empleados públicos son un desastre. Pues con el taxi sucede igual.

Lo cierto es que hace unos días, en la terminal de llegadas de la T-4 de
Barajas, una familia se dirigía a coger un taxi. Lo bueno que tiene el
aeropuerto es que el sistema está perfectamente organizado, pero lo que se
les escapa a su control es quiénes son determinados elementos que están al
volante. Si bien hay profesionales, gente honrada y honesta a carta cabal,
conocedores de su profesión que saben perfectamente llegar a todos los
rincones, hay otros, como este jeta, que intentan ganarse unos dineros de
más y encima responsabilizar al cliente de su incapacidad.

Pues eso es lo que le sucedió a esta familia que se topa con un señor,
extranjero para más señas, que ya empieza por no saber llegar a la calle
que le habían dicho. Le dan como referencia que pase por IFEMA y el tipo,
ni corto ni perezoso, se salta el desvío y cuando uno de los clientes le
dice, "oiga, usted se ha pasado de largo", el avieso tipo responde, "usted
tendría que estar atento, es su obligación". Sí, como lo leen. Este
taxista, que más bien estaría disfrutando de una subarrendada licencia,
pretendía que el pasajero fuese quien le indicase por dónde ir. De traca.

Claro, esto te hace reflexionar sobre otro aspecto, ¿las licencias de taxi
se reparten ahora en una feria tirando una montaña de botes? ¿No hay
exámenes para conocer a fondo la ciudad? ¿Es que se ha relajado el
Ayuntamiento de Madrid en este aspecto? Pues estas cosas son las que se
acaban cargando cualquier promoción turística y hasta unos Juegos Olímpicos.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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