Gastar con ton y son
JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA
Domingo, 02 de Junio de 2013 Tiempo de lectura:
En estos días el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha vuelto a entonar el viejo mantra de cualquier corporación
No hay nada que más “prive” a un político que poner primeras piedras y anunciar proyectos de cierto relumbrón. Los codazos y pellizcones para salir en las fotos son una bendición para las farmacias, que ven crecer sus ventas de remedios contra las magulladuras y cardenales. También les “pone” inaugurar cosas, aunque estén inacabadas, durante las precampañas electorales, aun a riesgo de que algún medio de comunicación, los afines más desmemoriados que los desafectos, les recuerde que ellos sólo están cortando la cinta, pero que la iniciativa fue de otro anterior o, peor aún, del partido político ahora en la oposición.
En estos días el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha vuelto a entonar el viejo mantra de cualquier corporación LPA que se precie, anunciando la n + 1 remodelación del Parque de Santa Catalina. La razón es la de siempre, que ahora la plaza está siendo más transitada por los turistas que arriban en cruceros. Con buen criterio, la Concejalía de Turismo quiere que no sólo la transiten, sino que además la disfruten descansando, antes y después de las excursiones o pateos ciudadanos, en cualquiera de sus locales de ocio o restauración. Se vuelve a soñar con lo que fue el “Santa Catalina Park” en tiempos de Lolita Pluma, Andrés el ratón o Rafael “moniaco”, pero que el inexorable transcurrir del tiempo, el cambio en los usos sociales y las nuevas demandas de foráneos y residentes dejó tan sólo para el recuerdo en amarillentas fotos antiguas y para la añoranza de lo que jamás volverá a ser.
Es de suponer que el proyecto de remodelación sea sensato y viable, con visión de futuro y vocación de permanencia, pensando en la funcionalidad y en los costes posteriores de mantenimiento, dejando a un lado la vanidad del proyectista por aparecer publicado en alguna revista de la progresía arquitectónica, frecuentemente sin explicar claramente el entorno en el que se ubica. Y dado los tiempos de penurias económicas que por más de una década se han de soportar, no debiera repetirse lo sucedido ya con aquella reforma diseñada por el arquitecto Félix Juan Bordes, que quedó inacabada, entre otras cosas, por falta de presupuesto.
A pesar de lo anterior, en mi opinión, también es necesario que los gestores municipales sean muy escrupulosos con el gasto de dinero público que invierten en estos proyectos cuando los ponen en marcha. No es mejor gobierno el que gasta ingentes cantidades de dinero iniciando proyectos, sino el que acomete y finaliza aquellos que puede realizar con los recursos disponibles, en un horizonte de tiempo razonable y sin sobrecostes, sobrepagos maliciaríamos los más descreídos. No se trata de gastar sin ton ni son.
Por poner un ejemplo, a mi entender, es totalmente inadmisible que el Castillo de La Luz y la réplica de la carabela colombina La Niña, situados en una plaza que también es zona de paso de turistas, para nuestro bochorno, presenten el estado de abandono actual, a pesar del dinero gastado en su puesta en funcionamiento como BIC, por rememorar a Colón o a Juan Rejón. Los ciudadanos no pueden entender, ni deben disculpar, el que las obras estén deteriorándose por estar detenidas sin un claro horizonte temporal de finalización, sea cual fuere el problema. Los políticos responsables, es una frase hecha pero usualmente sin contenido real, no pueden esconderse en un asunto de competencias entre poderes públicos, bien sean los tribunales por problemas con la constructora o la propia corporación, con sus técnicos bien pagados al frente, para no llevar a buen término esas cuantiosas inversiones ya realizadas y rematarlas con el máximo ton y son de que sean capaces según su leal saber y entender.
En estos días el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha vuelto a entonar el viejo mantra de cualquier corporación LPA que se precie, anunciando la n + 1 remodelación del Parque de Santa Catalina. La razón es la de siempre, que ahora la plaza está siendo más transitada por los turistas que arriban en cruceros. Con buen criterio, la Concejalía de Turismo quiere que no sólo la transiten, sino que además la disfruten descansando, antes y después de las excursiones o pateos ciudadanos, en cualquiera de sus locales de ocio o restauración. Se vuelve a soñar con lo que fue el “Santa Catalina Park” en tiempos de Lolita Pluma, Andrés el ratón o Rafael “moniaco”, pero que el inexorable transcurrir del tiempo, el cambio en los usos sociales y las nuevas demandas de foráneos y residentes dejó tan sólo para el recuerdo en amarillentas fotos antiguas y para la añoranza de lo que jamás volverá a ser.
Es de suponer que el proyecto de remodelación sea sensato y viable, con visión de futuro y vocación de permanencia, pensando en la funcionalidad y en los costes posteriores de mantenimiento, dejando a un lado la vanidad del proyectista por aparecer publicado en alguna revista de la progresía arquitectónica, frecuentemente sin explicar claramente el entorno en el que se ubica. Y dado los tiempos de penurias económicas que por más de una década se han de soportar, no debiera repetirse lo sucedido ya con aquella reforma diseñada por el arquitecto Félix Juan Bordes, que quedó inacabada, entre otras cosas, por falta de presupuesto.
A pesar de lo anterior, en mi opinión, también es necesario que los gestores municipales sean muy escrupulosos con el gasto de dinero público que invierten en estos proyectos cuando los ponen en marcha. No es mejor gobierno el que gasta ingentes cantidades de dinero iniciando proyectos, sino el que acomete y finaliza aquellos que puede realizar con los recursos disponibles, en un horizonte de tiempo razonable y sin sobrecostes, sobrepagos maliciaríamos los más descreídos. No se trata de gastar sin ton ni son.
Por poner un ejemplo, a mi entender, es totalmente inadmisible que el Castillo de La Luz y la réplica de la carabela colombina La Niña, situados en una plaza que también es zona de paso de turistas, para nuestro bochorno, presenten el estado de abandono actual, a pesar del dinero gastado en su puesta en funcionamiento como BIC, por rememorar a Colón o a Juan Rejón. Los ciudadanos no pueden entender, ni deben disculpar, el que las obras estén deteriorándose por estar detenidas sin un claro horizonte temporal de finalización, sea cual fuere el problema. Los políticos responsables, es una frase hecha pero usualmente sin contenido real, no pueden esconderse en un asunto de competencias entre poderes públicos, bien sean los tribunales por problemas con la constructora o la propia corporación, con sus técnicos bien pagados al frente, para no llevar a buen término esas cuantiosas inversiones ya realizadas y rematarlas con el máximo ton y son de que sean capaces según su leal saber y entender.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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