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Sin paridad en las preocupaciones

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Lunes, 22 de Abril de 2013 Tiempo de lectura:

La Excma. Sra. Diputada Flora Marrero le dice al consejero que “como usted sabe, la utilización del lenguaje no sexista es algo más que un asunto de corrección política”.

Parafraseando la repetidas frase de el Quijote “cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”, podríamos decir ahora “cosas preguntareis, amiga Flora Marrero, que farán fablar los escaños”.  Según se analiza en el ABC del 02 de mayo de 2009, esta expresión muy ilustrativa de la capacidad de asombro infinita y de que todo es susceptible de empeorar si se habla de políticos, la tomó don Miguel de Cervantes del Cantar de Mío Cid, cuando Rodrigo Díaz de Vivar le dice a Alfonso VI, tras proponerle al guerrero conquistar Cuenca: “Muchos males han venido por los reyes que se ausentan...” y el monarca le replica: “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”.   Y como de inmediato se verá, bien que se ausentan los caciquillos parlamentarios, más que reyes, de la dura realidad y de buscar soluciones serias y no demagógicas a las muchas penurias ciudadanas.


Como puede leerse en el Diario de Sesiones 16/2011 en la página 15, la señora diputada doña Flora Marrero Ramos, del Grupo Parlamentario Nacionalista Canario (CC-PNC-CCN), agrupación no folklórica con más siglas que logros económicos y sociales, pregunta al señor Hernández Spínola, consejero de Presidencia, Justicia e Igualdad, sobre utilización del lenguaje genérico no sexista.  La Excma. Sra. Diputada Flora Marrero le dice al consejero que “como usted sabe, la utilización del lenguaje no sexista es algo más que un asunto de corrección política”.  El uso del “como usted sabe”, suele querer decir que se hablará de algo necesariamente conocido, compartido y además cierto.  Pero, sobre todo cuando habla un político, lo que sigue podrá ser conocido, pero no necesariamente compartido y menos aún cierto.  La corrección política, por ejemplo, es un paradigma de cómo por repetir algo muchas veces, los menos informados acaban por interiorizarlo y asumirlo.  No es nada nuevo, ya lo aconsejaron Trosky y Lenin, posteriormente el nazi Joseph Goebbels.


Nuevamente la diputada en cuestión y algunas más, sintiéndose portavoces de las 23 mujeres que se sientan en el Parlamento de Canarias, dirigen una petición a Don Antonio Castro Cordobés, es de suponer que al menos es también Excmo., pidiéndole que dicte las instrucciones necesarias a la Unidad de Servicios Informáticos de la Cámara para que procedan a la modificación de la página web para que desaparezca, allí donde estuviera escrito, la palabra “diputados” y sea sustituida por la que ellas consideran que es correcta “diputados/as”, sin aclarar cómo se leería y que literalmente pudiera ser “diputados-barra-as” (¿y por qué no al revés, con las señoras por delante?).  O  alternativamente, como sutil solución, hacer un enlace que diga “Diputadas”,  diferente del genérico de “Diputados” donde el lector y la lectora ajeno y ajena a estas trapisondas puede buscar a todas las agraciadas y a todos los agraciados en las elecciones parlamentarias.  ¿Verdad que escrito así da más “visibilidad” a las diputadas aunque el mensaje se dificulte hasta el ridículo?   


Y antes de que se acuse de machista a quien procure hablar en español y no confundir sexo con género, conceptos muy bien explicados en los manuales de gramática, conviene recordar que el antónimo de machista no es feminista, es hembrista. Tal vez les suene peor, pero es así.


Quizás las que rebuscan sólo palabras en los textos con tanto fervor queriendo parecer más “igualitarias”, con cargo a los impuestos de los trabajadores,  bien podrían empezar por proponer  dejar de llamar excelentísimos a los diputados y a las diputadas.  


Pero sobre todo, con el paro creciente, la ruina caracolera que se padece en Canarias y la plaga bíblica de mantener a tanto político, sus esfuerzos deberían reconcentrarse al menos en no estorbar a la economía productiva que les financia sus veleidades, lingüísticas en este lamentable ejemplo.


Eso pasa por venir directamente de las nuevas (de)generaciones de los partidos políticos y no, como decía con acierto Esperanza Aguirre, de ganarse la vida previamente fuera de la mamandurria pública.  Ya parecía haber remitido el pensamiento Alicia zapaterino, donde lo importante no era hacer algo positivo para el bien común, resalto lo de común, sino proclamarlo alargando el mensaje a lo Fidel Castro con redundancias innecesarias, normalmente en los comienzos y finales de discurso, no en meollo del meollo, si es que alguna vez existieron en las proclamas trompeteras de aquella etapa que ya ni los socialistas gustan de recordar, mayormente para no sentirse abochornados.  Hasta que los obligan a pronunciarse y entonces, con su habitual palabrería huera, no dicen ni chicha ni limonada, sino más bien todo lo contrario.  Así quedan todos y todas contentos y contentas... ¡Vaya por Dios, que cosas veredes y oyeres!


Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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