ICONOCLASTIA
En diferido
Cada vez que escucho la palabra diferido me remonto a mi infancia en blanco y negro
Por eso cada vez que escucho la palabra diferido me remonto a mi infancia en blanco y negro, viendo unos partidos de fútbol sin suspense, como si el acomodador te soplara en el cine que el asesino es el mayordomo antes de sentarte en la butaca para ver la película.
Solo los muy forofos se pueden tragar un partido de fútbol entero conociendo el resultado de antemano. Exactamente igual que los muy cinéfilos pueden repetir una película, por muy buena que sea, o los muy lectores releer un libro, por muy estupendo que fuese.
Ahora, escuchando a Cospedal justificando los pagos del partido a Bárcenas y su indemnización en diferido, vuelvo a retrotraerme a la infancia gris de los claroscuros, a la tele en blanco y negro y a los partidos con resultados predecibles.
Pero, con mucho, no es esto lo que más me choca. Lo que más me sorprende es ver cómo una abogada del Estado pluriempleada en la Administración y en la política (con minúscula) puede decir una sarta de tonterías semánticas y sintácticas en unos pocos segundos mientras comparece ante los periodistas.
No entiendo cómo un brillante registrador de la propiedad puede convertirse en un pésimo orador cuando lo nombran presidente de gobierno. Es inexplicable comprobar cómo un prestigioso ministro en otra época puede trocarse en un hazmerreír colectivo con sus lelos juegos de palabras: todo es mentira menos lo que es verdad, nadie podrá probar que no es inocente, ni yo mismo entiendo mi propia letra, etcétera.
O el caso de otro ex presidente jurista que negó la crisis una y mil veces y se jactaba en proclamar que nuestra economía y nuestro sistema financiero no solo jugaban en la primera división europea sino que lo hacían en la Champions League.
¿Qué tiene la política para que gente teóricamente preparada y con excelente currículo pueda volverse asna, patán y zote?
¿Por qué un inspector de hacienda puede comportarse como un cateto o un bribón paleto cuando alcanza el poder o cuando lo deja? ¿Quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí? Ja ja ja, plas plas plas, ríen y aplauden la supuesta gracia los pelotas de turno ¿Y quién te ha dicho a ti que eres gracioso y no un palurdo irrisorio?
En un mundo donde los cómicos como Grillo pueden ser políticos, los políticos pueden ser cómicos, aunque no tengan ni puñetera gracia.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









Amelia | Sábado, 09 de Marzo de 2013 a las 13:38:37 horas
Es verdad que hay políticos que parecen cómicos pero no tienen ninguna gracia. Por lo menos los cómicos que se meten a políticos son mejores políticos porque conectan mejor con la gente. Y tienen mucha más gracia.
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