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ANTONIO GARZÓN

Los falsos pilares del proyecto de Ley de Renovación Turística

ANTONIO GARZÓN Domingo, 10 de Marzo de 2013 Tiempo de lectura:

Cabe preguntarse cómo es posible que vuelva a renovarse sin cambios sustanciales

[Img #13493]Durante estas semanas se encuentra en trámite parlamentario la Ley de Renovación Turística, que no es más que una prolongación de la fracasada Ley de Medidas Urgentes (Mayo 2009). Ante el efecto de total congelación del crecimiento alojativo y los casi nulos efectos sobre la rehabilitación que ha tenido esta ley, cabe preguntarse cómo es posible que vuelva a renovarse sin cambios sustanciales. ¿Qué pilares sostienen este nuevo proyecto de ley? En este post se exponen los tres principales pilares, evidentemente de naturaleza errónea (falsos), que se utilizan para pretender justificar la prolongación de la segunda moratoria, esta vez de forma indefinida: 

(1) Falsa percepción de calidad

Los legisladores asumieron en la aún vigente segunda moratoria una definición del término “calidad” que lo asocia con categorías hoteleras de “alto poder adquisitivo”. Ello se reflejó en la Ley tanto en la única excepción al crecimiento (hoteles de cinco estrellas gran lujo), como en las categorías exigidas para aplicar los incentivos teóricos de rehabilitación (a partir de cuatro estrellas para hoteles). En el nuevo proyecto de ley el legislador sigue aplicando esta errónea concepción de calidad, aunque, ante la nula efectividad durante los últimos cuatro años, pretende rectificar ampliando su concepción de calidad: Ahora también se contempla la excepción para hoteles de cinco estrellas (si bien con otros requisitos muy difíciles de cumplir) y se rebaja a tres estrellas la categoría mínima para renovar y obtener los incentivos. Ello aporta bien poco a una aplicación realista de las pretensiones positivas de dicha ley, pues los errores de concepción de fondo siguen estando presentes:

A) Errónea percepción del concepto “calidad”: El término “calidad” no debe ser confundido simplemente con “muy alto poder adquisitivo”, sino en su sentido tradicional de “acorde a las exigencias del segmento al que va dirigida la oferta”. Es decir, que todas las categorías hoteleras y extrahoteleras podrían ser de calidad si cumpliesen con las expectativas de su clientela. Sin duda, el legislador debería replantear su concepción de calidad. ¿Un complejo extrahotelero de dos estrellas que renueva y mantiene las dos estrellas por qué no puede tener “calidad”? ¿Por qué la reconversión de un establecimiento hotelero a uno extrahotelero no puede tener “calidad”?

B) Sin estrategia de gran lujo: Resulta a toda vista imposible el abrir un destino con esta estructura de “clientes estándar” al segmento de gran lujo a base de permitir sólo los hoteles de 5GL sin acompañar este objetivo de una estrategia más amplia de captación de este segmento exclusivo (mejoras en el entorno, servicios exclusivos, conexiones de vuelos regulares, etc.), y, además de todo ello, sin contar con el principal factor situacional del que dispone la competencia de gran lujo internacional: la primera línea de playa por norma casi generalizada.

C) Sin estudio de mercado: No existe un solo estudio de mercado sobre la oferta/demanda canaria que corrobore que habría una demanda importante por Canarias del segmento de gran lujo y, mucho menos, en la cuantía suficiente como para ser la única excepción al crecimiento de toda una región turística de más de dos millones de habitantes y diez millones de visitantes extranjeros al año. De hecho, en algunos productos turísticos se habla de una tendencia hacia la gama de hoteles para los segmentos medio y premium, como es el caso del turismo de reuniones (ver “Tendencias 2013 en turismo de reuniones: la industria se adapta al “new normal””, en hosteltur.com). Por tanto, la insistencia del legislador en el gran lujo no solo es que no esté respaldada por ningún estudio de mercado, sino que, además, es literalmente contraria a las tendencias del mercado turístico.  

(2) Falso proteccionismo

El proyecto de Ley de Renovación Turística perpetúa la moratoria y, con ello, mantiene el proteccionismo de las camas vigentes. A menudo se transmite desde algunos sectores la equivocada tesis de que la construcción de nuevas camas frenaría la renovación turística, por lo que la moratoria, según sus promotores, sería necesaria para proteger las camas obsoletas. Lo cierto es que la creación de nuevas camas acordes a la demanda (hoteleras) no tiene nada que ver con las camas obsoletas (en su inmensa mayoría extrahoteleras); ni es la misma demanda ni son los mismos propietarios. Las camas obsoletas en núcleos maduros no precisan de protección artificial para mantenerse en el mercado, sino de una renovación de su entorno y de un concepto integral según el cual rehabilitar. De hecho, la protección artificial no ha evitado la expulsión del mercado de aprox. 40.000 camas extrahoteleras grancanarias durante la última década.

En este sentido se puede apreciar una diferencia importante entre la moratoria canaria y la balear: mientras que la moratoria canaria aplica el proteccionismo sobre la oferta existente, asumiendo como buenas las expulsiones de camas obsoletas y las consiguientes pérdidas de capacidades totales, la moratoria balear lo aplica sobre un número de camas determinado, permitiendo al menos el reemplazo de las capacidades perdidas cuando el mercado las expulsa.   

Por otro lado, para la otra parte de la oferta hotelera más joven (las camas surgidas a partir del 2000) la construcción de nuevas camas supondría un aumento de la presión competitiva y, con ello, la necesidad de mantener los establecimientos actualizados y competitivos. En este caso, nuevas camas potenciarían la rehabilitación a través del aumento de la competencia, es decir, el efecto contrario al que sostienen los propulsores del proteccionismo.

Cabe recordar que la isla de Tenerife dispone de aprox. 67.000 plazas hoteleras de alta categoría (4+5 estrellas), más del doble que la isla de Gran Canaria con aprox. 32.000 plazas. Por ello no es de extrañar que el empresariado tinerfeño (p.ej. a través de las enmiendas de Ashotel a la nueva Ley Turística a considerar por el Parlamento canario del pasado 5 de febrero) adopte de nuevo una posición proteccionista, apoyando incluso la perpetuidad de la moratoria, mientras que desde Gran Canaria se pida una desregulación y la potestad de los Gobiernos Insulares para cuantificar el número y modo de sus respectivos crecimientos turísticos, además de una limitación en el tiempo de tres a cinco años de vigencia de la nueva ley y la libertad para la construcción de hoteles de 4 estrellas si los planes insulares así lo prevén.

(3) Falsa percepción de Sostenibilidad    

Al volver a confundir el desarrollo sostenible con “crecimiento cero”, es decir, con “no consumir suelo”, se vuelve a limitar el crecimiento económico de Canarias, y con ello la capacidad para generar empleo, únicamente a la actividad que generen las capacidades ya existentes. El empeñarse en entender el desarrollo sostenible sólo por su componente medioambiental, sin contemplar sus otras dos componentes (la social y la económica), aumenta el desequilibrio entre las tres componentes, lo cual lleva a una situación que ya es todo menos sostenible. Cuando se habla de sostenibilidad medioambiental, también hay que hacerlo de sostenibilidad económica (p.ej. poder competitivo) o social (p.ej. creación de empleo).

Conclusión

Con ello vemos que los pilares que sostienen la nueva moratoria turística siguen siendo exactamente los mismos: una confusión de “calidad” con “alto poder adquisitivo”, una confusión de “desarrollo sostenible” con “crecimiento cero” y la equivocada creencia de que el proteccionismo garantiza a medio-largo plazo la rentabilidad turística. Pero quizás el pilar más inamovible se encuentre en el mismo proceso de planificación turística, en la insistencia política de nunca reconocer y asumir los errores de planificación, llegando incluso al extremo de mantener determinados criterios sobre el crecimiento turístico, aún cuando ya es más que evidente que no están acordes con las exigencias del mercado (p.ej. la apuesta por el segmento de gran lujo).

www.antoniogarzon.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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