El papa ha anunciado su renuncia en
latín y ya todos los papistas y vaticanólogos se han apresurado a aplaudir su
decisión, como si todo lo que dijera el sumo pontífice fuera a misa. El papa es
muy listo, sabe latín, y por eso su mensaje evangélico es a veces tan abstruso.
Estos papistas son los mismos
aduladores que hace años, cuando Juan Pablo II daba sus últimos estertores,
celebraban urbi et orbi que su destino, como él decía, era morir en la cruz.
Todos pudimos comprobar esa impía e
impúdica crucifixión a la que se sometió el papa polaco en sus últimos años de
mandato. Daba lástima verlo en sus viajes apostólicos y en sus comparecencias
en la plaza de San Pedro.
Su imagen deteriorada y su vista
perdida daban mucha más pena que la del octogenario Benedicto XVI. Sin embargo,
a pesar de esa discapacidad física y mental, se empeñó en seguir con su mandato
y morir en activo con la connivencia cruel e inmisericorde de sus discípulos,
consejeros y colaboradores. Ningún cardenal levantó su voz para apiadarse del
anciano papa y pedir en alto que alguien acabase con su indecente agonía
pública.
Esos mismos que defendieron que Juan
Pablo II muriera de esa forma tan poco cristiana, impropia de los que desean el
bien ajeno con conmiseración, son ahora los que santifican la decisión de
Benedicto de renunciar a su cargo, que para él ya es una carga, aunque bastante
más liviana que la que soportó su antecesor.
Los que bendijeron siempre la
continuidad de su papado, como pelotas, afirmando que tenía que seguir y no
dimitir, son los que ahora halagan su renuncia y aseguran que con ella
demuestra que es un papa responsable. Según esta absurda teoría, siempre será
un papa responsable, dimita o no. Esta falta de criterio entre las mayores
eminencias de la Iglesia católica es alarmante y les resta fundamento.
Lo que más se echa de menos de la Iglesia es su espíritu
crítico. Hay mucho sumiso, gente sin criterio propio que actúa según vaya la marea.
Si el de la cúpula dice blanco todos repiten blanco, aunque lo vean negro. No
predican con el ejemplo de la coherencia.
Si Juan Pablo II hubiese renunciado en
vida al papado, todos los que consideraban plausible que hiciera justo lo
contrario se habrían unido al coro de corifeos para encomiarlo.
Una cosa es que el papa sea el pastor
de un multimillonario rebaño y otra que sus subordinados tengan que actuar
patéticamente como borregos. El cristianismo está periclitado. Si buscas
‘cristiano’ en Google, lo primero que aparece es el futbolista luso del Real
Madrid.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
Serli | Domingo, 17 de Febrero de 2013 a las 22:03:39 horas
Los católicos se contradicen porque alaban la decisión del papa de renunciar al cargo pero cuando el anterior estuvo hasta el final en unas condiciones lamentables también lo halagaron hasta la saciedad.
Es verdad que son unos pelotilleros ridículos.
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