La dignidad de las personas
La dignidad de las personas sobresale por encima de las instituciones; un Estado no puede usurparla ni situarse sobre ella
Vivimos unos tiempos en los que la defensa de los derechos humanos y su fundamentación tienen un papel capital. Pero ello no impide que, en muchas ocasiones, quede en entredicho la dignidad de las personas. Por eso, su comprensión debe concretarse no sólo en la formulación teórica de los derechos humanos, sino también en la actualización práctica de esos derechos en todas y en cada una de ellas.
La dignidad de las personas sobresale por encima de las instituciones; un Estado no puede usurparla ni situarse sobre ella. No puede ser objeto de consenso -y tampoco de disenso-, pues es lo que se presupone como pilar básico entre personas libres que buscan acuerdos. Nadie, por tanto, puede establecer nada que sea contrario a la dignidad de las personas. Esa dignidad es la que hace que no podamos tratarlas de cualquier manera como cosas o animales. Es la base de cualquier sociedad, de cualquier tipo de relación.
Las personas no pueden estar exclusivamente sujetas a proyectos de carácter económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en nombre del presunto progreso social en el presente o en el futuro. Es necesario, por tanto, que las autoridades públicas vigilen con atención para que una restricción de la libertad, derecho o cualquier otra carga impuesta a la actuación de las personas no lesionen jamás la dignidad personal y garantice el efectivo ejercicio de los derechos humanos.
Toda persona está necesitada de asistencia básica, de cariño, de compañía, de alguien que les escuche, cuando descubrimos sectores o personas que carecen de todo esto, nos vemos movidos a dárselo. El voluntariado es expresión de humanidad, de que importan las personas por lo que son: personas. Este valor singular que es la dignidad humana se nos presenta como una llamada al respeto incondicionado y absoluto a todas y a cada una de las personas.
Un respeto que obliga a todas las instituciones que ayudan a paliar las carencias de cualquier tipo a no permitir la exhibición pública de esas personas propiciando un “circo mediático” con el objeto de hacer publicidad de la acción solidaria que se lleva a cabo. Cualquier persona que recibe una ayuda ya tiene en su interior el suficiente sentimiento de vergüenza para que, encima, aparezca en cualquier medio de comunicación como beneficiario de una ayuda que necesita.
Ayudar a los demás no es únicamente ejercer la solidaridad sino que implica realizarla con discreción, con conocimiento de lo que significa la dignidad humana, con absoluta lealtad a las normas que ello conlleva y buscando el servicio a las personas y a la sociedad por encima de los intereses egoístas.
Es preciso que todos los programas sociales, económicos, educativos, científicos y culturales, estén presididos por la conciencia de la prioridad que tiene cada ser humano.
En ningún caso la persona puede ser utilizada para fines ajenos a su propio desarrollo humano integral.
El respeto de la dignidad humana supone prescindir de la vanidad personal o institucional y observar el principio de considerar a las personas que nos rodean como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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