Maspalomas Ahora / JJ SAM.- Me asomo hoy a la ventana de esta sección algo frío e inconforme por no poder seguir dándole protagonismo a todos los personajes de mi serie, más todo lleva su tiempo, y así deseo que suceda para que todos tengan el papel que les corresponden.
Pretendo no obstante, y a modo de reflexión, formular un análisis somero y personal de nuestra extraña situación política, pasando si cabe, por la personalización, el comentario popular y el devenir cotidiano.
Es tal el pesimismo general, que no me queda otra que expresar la desidia del sentir de nuestros municipios, todo ello desde mi propio habitad y mi andadura entre lo demás.
Y es que siguen los aduladores reuniéndose mientras el diablo sale a comer; el pobre en su orfandad, sigue siendo de la riqueza el derecho, y sigue mi pueblo asumiendo que tiene que aguantar hasta que lo trague el hoyo o lo mande algún criollo.
De los males que sufrimos se habla mucho en los corrillos, pero hacen como los Teros para esconder sus nidos, en un lado pegan los nidos, y en otro pone los huevos. Si canta el político es poeta, canta el pueblo y… ¡Jesús! lo miran como avestruz; su ignorancia les asombra y olvidan que siempre sirve la sombra para distinguir la luz.
No piensen los lectores que del saber hago alardes, solo he conocido aunque tarde, y sin haberme arrepentido, que un pecado he cometido: el decir ciertas verdades.
La corrupción en política semejan telenovelas, y las leyes que se hicieron para todos parece que tan solo al débil le rige. Es la ley tele de araña y en la ignorancia lo explico: no la teme el hombre rico, tampoco la teme el político, pues la rompe el bicho grande y solo enreda a los chicos.
Es tiempo de criticar, de lamentarse y gritar; de sugerir, de pensar, pero es tiempo también ya de decidir y recordar para hacer bien el trabajo, que el fuego para calentar debe ir siempre por debajo.
Me limito a la generalización de algunos puntuales de moda, para irme introduciendo paulatinamente en el cariz degradante y bochornoso que muestran un día si y otro también, algunos de nuestros personajillos políticos o mediáticos.
Y es que solo son personajillos aquellos que hacen uso continuado de la prepotencia y verborrea, y de su más baja responsabilidad moral para disfrazar una autentica e incongruente realidad.
Miremos si no, y retrocediendo en el tiempo, aquel fastuoso idilio que profesaron la bella y la bestia (cabeza de lista y concejala)… Mal llamados socialistas ellos… ¡Yo alcaldesa y tú mi protector! ¡Mezquino favor a sus siglas y a nuestras gentes! Con tanto descaro se insinuaron que montaron un circo para primates… ¡Ellos eran los únicos enanos!
Promesas, amor eterno, bajada de impuestos, mejora de la situación turística, plan general,, unión de los pueblos, asistencia social, etc, etc, etc. Y todo ello en solo dos años: la directora del circo repetía y repite, cacareaba y cacarea: ¡VECINOS Y VECINAS!, un pobre guión para una obra tan extensa… El otro, el valedor de la prebenda, la siguió hasta la puerta y allí la abandono.
Ahí se acabo la historia de esa peculiar pareja; el resto como en toda representación teatral y a la conoce el lector por mis anteriores alusiones.
Pienso que ya se rompió tan extrovertido amor. Ahora toca soportar sus delirios por separado, aunque sin convenio regulador.
No obstante nos queda la esperanza de que nuestro pueblo les pueda castigar aunque con ello se cometa un pecado venial con las siglas que tan míseramente estos dos elementos representan. Y si no, nos quedará aquello de: “Amargo es sufrir, pero siquiera padecer es vivir.”
A mi personalmente me queda con mal menor, la enorme satisfacción de poder expresarlo libremente y sin pudor.
JJ SAM
SOLEDADES (II)
He andado muchos caminos,
he navegado en cien mares, y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto caravanas de tristeza, sobervios y melancólicos borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño que miran, callan, y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.
Mala gente que camina y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto gente que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio, preguntan adónde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca.
Son buena gente que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra.
Antonio Machado








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