De progresos y regresiones
El progreso es una de las ideas fuerza que conforman la cultura occidental
El progreso es una de las ideas fuerza que conforman la cultura occidental. Entendido en la doble vertiente de posibilidad de perfeccionamiento humano y de prosperidad en el desarrollo de las sociedades, es un concepto de honda raigambre. Ya en el mundo clásico, frente a la concepción de la historia como proceso degenerativo a partir de una primigenia edad dorada, la capacidad de mejora personal y social surge como sentido biográfico e histórico.
Posteriormente, durante la hegemonía de la cristiandad se entenderá como proceso de ascenso hacia la salvación en los términos de la Providencia Divina. Pero fue en la Modernidad, cuando la concepciones históricas comienzan a liberarse del finalismo teológico, cuando el progreso se empieza a considerar como una progresión “terrenal” hacia el mejoramiento constante y la perfección, según “leyes de la historia” inmanentes.
Es por ello que Hannah Arendt expresa que “la noción de que existe algo semejante a un Progreso de la humanidad como conjunto y que el mismo forma la ley que rige todos los procesos de la especie humana fue desconocida con anterioridad al siglo XVIII”. En esos tiempos de la Revolución Francesa, el conocido como Conde de Condorcet elaboraba uno de los más optimistas alegatos a favor un futuro luminoso, motivándolo en supuestas capacidades inherentes a la naturaleza humana, y sobre ellas, la Razón.
Como es bien sabido, la razón “iluminada”, supuestamente libre de oscurantismos y supersticiones, resultó ser un instrumento poco preciso y contradictorio para alcanzar esos anhelados fines de excelencia y armonía universal. Pese a sus innegables brillos, tal como nos recuerda Wittgenstein, en la inteligencia humana “la contingencia es inexorable”. No hay conciencias absolutas, ni certezas definitivas. Por ello, son tan peligrosas las llamadas a la implantación de la verdadera fe, la genuina civilización o la auténtica comunidad.
No obstante, la evidencia del ambiguo, sinuoso e intermitente proceso histórico de la humanidad en su búsqueda de acomodamiento apropiado y paz duradera, no valida ni las pretensiones nihilistas en cuanto a que “nada existe”, más allá de las pulsiones egoístas y depredadoras, ni las inercias conformistas ante las manipulaciones interesadas, las injusticias fragrantes y los riesgos gratuitos. Es más que probable que el progreso no sea una tendencia natural, prevalente sobre las prácticas sociales hegemónicas, necesariamente realizable más allá de los compromisos e inhibiciones que se asuman. No es seguro que los anhelos de mejoramiento hacia la excelencia personal y la armonía social se cumplan definitivamente. Tal vez, sean un horizonte inalcanzable de sentido y, probablemente, está bien que así sea. Eso no es óbice para continuar perseverando en la dirección de la “buena vida” particular y de la equidad social. La necesaria prudencia a la hora de buscar oportunidades de mejoramiento, no justifica el conservadurismo ante las dinámicas de regresión e injusticia.
La profundización en lo democrático, la extensión del cuidado humanitario y la colaboración entre semejantes, siguen siendo sendas apropiadas para la autonomía personal y la solidaridad general de nuestra especie. La perpetuación de la tiranía, la exclusión inhumana y la competencia desconsiderada, continúan siendo los indeseables obstáculos para el incierto y relativo, pero, también, apreciado progreso humanitario.
Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.
http://bienvenidosapantopia.blogspot.com/
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